CBMC Puerto Rico

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Somos una organización sin fines de lucro dedicada a llevar mensajes de esperanza, ética y valores bíblicos a los entornos laborales con el fin de crear ambientes de respeto y bienestar.

18/08/2026

MANÁ del Lunes
*DIOS LLAMA A TODOS A UN «SERVICIO DE TIEMPO COMPLETO»*
Robert J. Tamasy.

Cuando estaba en la universidad, me encontraba, como yo lo llamaría, en las primeras etapas de un despertar espiritual. Como tenía interés en conocer más acerca de Dios —y en aquel momento no conocía a nadie que estuviera pensando de esa manera—, incluso me inscribí en un par de cursos de religión. Sin embargo, mi curiosidad se apagó durante un tiempo, pues aquellas clases resultaron ser todo menos inspiradoras.

En lugar de seguir buscando en el terreno espiritual, mi atención se concentró en la escritura, que descubrí era perfecta para mí. Obtuve dos títulos en periodismo y llegué a ser editor de un periódico comunitario. Durante mis diez años escribiendo y editando periódicos, no recuerdo un solo momento en que pensara que Dios me había colocado allí. Ni siquiera, por haberme convertido en seguidor de Jesús.

Todo cambió radicalmente cuando me incorporé al equipo de lo que hoy conocemos como el Comité de Profesionales y Empresarios Cristianos (CBMC). Como editor de la revista y de otras publicaciones del CBMC, conocí a muchos hombres y mujeres que no solo estaban profundamente comprometidos con su fe en Cristo, sino que también compartían una visión de servirlo y representarlo en el mundo laboral.

Pronto comprendí que aquella desconexión que había percibido entre mi fe y mi trabajo no era algo excepcional. Cuando hablaba con personas de las iglesias a las que asistía acerca de ser «embajadores de Cristo» (2 Corintios 5:20), muchas respondían con una mirada de desconcierto. Para ellos, servir al Señor significaba dedicarse a alguna forma de trabajo religioso de tiempo completo, como pastor, sacerdote o misionero. En realidad, esa era una interpretación equivocada.

Martín Lutero, quien desempeñó un papel central en la Reforma a comienzos del siglo XVI, tenía una comprensión bíblica acertada de cómo la fe y el trabajo pueden y deben relacionarse. Escribió: «Toda ocupación tiene su propio honor delante de Dios. El trabajo cotidiano es una vocación o llamado divino. En nuestro trabajo diario, sin importar cuán importante o sencillo sea, servimos a Dios al servir a nuestro prójimo y también participamos en su continua providencia para la humanidad». El trabajo y la fe deben integrarse, no mantenerse separados.

Lutero ayudó a disipar la idea de que existen dos clases diferentes de cristianos: quienes están dedicados al «servicio cristiano profesional de tiempo completo», como ministros y misioneros, y los «laicos», que permanecen en las bancas de las iglesias orando y apoyando el trabajo de los «profesionales». Pensemos en esto: no existe algo como un «cristiano de medio tiempo». O seguimos a Jesús las 24 horas del día, los siete días de la semana, o no lo hacemos. Y como seguidores suyos, estamos llamados a servirle a Él y a los demás en su nombre. Por definición, todos los creyentes están llamados a un servicio cristiano de tiempo completo. Recordemos estos principios:

1. *Todos participamos en la Gran Comisión de Jesús*. Después de su resurrección y antes de ascender al cielo, Jesús dio sus últimas instrucciones a sus seguidores, ninguno de los cuales había asistido a un seminario ni a una escuela religiosa. Les dijo: _«Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones… enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado. Y yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo»_ (ver Mateo 28:19-20). No solo estamos llamados a seguir a Jesús, sino también a enseñar y ayudar a otros a seguirlo.

2. *Todo lo que hacemos puede honrar al Señor*. No necesitamos estar en una iglesia o en un entorno religioso para participar en la obra que Dios realiza en este mundo. _«Y todo lo que hagan, sea de palabra o de hecho, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él… Y todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres»_ (ver Colosenses 3:17, 23).

*Preguntas para reflexión y discusión*
1. Cuando comenzaste tu día de hoy, después de levantarte y prepararte para ir a trabajar, ¿pensaste que ibas a tu trabajo porque Dios te había llamado a servirle allí?

