Javier Pool TKD

Javier Pool TKD

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¡Hola! Soy Javier Pool, Licenciado en Educación Física, maestro de TKD y amante de los memes ❤️

28/09/2026

Hay entrenadores que conocen como alcanzar la cima de la montaña y que tienen alumnos con condiciones para alcanzarla, lo malo es que un alto porcentaje de estos chicos cuentan con papás necios y soberbios los cuales no han subido ni un cerro.

22/09/2026

No todos tenemos que avanzar de la misma manera

Actualmente se estigmatiza mucho cómo debe comportarse un entrenador o atleta:
"Trabaja en silencio."
"No presumas tus resultados."
"Un verdadero profesional no necesita demostrar nada."

Y aunque estas frases pueden tener sentido, el problema aparece cuando las convertimos en reglas universales.

No todos partimos del mismo lugar, ni estamos intentando resolver el mismo problema.

Para algunos, trabajar en silencio es una estrategia inteligente. Para otros, significa permanecer invisibles.

Hay entrenadores que necesitan mostrar su trabajo para atraer alumnos, conseguir oportunidades y sostener a sus familias. No por falta de humildad, sino porque sus circunstancias lo exigen.

La historia nos muestra ejemplos como Muhammad Ali, quien utilizó su voz y exposición pública como parte de su identidad, mientras otros atletas eligieron caminos más reservados.

No existe una sola fórmula para construir grandeza.

A mí no me gusta etiquetar cómo debe comportarse un entrenador o atleta, siempre dentro de la ética y el respeto.

👉🏽Porque conozco de primera mano que a veces está mal romper la puerta para pasar, pero muchas veces está bien romperla cuando llevas años esperando que alguien te permita entrar.

Antes de juzgar cómo alguien intenta avanzar, deberíamos preguntarnos:

¿Qué circunstancias está enfrentando esa persona que yo no conozco?

No todos tenemos las mismas cartas. Por eso tampoco todos podemos jugar de la misma manera.

-Javier Pool

21/09/2026

Este podría ser el chat de WhatsApp de las clases de Taekwondo de tu hijo, pero te da miedo el éxito.

Exigencia, ciencia deportiva, empatía, sarcasmo y memes, todo en un mismo lugar Entrenamiento Deportivo Integral • Indomables EDI 👈🏽
📍Veracruz, México.

11/09/2026

TODOS ESTAMOS EN EL MISMO MAR, PERO NO TODOS ESTAMOS EN EL MISMO BARCO.

En el Taekwondo y en el deporte hablamos mucho de “échale ganas”, como si todos tuviéramos las mismas condiciones para hacerlo.

Pero no.

Algunos entrenan en un yate: tienen tiempo, dinero, alimentación adecuada, equipo, transporte, atención médica y padres que pueden acompañarlos.

Otros van en canoa.

Otros apenas tienen un tronco para mantenerse a flote.

Y algunos están nadando mientras intentan competir, estudiar, trabajar y resolver los problemas de su casa.

Todos estamos en el mismo mar, sí.

Pero no todos enfrentamos las mismas olas desde el mismo lugar.

Por eso, decirle a alguien “échale ganas” puede ser cierto… pero también puede ser profundamente simplista.

El esfuerzo importa.
La disciplina importa.
La actitud importa.

Pero también importan las condiciones, las oportunidades y los privilegios que cada persona tiene detrás.

No se trata de quitarle mérito al que llegó en yate.

Se trata de reconocer que quizá el que llegó nadando tuvo que hacer un esfuerzo que jamás vimos.

En el deporte, antes de comparar resultados, deberíamos aprender a mirar también desde dónde empezó cada atleta.

-Javier Pool

09/09/2026

“¿Y SI LES PASA ALGO?”

Ayer subí un post hablando de algo bastante sencillo:

Si no tienes los recursos para acompañar a tu hijo a un torneo fuera de la ciudad, puede ir con su entrenador de confianza, siempre que existan las condiciones adecuadas de seguridad, responsabilidad y organización.

Y aparecieron, como era de esperarse, los especialistas en sacar el “¿Y SI LES PASA ALGO?” como as bajo la manga.

A ver…

¿Y si les pasa algo?

Pues sí. Puede pasar.

El problema es cuando utilizamos la posibilidad de que ocurra una desgracia como argumento para justificar que nuestros hijos no hagan prácticamente nada.

Porque bajo esa lógica, nuestros hijos deberían vivir en una burbuja acolchada hasta los 35 años.

No deberían ir a la escuela porque pasan 6 o 7 horas lejos de nosotros, bajo el cuidado de otros adultos, conviviendo con niños que tienen diferentes valores, educación y comportamientos.

Tampoco deberían:

🍽️ Comer, porque se pueden atragantar.

