Casa de Fe
Iglesia hispana en Conroe, TX. Un hogar para experimentar la gloria de Dios y la transformación.
08/18/2026
En 1980, en un hospital de Greensboro, Carolina del Norte, dos
investigadores se hicieron una pregunta que sonaba imposible de
contestar:
¿un recién nacido reconoce a su mamá?
El problema no era la pregunta. Era cómo hacérsela. Un bebé de
dos días no habla, casi no ve y no puede levantar la mano.
Así que inventaron algo.
Grabaron a cada mamá leyendo en voz alta un cuento infantil
durante veinticinco minutos. Y grabaron también a otra mujer
leyendo exactamente lo mismo.
Después acostaron al bebé, le pusieron unos audífonos y le
dieron un chupón. Pero ese chupón estaba conectado a una
máquina: si el bebé succionaba de una manera, sonaba la voz de
su mamá; si succionaba de otra, sonaba la voz de la
desconocida.
Nadie le enseñó nada. Ni siquiera la asistente que sostenía el
chupón sabía cuál voz estaba sonando, para que no influyera sin
querer.
Diez bebés. Todos con menos de tres días de nacidos.
Ocho de los diez cambiaron su manera de succionar para escuchar
a su mamá.
Y como los investigadores son gente desconfiada, al día
siguiente probaron otra vez con cuatro de ellos — pero
invirtieron las reglas. Ahora, para escuchar a mamá, había que
succionar al revés de como había funcionado el día anterior.
Los cuatro se cambiaron.
Los resultados se publicaron en la revista Science en junio de
1980, con un título precioso: «Del vínculo humano: los recién
nacidos prefieren la voz de sus madres».
Pero falta el detalle que a mí me dejó sentado, y está
escondido en el mismo artículo.
Esos bebés no estaban en el cuarto con su mamá. Estaban en una
sala cuna colectiva, cuidados por el personal del hospital, y
la veían solo a las horas de comer. Los autores lo calcularon y
lo escribieron: esos bebés habían tenido, cuando mucho, doce
horas de contacto con su madre desde que nacieron.
Doce horas. Y ya la reconocían.
¿De dónde sacó ese bebé el reconocimiento, si apenas la había
visto?
De antes.
De los meses en que esa voz fue el ruido de fondo de su mundo,
mientras ella cocinaba, discutía, cantaba, rezaba y se reía por
teléfono. Él no entendía una sola palabra… pero estaba metido
adentro de esa voz.
Años después, uno de esos investigadores lo confirmó con otro
estudio: unas mujeres embarazadas leyeron en voz alta un mismo
cuento, dos veces al día, durante las últimas semanas del
embarazo. Cuando nacieron esos bebés, succionaban para escuchar
ese cuento. No otro. Ese.
Ese bebé reconoció la voz antes de haber visto la cara. Y no
porque alguien le enseñara a distinguirla. No tomó un curso. No
aplicó un método.
La reconoció porque vivió adentro de ella.
Este miércoles, en el Aposento Alto, empezamos «Andar en el
Espíritu». Durante semanas descubrimos quién es el Espíritu
Santo; ahora empezamos a aprender cómo se vive con Él. Y
arrancamos por la pregunta que aprieta el pecho: ¿cómo sé si
fue Él… o fui yo?
Le vamos a dar respuesta con la Biblia en la mano, y te vas a
llevar una herramienta concreta para esta semana.
Venga. Y traiga a alguien que lleve meses paralizado frente a
una decisión.
🗓 Miércoles 19 de agosto · 7:00 PM (Aposento Alto)
📍 Casa de Fe — 4308 West Davis Street, Conroe, TX 77304
📖 Juan 10:27 · Juan 16:13 · 1 Juan 4:1 (NVI)
🎙 Predica el Pastor Frank Acosta
Comparta esta publicación con alguien que vive con miedo de
equivocarse en el nombre de Dios. Y si no puede acompañarnos en
persona, transmitimos en vivo por YouTube.
08/17/2026
Este es probablemente el versículo más citado y más malentendido de la Biblia. Aparece en camisetas y en discursos de triunfo, como si fuera una promesa de que todo nos va a salir bien.