2. ¿Alguna vez has escuchado la expresión «servicio a Dios de tiempo completo»? Si es así, ¿qué ha significado para ti? ¿Las ideas presentadas en este Maná del Lunes han cambiado de alguna manera tu manera de entender cómo debes desempeñar tu trabajo?

3. ¿De qué maneras prácticas podrías comenzar a considerar tu trabajo como «una vocación o llamado divino»?

4. Cuando en el mundo laboral se pone tanto énfasis en las ventas, el crecimiento del negocio, la construcción de una marca y la obtención de ganancias, ¿cómo podemos mantener una perspectiva bíblica adecuada sobre el trabajo?

NOTA: Si tienes una Biblia y deseas leer más, considera los siguientes pasajes: Salmos 37:2-7; Proverbios 16:3; Eclesiastés 9:10; Mateo 25:21; 1 Corintios 3:9, 10:31.

*Desafío para esta semana*
Esta semana puede ser un buen momento para volver a poner delante del Señor tu trabajo, tus responsabilidades y las personas con quienes trabajas, pidiéndole e invitándolo a obrar por medio de ti como su embajador. O quizá nunca has considerado seriamente tu trabajo como una vocación o llamado establecido por Dios. Al menos no hasta ahora. Reflexiona y ora acerca de cómo Dios quiere que avances a partir de esta nueva perspectiva.

Pide a algunos amigos cercanos, personas de confianza, un mentor o un grupo de CBMC en el que participes que oren juntos y se brinden apoyo mutuo en tu deseo de ser «colaborador de Dios», como lo describe la Biblia.

10/08/2026

MANÁ del Lunes
*MÁS QUE UN SIMPLE NÚMERO*
Chris C. Simpson

Entra a casi cualquier empresa y escucharás que las personas son descritas con un lenguaje matemático: número de empleados, equivalentes de tiempo completo, recursos, puestos por cubrir. Hablamos de las personas que necesitamos, del “banquillo” que estamos construyendo y de los espacios en el organigrama. En medio de toda esa contabilidad, la persona puede desaparecer. Se convierte en una partida; en un número que aumenta cuando el negocio marcha bien y que se reduce cuando las cosas no van bien.

Esto sucede poco a poco. No decides dejar de ver a las personas. Te ocupas, las fechas límite se acumulan, y el hombre que repone el café o la mujer que se encarga de la nómina se convierten en parte del mobiliario. Pasas junto a ellos cientos de veces sin decir siquiera su nombre.

La Biblia presenta una perspectiva muy diferente. Al concluir su carta a los Romanos, en un pasaje del capítulo 16 que fácilmente podríamos pasar por alto, el apóstol Pablo hace algo llamativo: comienza a mencionar personas por su nombre. Febe. Priscila y Aquila. Epeneto. María. Y continúa hasta saludar personalmente a unas 30 personas, haciendo además breves referencias sobre ellas. Esta trabajó mucho. Aquella arriesgó su vida por él. Estos dos ya eran seguidores de Cristo antes que él.

Treinta nombres. En una carta que sobreviviría al Imperio romano.

¿Por qué dedicar tanto espacio a una lista de nombres? Una posible respuesta está en una de las ideas centrales de la Biblia: las personas tienen un valor que no depende de su posición, productividad o utilidad. Para Dios, nadie es anónimo. Jesús incluso enseñó que Dios conoce detalles tan personales como el número de cabellos de nuestra cabeza.

Más allá de nuestras creencias religiosas, hay algo poderoso en esa idea: ser conocido importa. Todos queremos sentir que alguien nos ve, nos reconoce y considera que nuestra vida tiene valor.

Pude ver de cerca el poder de esto. En nuestra Convención de África, en Zimbabue, en 2024, un miembro del CBMC de Sudáfrica y yo recorrimos un salón lleno de jóvenes profesionales, llamando a varios por su nombre y compartiendo con ellos palabras de ánimo basadas en la Biblia. Uno tras otro, sus ojos se llenaron de lágrimas. No lloraban porque hubieran recibido una reprimenda. Lloraban porque alguien los había visto y había pronunciado su nombre en voz alta. Hay un verdadero poder en hacerle saber a una persona que es conocida.

La persona que está dos cubículos más allá no está simplemente ocupando un puesto. Es un hombre con un nombre, una historia, una familia, experiencias y aspiraciones. La mujer de recepción no dejó de tener valor el día que comenzó a trabajar para tu empresa. Sigue siendo hija de alguien. Tiene preocupaciones, sueños y necesidades. Sigue siendo una persona que merece ser tratada con dignidad, aun en un mundo que constantemente intenta reducirnos a un perfil, una credencial, un número de empleado o un usuario de redes sociales.