🚿 Bañarse, porque se pueden resbalar y golpearse.

🚗 Subirse a un automóvil, porque puede ocurrir un accidente.

🚶‍♂️ Cruzar la calle, porque los pueden atropellar.

🏊‍♂️ Nadar, porque existe riesgo de ahogamiento.

🚲 Andar en bicicleta, porque se pueden caer.

⚽ Jugar fútbol, porque pueden lesionarse.

🥋 Entrenar Taekwondo, porque pueden recibir un golpe.

🎡 Ir a un parque, porque pueden caerse de un juego.

✈️ Viajar, porque existe la posibilidad de un accidente.

🏕️ Ir de campamento, porque están fuera de casa.

👫 Tener amigos, porque algún día alguien puede decepcionarlos, lastimarlos o influir negativamente en ellos.

Y podríamos seguir hasta el infinito.

Porque sí: los riesgos existen.

Pero una cosa es ser un padre responsable y otra muy diferente es convertir el miedo en una filosofía de crianza.

En Taekwondo también debemos enseñar esto.

No se trata de mandar a nuestros hijos con cualquiera.

Se trata de conocer al entrenador, confiar en su capacidad, establecer protocolos, saber dónde estarán, con quién estarán, tener comunicación y tomar todas las medidas razonables para reducir los riesgos.

Reducir el riesgo no significa eliminarlo.

Porque eliminar todos los riesgos es imposible.

Y quizá esta sea una de las cosas más difíciles de aceptar como padres:

no podemos controlar absolutamente todo lo que les sucederá a nuestros hijos.

Podemos acompañarlos, protegerlos, educarlos, poner límites, enseñarles a cuidarse y tomar buenas decisiones.

Pero no podemos vivir su vida por ellos.

Está perfecto querer cuidar a nuestros hijos en la medida de lo posible.

De hecho, es nuestra responsabilidad.

Pero también debemos entender que los riesgos están en todos lados.

La solución no es impedirles vivir para que nunca les pase nada.

La solución es prepararlos para vivir sabiendo que pueden pasar cosas.

Porque nuestros hijos no necesitan una vida sin riesgos.

Necesitan padres que sepan distinguir entre un riesgo razonable y una irresponsabilidad.

Y sobre todo…

necesitan aprender a vivir, no solamente a evitar vivir.

Porque si el “¿y si les pasa algo?” fuera suficiente para detener cualquier decisión…

nadie debería salir de casa.

-Javier Pool

09/09/2026

Lo he mencionado muchísimas veces.
Cuando dicen “soy el mejor” “somos los mejores”
¿En comparativa a qué? ¿Bajo qué privilegios?
…

Si tenemos conciencia de esta situación, nuestros presidentes, directivos, institutos, maestros, etc. podrían desarrollar mejores programas y estrategias para el deporte.

07/09/2026

Wey, si por equis o por ye no tienes mucho varo, no es de a huevo que vayas a todos los torneos foráneos de tu hijo o hija para acompañarlo o verlo competir.

¿Suena crudo? Sí.
¿Nadie debería pasar por esa situación? Efectivamente.
¿Es injusto? También.

Pero hay una diferencia enorme entre aceptar que algo es injusto y negar la realidad hasta que la cartera explote.

Porque seamos honestos: a veces queremos ir a acompañarlos no porque sea indispensable para su competencia, sino porque nosotros queremos estar ahí. Queremos verlos, tomar fotos, sufrir cada combate, subir la historia, abrazarlos cuando ganen y consolarlos cuando pierdan.

Y se entiende. Somos sus papás.

Pero aquí viene la parte incómoda:

El actor principal es él o ella, no tú.

Si el dinero alcanza para que viajen los dos, perfecto. Ve, acompáñalo, disfrútalo y vive esa experiencia.

Pero si el dinero está limitado y tienes que elegir entre:

Pagar tu acompañamiento para ir a verlo competir o usar ese dinero para que tu hijo pueda ir a otro torneo, tener más fogueo, ganar experiencia, conocer nuevos competidores y seguir creciendo…

Tal vez la decisión correcta no sea la que más te guste.

Porque sí, probablemente te duela no estar ahí.
Probablemente te sientas culpable.
Probablemente veas las fotos de otros papás en las gradas y pienses: “Yo también debería estar ahí.”

Pero estar presente en la vida de tu hijo no siempre significa estar físicamente en cada evento.

A veces estar presente significa hacer el sacrificio que nadie ve.

Quedarte en casa para que él pueda volver a viajar.
No gastar en tu hospedaje para pagar otra inscripción.
No comprar tu boleto para que alcance para otro torneo.

Porque, aunque suene feo, tu hijo no necesita que te conviertas en turista deportivo si eso le está quitando oportunidades para competir.