Pero mira dónde lo escribe Pablo: en una cárcel. Y mira lo que dice justo antes: "He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación… a vivir en la abundancia y a pasar necesidad." Entonces el "todo lo puedo" no es "todo lo consigo"; es "todo lo resisto, todo lo atravieso, en la fuerza de Cristo".
Eso lo hace mucho más útil para tu lunes. Porque quizá esta semana no vas a conseguir todo lo que quieres. Pero sí vas a poder sostenerte, servir con alegría y mantener la paz, no porque seas fuerte, sino porque Cristo te fortalece.
Empieza la semana apoyado en Él y no en tu ánimo, que cambia con el clima.
Él te fortalece hoy. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe
08/15/2026
Este salmo era un cántico que la gente entonaba subiendo a Jerusalén, caminando en grupo. Se cantaba entre familias, con niños cansados y ancianos apoyados en un bastón. Por eso celebra algo tan sencillo y tan escaso: lo bueno que es estar juntos y en paz.
La unidad no aparece sola. Cuesta. Requiere perdonar cosas pequeñas antes de que crezcan, callar el comentario que uno se muere por decir, buscar primero al que se alejó. Es trabajo. Pero el salmista dice que el resultado es "bueno y agradable", y le pone imagen de aceite derramado y de rocío: abundancia y frescura.
Muchos de nosotros vivimos lejos de nuestra familia de origen, con la mitad del corazón en otro país. Por eso la comunidad de fe importa tanto: aquí Dios nos da hermanos donde no había parientes.
Hoy es sábado. Levanta el teléfono, invita a alguien a la mesa, restaura una conversación pendiente. En Cristo, la casa se hace más grande.
Nos hace falta vernos. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe
08/14/2026
En 1735, un sacerdote inglés se embarcó a América convencido de que iba a convertir a medio mundo.
Dos años después salió de allí prácticamente huyendo, con el ministerio hecho pedazos y la reputación arruinada.
Se llamaba John Wesley. Y si esta iglesia es metodista, es por él — pero la historia no empieza donde usted cree.
Wesley era hijo de pastor y estudiante de Oxford. Allá, con su hermano Charles, armó un grupo para vivir bien en serio: horarios de oración, ayunos, examen de conciencia, visitas a los presos y a los enfermos. Los demás estudiantes se burlaban de ellos por lo metódicos que eran, y les pusieron un apodo de burla: "los metodistas". Así nació el nombre que hoy llevamos.
Trece años hizo ese hombre lo correcto. Trece años de método, de disciplina, de esfuerzo enfocado.
Y en el barco de regreso a Inglaterra, el más disciplinado de todos escribió en su diario una frase que parte el alma: «Fui a América a convertir a los indios; pero, ay, ¿quién me
convertirá a mí?»
Estaba más seco que cuando empezó. De vuelta en Londres conoció a un cristiano moravo, Peter Böhler, y le confesó que no tenía la fe que predicaba. Hasta pensó en dejar de predicar. Böhler le contestó una de las frases más sabias que se han dicho: "predica la fe hasta que la tengas; y cuando la tengas, la predicarás porque la
tienes."
El 24 de mayo de 1738, Wesley anotó en su diario que fue "de muy mala gana" a una reunión pequeña en la calle Aldersgate. Alguien leía en voz alta un prólogo de Lutero. Y a las nueve menos cuarto de la noche escribió cuatro palabras que cambiaron la historia: «Sentí mi corazón extrañamente calentado.»
Trece años de esfuerzo no se lo pudieron dar. Lo recibió una noche cualquiera, de mala gana, sentado en una reunión pequeña... como se recibe un regalo.
Este domingo cerramos nuestra serie «La Media Vuelta» con el mensaje que faltaba, y es para una persona muy específica: la que ya dio la media vuelta cinco veces y cinco veces se volvió a desviar. La que dejó de pasar al altar por pena. La que se cansó de hacerse promesas.
Vamos a Oseas 14 a ver de dónde sale la fuerza que usted no ha podido fabricar.
Y si lo que está peleando es más grande que su fuerza de voluntad, óigalo desde ya: pedir ayuda no es falta de fe. Es exactamente lo que hace alguien que de verdad quiere volver.