Por eso, aquí tienes un desafío para esta semana: aprende nombres. Úsalos. No como una técnica para generar confianza o conseguir algo de alguien, sino como una manera sencilla de reconocer a la persona que tienes delante.

Saluda por su nombre al personal de limpieza. Agradece al asistente en voz alta y por su nombre delante de los demás. Pregúntale a la persona recién contratada de dónde es y, después, recuerda su respuesta.

No te cuesta nada, pero puede comunicar mucho más de lo que imaginas. Las personas saben distinguir entre ser administradas y ser conocidas. Cuando tratas a la persona con el salario más bajo del edificio como alguien que merece respeto y dignidad, estás demostrando qué clase de persona eres como líder y como compañero de trabajo.

La Biblia plantea una idea todavía más profunda: cada ser humano ha sido creado a imagen de Dios (Génesis 1:27). Si esa afirmación es cierta, entonces la manera en que tratamos a las personas en nuestro lugar de trabajo importa mucho más de lo que reflejan un organigrama, una descripción de puesto o un recibo de nómina.

No necesitas un cargo importante para marcar una diferencia en tu trabajo esta semana. Tal vez solo necesitas aprender un nombre. Y pronunciarlo.

*Preguntas para reflexión y discusión*
1. Escucha cómo tu empresa habla de las personas. Número de empleados, recursos, FTE, puestos. ¿En qué áreas has comenzado a pensar de la misma manera acerca de tus compañeros de trabajo: como números en lugar de nombres?
2. ¿Quién en tu lugar de trabajo se ha convertido para ti en parte del mobiliario? Menciona a la persona junto a la que pasas con mayor frecuencia sin realmente verla.
3. Pablo dedicó el cierre de una carta que sobreviviría a un imperio a una lista de 30 nombres. ¿Qué te dice esto acerca de la importancia que tienen las personas dentro de una organización y, desde la perspectiva bíblica, delante de Dios?
4. Existe una diferencia entre ser administrado y ser conocido. ¿En qué área de tu vida deseas más ser conocido en este momento? ¿Quién en tu vida podría estar esperando que tú hagas lo mismo por esa persona?

NOTA: Si tienes una Biblia y deseas leer más, considera los siguientes pasajes: Éxodo 33:17; Isaías 43:1, 45:3; Salmo 139:1-6; Mateo 25:40; Juan 10:3.

*Desafío para esta semana*
Elige a tres personas en tu trabajo a quienes has estado tratando como parte del mobiliario: aquellas cuyos nombres nunca te has molestado en aprender o cuyos nombres has olvidado. Aprende sus nombres esta semana. Después, úsalos. Saluda por su nombre al personal de limpieza, agradece al asistente en voz alta delante de los demás, hazle una pregunta genuina a la persona recién contratada y recuerda su respuesta. No anuncies lo que estás haciendo ni lo conviertas en un proyecto. Simplemente presta atención a la persona que tienes delante. Reconoce su presencia, escucha su historia y trátala con dignidad. Quizá descubras que algo tan sencillo como recordar un nombre puede cambiar la manera en que alguien experimenta su jornada de trabajo.

03/08/2026

MANÁ del Lunes
CÓMO ENCONTRAR GOZO EN MEDIO DE LA RUTINA LABORAL
Rick Boxx

Un artículo publicado en Harvard Business Review informó que, según diversas investigaciones, para experimentar una vida verdaderamente satisfactoria se necesitan tres elementos: logro, propósito y gozo. Sin embargo, el estudio también concluyó que, aunque los tres son importantes, el más difícil de alcanzar es el gozo. ¿Cómo podemos comprenderlo mejor y experimentarlo con mayor frecuencia?

1. *Considera la vida fuera del trabajo*. La primera conclusión del artículo, titulado «Cómo las personas más ocupadas encuentran gozo», fue esta: la forma en que las personas emplean su tiempo fuera del trabajo es más importante que la cantidad de tiempo que dedican a trabajar.

Las investigaciones demostraron que quienes experimentan mayor gozo durante su tiempo libre también encuentran mayor satisfacción en su trabajo. La Biblia respalda esta realidad. Por ejemplo: _«Un corazón alegre es la mejor medicina; un ánimo triste deprime a todo el cuerpo»_ Proverbios 17:22 (RVC).