Y ojo: esto no significa que los papás no sean importantes. Claro que lo son. El apoyo emocional, la presencia y la familia son fundamentales.

Pero también hay que aprender a distinguir entre lo que necesita el hijo y lo que necesita el papá o la mamá.

Porque a veces el niño necesita competir.

Y el adulto necesita estar ahí para sentirse tranquilo.

No es lo mismo.

Ser padre o madre de un deportista también implica tomar decisiones incómodas. Y quizás una de las más difíciles es aceptar que, en ocasiones, el mejor apoyo no se ve desde las gradas.

A veces el verdadero sacrificio es dejar que tu hijo sea el protagonista.

Porque al final, el sueño es suyo, el combate es suyo y el camino también será suyo.

Y si tu ausencia en un torneo significa que él puede tener la oportunidad de asistir a dos más…

Quizás no fuiste a verlo competir.

Pero hiciste posible que siguiera compitiendo.

Y eso también es acompañar.

-Javier Pool

29/08/2026

Mi maestro cuando llegan papás a pedir informes:

18/08/2026

Lo que no puedo controlar…

Si hay algo que hubiera deseado que alguien me dijera antes, es que hay muchas cosas en la vida que simplemente no están bajo nuestro control.

Y creo que durante mucho tiempo la vida me engañó.

Me dio las mieles de creer que, si trabajaba lo suficiente, si era disciplinado, si aguantaba, si insistía y si realmente quería algo, entonces podía conseguirlo.

¿Y cómo no iba a creerlo?

Durante años me lo confirmó:

Gané medallas en Olimpiada y nacionales.
Entré a la Facultad de Educación Física.
Entrené, estudié y trabajé al mismo tiempo.
Me recibí de la licenciatura.
Llegué a una Selección Nacional.
Viajar por el mundo.
Trabajé en lugares donde quería estar.
Puse mi propia escuela.
Me convertí en entrenador.

Cada logro reforzaba la misma idea: “si quieres algo de verdad, puedes conseguirlo”.

Hasta que decidí tener medallistas nacionales.

Y ahí la vida decidió ponerme en mi lugar.

Porque por primera vez entendí que mi sueño no dependía únicamente de mí.

Puedo diseñar entrenamientos.
Puedo estudiar.
Puedo corregir.
Puedo exigir.
Puedo acompañar.
Puedo sacrificar horas, dinero, fines de semana y hasta parte de mi vida personal.

Pero hay dos cosas fundamentales que no puedo controlar:

El apoyo que cada padre o madre esté dispuesto a darle a su hijo.

Y, todavía más importante:

El tamaño del sueño que cada deportista tenga para sí mismo.

Yo puedo soñar con tener medallistas nacionales. Puedo imaginar a mis alumnos arriba de un podio, escuchar un himno, ver una medalla en su pecho y pensar que todo el trabajo valió la pena.

Pero ese sueño es mío.

No puedo obligar a un deportista a querer lo mismo que yo quiero para él.

No puedo querer por él.
No puedo entrenar por él.
No puedo sacrificarme por él.
No puedo convencer a sus padres de apoyar un proceso que quizá ellos no consideran prioritario.

Y descubrirlo ha dolido más que cualquier lesión, cualquier derrota y cualquier combate perdido.

Porque es mucho más fácil pelear contra un rival que aceptar que hay batallas en las que puedes hacer absolutamente todo bien… y aun así no depende de ti ganar.

Quizá esta sea una de las lecciones más duras que me ha dado el deporte:

Mi responsabilidad es construir el camino. No puedo obligar a nadie a recorrerlo.

Puedo enseñarles a soñar.
Puedo darles herramientas.
Puedo exigirles.
Puedo acompañarlos.
Puedo poner todo lo que tengo sobre la mesa.

Pero al final, ellos tendrán que decidir cuánto quieren apostar por ese sueño y sus familias cuánto están dispuestas a acompañarlos.

Y eso me ha obligado a cambiar una idea que durante mucho tiempo tuve muy arraigada:

No necesito controlar el resultado para saber que estoy haciendo bien mi trabajo.

Porque quizá mi mayor logro como entrenador no sea fabricar medallistas.

Quizá sea ayudar a que aquellos que realmente quieren llegar lejos tengan las herramientas, la disciplina y el carácter para intentarlo.

Y si algún día llega esa medalla nacional, será maravilloso.

Pero ahora entiendo algo que antes no quería aceptar:

Yo puedo poner el 100% de mi esfuerzo.
Pero el resultado siempre tendrá una parte que no me pertenece.

Y aprender a vivir con eso…

ha sido uno de los combates más difíciles de mi vida.

-Javier Pool

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