🗓 Domingo 16 de agosto · 11:00 AM (Adoración)
📍 Casa de Fe — 4308 West Davis Street, Conroe, TX 77304
📖 Oseas 14:1-9 · Salmo 51 · Lucas 22:32 (NVI)
🎙 Predica el Pastor Frank Acosta
Comparta esta publicación con alguien que dejó de venir y no se atreve a volver. Y si no puede acompañarnos en persona, transmitimos en vivo por YouTube.
08/13/2026
Fíjate en la imagen que usa el salmista. En su tiempo, la lámpara era pequeña, se ataba al pie y alumbraba apenas un metro adelante. No iluminaba el destino completo: iluminaba dónde poner el próximo pie.
Así trabaja la Palabra de Dios en nuestra vida. Muchas veces le pedimos a Dios que nos muestre los próximos cinco años, y Él nos muestra el próximo paso. No es que nos esconda el camino; es que quiere que caminemos con Él, no con un mapa en la mano y sin necesidad de Él.
Por eso leer la Biblia no es un requisito religioso. Es tomar la lámpara antes de salir. El que camina sin ella tropieza con cosas que pudo haber visto.
Si hace tiempo no la abres, empieza sencillo: un salmo al día, cinco minutos. No necesitas entenderlo todo hoy. Solo necesitas luz suficiente para el siguiente paso, y Cristo, que es la Luz, va contigo.
Su Palabra alumbra tu camino. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe
08/12/2026
Este versículo se cita mucho como si fuera una invitación a relajarse. Pero mira el contexto: el salmo habla de tierra que tiembla, montes que se hunden y naciones en guerra. Es justo ahí, en medio del caos, donde Dios dice: "Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios."
Quedarse quieto no es indiferencia. Es dejar de pelear la batalla que no te toca. Es soltar el control que nunca tuviste y reconocer quién sostiene realmente el mundo, tu familia y tu futuro.
Vivimos con el teléfono en la mano y la mente en veinte lugares. Quizá lo más espiritual que puedas hacer hoy sea apagar el ruido cinco minutos y recordar, sin pedir nada, simplemente que Él es Dios y tú no.
Esta noche nos reunimos en el Aposento Alto para buscarlo juntos. Ve preparando el corazón desde hoy: el silencio de la mañana es la mejor antesala del encuentro de la noche.
Su presencia es tu refugio. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe
08/11/2026
Colombia, estamos orando por ti.
A cada familia que hoy está buscando, esperando o llorando: no están solos.
"Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las
tribulaciones." (Salmo 46:1)
Pronto auxilio. Dios no llega tarde al dolor de nadie.
¿Tienes familia allá? Escríbenos su nombre. Estamos orando por ellos.
Casa de Fe · Conroe, Texas
08/11/2026
En enero de 1988, un niño de doce años volvió del colegio con dolor de garganta.
Nunca regresó a clases. Primero perdió la voz. Después dejó de comer. En dieciocho meses estaba mudo y en una silla de ruedas, y ningún médico lograba explicar por qué.
Un día les dijeron a sus padres la frase que ningún padre debería escuchar: su hijo tiene la mente de un bebé de tres meses, no le quedan dos años de vida, llévenselo a casa.
Se llama Martin Pistorius. Y no se murió. Su papá —un ingeniero grandote, de barba enorme— hizo lo mismo cada día durante más de una década. Se levantaba a las cinco
de la mañana, lo bañaba, lo vestía y lo llevaba al centro de cuidados. Y ponía la alarma cada dos horas toda la noche para levantarse a voltearlo, para que no se le lastimara el cuerpo. Ahora viene la parte que cambia todo. Alrededor de los dieciséis años, Martin despertó. No el cuerpo: el cuerpo siguió quieto. Despertó la conciencia. A los diecinueve veía todo, oía todo y entendía cada palabra que se decía delante de él.