2. *Relaciónate regularmente con otras personas*. Una segunda clave, según el artículo, es que las personas experimentan más gozo cuando realizan actividades junto con otros que cuando las hacen solas.

Los investigadores descubrieron que los profesionales disfrutaban mucho más las actividades cuando las compartían con otras personas. Esta observación no sorprende a quienes conocen la Biblia. Eclesiastés enseña: _«Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito. Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y está solo, ese sí que está en problemas»_ Eclesiastés 4:9-10 (NTV).

¿Te identificas con esta enseñanza? ¿Con quién podrías pasar más tiempo después del trabajo, hoy o durante esta semana?

3. *Elige actividades productivas*. La investigación también concluyó que es importante evitar las actividades excesivamente pasivas si queremos experimentar mayores niveles de gozo.

Después de una larga jornada laboral, muchas personas pasan horas viendo televisión, navegando por las redes sociales o jugando videojuegos. Estas actividades consumen tiempo, pero generan relativamente poco gozo.

En una escala de tres puntos, el gozo alcanza un promedio de 2.4 cuando las personas participan en actividades activas, mientras que las actividades pasivas apenas llegan a 1.7.

Hacer ejercicio, practicar un pasatiempo o servir como voluntario son ejemplos de actividades que producen mucho más gozo que simplemente mirar televisión o desplazarse por las redes sociales.

Como afirma la Biblia: _«Pues el reino de Dios no se trata de lo que comemos o bebemos, sino de llevar una vida de bondad, paz y alegría en el Espíritu Santo»_ Romanos 14:17 (NTV).

4. *Las pasiones personales son importantes*. Un cuarto factor importante para maximizar el gozo es seguir aquellas actividades que verdaderamente nos apasionan. La investigación descubrió que las actividades alineadas con aquello que personalmente encontramos gratificante aumentan significativamente nuestra satisfacción con la vida. Cuando dedicamos tiempo a un pasatiempo o una pasión que hace vibrar nuestro corazón, el gozo crece.

Encontramos un poderoso ejemplo de ello en el rey David, quien escribió: _«Entraré al altar de Dios, al Dios de mi alegría y de mi gozo; y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío»_ Salmo 43:4 (RVR1960).

El corazón de David se llenaba de gozo al adorar a Dios mediante la música. ¿Qué hace vibrar tu corazón?

5. *Diversifica lo que haces*. Finalmente, otro factor para aumentar el gozo es diversificar nuestras actividades. Es importante descubrir aquello que nos apasiona, pero la investigación también advierte del riesgo de concentrar toda nuestra energía en un solo interés. Cuando invertimos exclusivamente en una sola pasión, con el tiempo el entusiasmo puede disminuir. Diversificar nuestras actividades suele producir mayores beneficios.

La Biblia presenta un principio que respalda esta idea: _«Coloca tus inversiones en varios lugares, porque no sabes qué riesgos podría haber más adelante»_ Eclesiastés 11:2 (NTV).

Aunque este principio suele aplicarse a las inversiones financieras, también resulta útil para comprender el valor de diversificar las actividades que realizamos.

*Preguntas para reflexión y discusión*
1. ¿Encuentras gozo en tu trabajo? ¿O consideras que tu empleo es un «mal necesario» que toleras para mantener el estilo de vida que deseas y poder dedicarte a las actividades que realmente disfrutas? Explica tu respuesta.

2. Con frecuencia utilizamos las palabras «felicidad» y «gozo» como si fueran sinónimos. ¿Crees que existe una diferencia entre ambas? Si es así, ¿cuál consideras que es?

3. En el artículo se compara la diferencia entre las «actividades pasivas» y las «actividades activas». ¿Es necesariamente malo participar en actividades pasivas de vez en cuando? ¿Cómo podemos encontrar un equilibrio saludable entre ambos tipos de actividades?

4. ¿Cómo influyen —o deberían influir— tus convicciones espirituales en el gozo que experimentas, ya sea en el trabajo, con tu familia y amigos, o en tus actividades personales? Según 2 Corintios 5:20, ¿encuentras gozo al saber que entras al mundo laboral como embajador de Jesucristo?

*NOTA*:
Si tienes una Biblia y deseas profundizar en este tema, considera los siguientes pasajes: Salmos 5:11-12, 95:1-7, 100:1-3; Juan 15:9-11; 1 Tesalonicenses 5:16-18; Santiago 1:2-4.

*Desafío para esta semana*
Aparta un tiempo esta semana para reflexionar sobre los tres aspectos mencionados en este Maná del Lunes que contribuyen a una vida plena: logro, propósito y gozo. Asigna una calificación del 1 al 10 a cada uno, prestando especial atención al gozo. ¿Sientes que estás experimentando un gozo genuino tanto en tu trabajo como en tu vida en general? Para ayudarte en esta evaluación, pide a un buen amigo, un mentor o algunos consejeros de confianza que compartan contigo su percepción acerca de si consideran que el gozo es una característica evidente en tu vida.

27/07/2026

MANÁ del Lunes
*DOS APOYOS PARA TODA BUENA ESTRATEGIA*
Stephen R. Graves

Por lo general, escuchar voces en la cabeza no es una buena señal, pero he aprendido que hay dos «voces» que sí son confiables. Cuando se trata de planificación y estrategia, existen dos voces que debemos escuchar —y mantener en equilibrio—: la reflexión y la humildad. Aquí, dos valiosos apoyos para ser buenos estrategas:

1. *Reflexión*: La idea principal es esta: no seas impulsivo ni superficial al planificar y perseguir tu visión. En lugar de eso, actúa con reflexión y considera el panorama completo.

Vemos este principio en la vida de Jesucristo. Al inicio de Su ministerio, mientras enseñaba y preparaba a Sus discípulos, Jesús utilizó la expresión «calcular el costo»: «Porque ¿quién de ustedes que quiera levantar una torre, no se sienta primero a calcular los costos, para ver si tiene todo lo que necesita para terminarla? No sea que después de haber puesto los cimientos, se dé cuenta de que no puede terminarla, y todos los que lo sepan comiencen a burlarse de él» Lucas 14:28-29 (RVC).

Jesús, hablando a personas familiarizadas con la agricultura, utilizó el ejemplo de construir una torre, probablemente una ampliación de una estructura existente. Su enseñanza era clara: antes de dar un gran paso estratégico y comprometer recursos importantes, evalúa el costo, todos los costos, no solo los iniciales.

Esta es una idea con la que muchos directivos y ejecutivos suelen tener dificultades. El escritor David Brooks afirmó que «los seres humanos somos máquinas de exceso de confianza», citando un estudio en el que el 99 % de los profesionales de negocios sobreestimaron sus probabilidades de éxito.

Se ha dicho que muchos empresarios y profesionales son excelentes velocistas, pero pésimos corredores de maratón. Suena el disparo de salida y corren con entusiasmo para aprovechar una oportunidad: un nuevo mercado, una contratación aparentemente perfecta o una posible adquisición. Pero después descubren que el cambio estratégico era mucho más riesgoso de lo que imaginaron. Comienzan llenos de entusiasmo, pero se quedan sin fuerzas después de recorrer apenas unos metros.

Necesitamos hacernos preguntas como estas:
• ¿Qué recursos necesitaré para llevar este proyecto hasta el final?
• ¿Qué obstáculos podrían surgir?
• ¿Miraré atrás y concluiré que esta fue una decisión impulsiva?
• ¿Quién podría ver esta situación desde otra perspectiva y qué puedo aprender al escucharle?

Las decisiones de gran impacto requieren una reflexión igualmente profunda. Debemos invertir tiempo para tomar decisiones sabias. _«Los planes bien pensados y el arduo trabajo llevan a la prosperidad, pero los atajos tomados a la carrera conducen a la pobreza»_ Proverbios 21:5 (NTV).

2. *Humildad*: Existe un contrapeso a toda esta insistencia en la planificación cuidadosa: no seas presuntuoso ni arrogante respecto a tus propios planes. En lugar de eso, actúa con humildad y reverencia.

Así como Jesús exhortó a calcular el costo antes de tomar una decisión, también debemos recordar que, aun cuando nuestros planes estén bien elaborados, nunca están escritos en piedra.

Esto se aprecia claramente en la carta de Santiago, un libro profundamente práctico y realista. Hacia el final de la epístola encontramos el complemento perfecto de la enseñanza de Jesús:

_«¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala»_ Santiago 4:13-16 (RVR1960).

Todo lo que hagamos debe estar bajo el principio de «si el Señor quiere». No como una frase hecha o una expresión de cortesía espiritual, sino como una convicción profunda:

Dios es bueno; y si decide impulsar mis planes o si decide detenerlos, Él sigue siendo bueno.