Y no tenía una sola manera de avisarlo. Él lo cuenta así: mientras su papá lo desvestía, gritaba por dentro con todas sus fuerzas, deseando que el brazo le funcionara: «¡Papá! ¡Estoy aquí! ¿No puedes verme?» Y su papá no lo notaba. Nadie lo notaba. No era crueldad. Su familia lo amaba —ese papá es la prueba—. Es que todos habían recibido el mismo informe: aquí no hay nadie. Catorce años así. Hasta que en 2001 llegó al centro una mujer llamada Virna. Era aromaterapeuta. Su trabajo era darle masajes en los brazos con aceite de mandarina. Nada más. Y Virna hizo algo que en catorce años no había hecho nadie: le habló como si él entendiera. Esperando respuesta. Un día, mientras le hablaba, vio algo. Un brillo en los ojos. Un movimiento mínimo, de esos que nadie mira cuando ya decidió que no hay nadie. Ella lo contó después: «tenía una chispa en los ojos, yo podía ver que me estaba entendiendo».
Insistió. Convenció a los padres. Lo llevaron a la Universidad de Pretoria a que le hicieran pruebas. Y ahí, por primera vez en catorce años, Martin le demostró al mundo que sí había alguien adentro.
Hoy habla con un sintetizador de voz, es desarrollador web, está casado y es papá.
De todos esos años dejó escrita una frase: «Podía escuchar y ver todo, pero era como si yo no estuviera ahí. Era invisible.»
Este miércoles, en el Aposento Alto, seguimos nuestra serie «El Fuego Tiene Nombre», y esta historia nos va a hacer una pregunta incomodísima sobre Alguien que vive en su casa y lo escucha todo. Venga. Y venga dispuesto a quedarse callado un rato: el llamado de esta noche no es levantar la mano ni pasar al frente. Es algo que casi nunca hacemos aquí.
🗓 Miércoles 12 de agosto · 7:00 PM (Aposento Alto)
📍 Casa de Fe — 4308 West Davis Street, Conroe, TX 77304
📖 2 Corintios 13:14 · Efesios 4:29-32 · 1 Tesalonicenses 5:19 (NVI)
🎙 Predica el Pastor Frank Acosta
Comparta esta publicación con alguien que lleva años diciendo que Dios no le habla. Y si no puede acompañarnos en persona, transmitimos en vivo por YouTube.
08/10/2026
Isaías escribe estas palabras a un pueblo agotado, lejos de casa, sin ver una salida. Y les habla de águilas. Suena casi cruel… hasta que uno lee bien lo que dice: los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas. No dice que no se cansarán nunca; dice que hay una fuente que se vuelve a llenar.
Hay dos maneras de empezar un lunes. Una es apretando los dientes y sacando fuerzas de donde ya no hay. La otra es reconociendo, antes de salir de casa, que dependes de Dios y no de tu propia resistencia.
El cansancio no es falta de fe. Elías se cansó. Moisés se cansó. Hasta Jesús se sentó junto a un pozo porque venía cansado del camino. Lo que la fe cambia no es que te canses, sino a dónde vas cuando te cansas.
Hoy, antes de correr, detente un minuto y ponte en sus manos. Él sostiene lo que tú ya no puedes cargar.
Nuevas fuerzas para hoy. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe
08/08/2026
Este salmo no está en contra del trabajo. Está en contra del afán. Hay una manera de trabajar que edifica y otra que consume, y la diferencia está en quién crees que sostiene el resultado.
Muchos en nuestra comunidad se levantan antes del sol y regresan cuando ya está oscuro. Trabajo honesto, sacrificio real, hecho por amor a los suyos. Dios ve ese esfuerzo y lo honra. Pero el salmista nos recuerda algo que el cansancio nos hace olvidar: al final del día, la casa la sostiene el Señor.
Eso no es excusa para hacer menos; es permiso para descansar. Si todo dependiera de tus fuerzas, nunca podrías detenerte. Como no depende solo de ti, hoy puedes parar sin culpa.
Es sábado. Cierra la puerta del trabajo por unas horas. Siéntate con los tuyos. Come despacio. Dale gracias a Dios. Lo que Él edifica, permanece incluso cuando tú duermes.
Descansa hoy. Casa de Fe · Conroe, TX 🤍 Facebook: facebook.com/CasaDeFeConroe · Instagram: instagram.com/casadefeconroe
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