La humildad sin reflexión produce líderes que toman decisiones dominadas por las emociones y que con frecuencia dejan las cosas inconclusas.

*Preguntas para reflexión y discusión*
1. ¿Alguna vez tuviste una idea impulsiva y actuaste de inmediato, para después arrepentirte? ¿Cómo fue esa situación y cuáles fueron las consecuencias?

2. Piensa en una ocasión en la que, en lugar de actuar apresuradamente, decidiste reflexionar y «calcular el costo», como enseñó Jesús. Compara el resultado de esa situación con el de la decisión impulsiva que describiste en la primera pregunta.

3. Se sugiere equilibrar la reflexión con la humildad. ¿Qué significa esto para ti y cómo lo pondrías en práctica?

4. ¿Qué significa tomar decisiones y desarrollar estrategias teniendo presente que la voluntad de Dios puede ser diferente de lo que tú deseas? Explica cómo ves que la reflexión y la humildad trabajan juntas en ese contexto.

*NOTA:*
Si tienes una Biblia y deseas profundizar en este tema, considera los siguientes pasajes: Proverbios 20:21, 28:22; Romanos 2:6-8; 1 Corintios 4:1-2; Hebreos 13:17; 1 Pedro 4:10.

*Desafío para esta semana*
¿Estás enfrentando en este momento una decisión importante o un cambio estratégico que requiere actuar con reflexión, sabiendo que la prisa podría resultar muy costosa? Esta semana considera cómo estas dos «voces» —la reflexión y la humildad— pueden ayudarte a tomar la decisión correcta. Recuerda que tanto la reflexión como la humildad implican la disposición de consultar a otras personas y escuchar perspectivas que pueden ser muy distintas de la tuya. Invita a un amigo de confianza, un mentor, un consejero, tus compañeros de rendición de cuentas o tu grupo de CBMC a compartir contigo sus observaciones y consejos sobre la situación que estás enfrentando.

21/07/2026

MANÁ del Lunes
*EL PODER INCOMPARABLE DE LA PERSEVERANCIA*
Robert J. Tamasy.

Perseverancia. Podríamos mencionar muchos factores que contribuyen al éxito, tanto de las personas como de las empresas y organizaciones, pero hay uno que aparece de manera constante: la perseverancia. Ya sea para adquirir las habilidades necesarias para un trabajo específico, construir una carrera, desarrollar un producto o servicio, o alcanzar el reconocimiento que conduce a ascensos y mejores ingresos, la perseverancia es un elemento invaluable.

Podríamos hablar también de otras cualidades, como la paciencia y la resistencia, pero la perseverancia es diferente. En ocasiones necesitamos cultivar la paciencia: la disposición para esperar el momento oportuno hasta que llegue la oportunidad o el resultado deseado. En otras circunstancias —ya sea una crisis en el trabajo, en el hogar o en la vida personal—, lo único que podemos hacer es resistir, aferrándonos hasta el final, temiendo lo que podría suceder si soltáramos.

Sin embargo, la perseverancia es una respuesta mucho más activa frente a las circunstancias. Escribiendo desde una perspectiva espiritual, el reconocido autor devocional Oswald Chambers observó:

«La vida de un cristiano está en las manos de Dios como un arco y una flecha en las manos de un arquero. Dios apunta hacia un objetivo que el cristiano no puede ver, pero nuestro Señor continúa tensando el arco, y de vez en cuando el cristiano dice: “No puedo soportar más”. Sin embargo, Dios no presta atención; sigue tensando el arco hasta que Su propósito está en la mira, y entonces lanza la flecha. Ponte en las manos de Dios».

¿Puedes identificarte con esta descripción? ¿Alguna vez has sido llevado hasta lo que parecía el límite de tus fuerzas, sin estar seguro de poder resistir? Es precisamente en momentos así cuando la perseverancia se vuelve más importante, especialmente para quienes deseamos integrar nuestra fe de manera práctica en lo que hacemos en el mundo de los negocios. No siempre sabemos qué está haciendo Dios en nosotros ni hacia dónde nos está dirigiendo, pero seguimos adelante confiando en Su plan.

Mi esposa y yo tenemos más de 50 años de matrimonio. Nos sentimos agradecidos por haber alcanzado este hito que relativamente pocas parejas logran. Si alguien nos preguntara cuál ha sido nuestro «secreto», podríamos hablar de nuestro amor mutuo y de nuestro compromiso. Pero, por encima de todo, ha sido la perseverancia lo que ha permitido que nuestro matrimonio no solo sobreviva, sino que florezca a pesar de toda clase de desafíos.

La Biblia contiene numerosas enseñanzas acerca del valor de la perseverancia. Estas son algunas de ellas:

1. *Reconoce los frutos de la perseverancia*. Durante los tiempos de adversidad solemos ver únicamente los problemas del momento. Sin embargo, Dios está utilizando esas circunstancias como parte de Su proceso para moldearnos y transformarnos en las personas que desea que seamos. _«Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza»_ (Romanos 5:3-4, NVI).

2. *Comprende que la perseverancia nos desarrolla*. A todos nos gustaría alcanzar madurez y experiencia de forma instantánea, sin esfuerzo alguno. Sin embargo, muchas de las lecciones más valiosas de la vida se aprenden al perseverar en medio de pruebas y dificultades. _«Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada»_ (Santiago 1:2-4, NVI).

3. *Mantén la mirada puesta en la meta*. El camino hacia los grandes logros rara vez es una línea recta. Está lleno de giros inesperados y obstáculos, pero la perseverancia nos permite avanzar porque mantenemos nuestros objetivos firmemente delante de nosotros. _«Así que, amados hermanos míos, manténganse firmes y constantes, y siempre creciendo en la obra del Señor, seguros de que el trabajo de ustedes en el Señor no carece de sentido»_ (1 Corintios 15:58, RVC).

*Preguntas para reflexión y discusión*
1. ¿Cómo distinguirías entre paciencia, resistencia y perseverancia? ¿En qué se parecen y en qué se diferencian?

2. Piensa en una ocasión en la que tuviste que practicar la perseverancia, cuando los problemas no se resolvieron rápidamente y el resultado era incierto. ¿Cuál fue esa situación y cómo respondiste?

3. ¿De qué manera confiar en Dios y en Sus planes para tu vida puede ayudarte a perseverar en tiempos de dificultad, creyendo que el resultado final será aún mejor de lo que podrías imaginar?

4. ¿Por qué el sufrimiento —ya sea físico, emocional, relacional o mental— suele llevarnos a cuestionar la bondad y el amor de Dios? ¿Cómo crees que sería el mundo si no existiera el sufrimiento, si no hubiera circunstancias difíciles que enfrentar ni necesidad de acudir al Señor en busca de Su sabiduría y dirección?

*NOTA*:
Si tienes una Biblia y deseas profundizar en este tema, considera los siguientes pasajes: Deuteronomio 31:8; Proverbios 3:5-6; Isaías 40:31, 41:10; Jeremías 33:3; Efesios 3:20.

*Desafío para esta semana*
¿Hay algo en tu vida —o en tu trabajo— que en este momento esté exigiendo perseverancia? Si es así, podría ser de gran ayuda compartir lo que estás viviendo con algunos amigos de confianza, un mentor, un consejero o incluso con tu grupo de CBMC.

Pídeles que te apoyen en oración. Además, invítalos a ofrecerte su perspectiva y consejo a la luz de lo que les has compartido.

13/07/2026

MANÁ del Lunes
*LA CONVICCIÓN QUE SOBREVIVE A LA CRISIS*
por Chris Simpson.

Es lunes. Los resultados trimestrales son malos. Un cliente importante acaba de irse. El equipo está agotado. Y, en medio de la presión por rendir cuentas, cerrar negocios y demostrar tu capacidad, surge una pregunta que la mayoría de los líderes del mercado laboral no se atreve a expresar en voz alta: «¿Puedo confiar en Dios cuando todo luce así? ¿Cuando todo parece un fracaso?».

El apóstol Pablo responde a esa pregunta en Romanos 4. Señala a Abraham y escribe: _«Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido»_ Romanos 4:20-22 (RVR1960).

Detente un momento a considerar la situación de Abraham: ¡tenía cien años! Su cuerpo estaba prácticamente sin fuerzas. El vientre de Sara había sido estéril durante décadas. Toda la realidad biológica gritaba que la promesa de Dios —tener una descendencia tan numerosa como las estrellas— era imposible. Abraham conocía los hechos. No vivía engañado. Pero se negó a permitir que esos hechos tuvieran la última palabra.

Eso no era pensamiento positivo. Era fe. Era confianza. Era una batalla contra la incredulidad. Y tenía un poder extraordinario.

La fe que Pablo describe aquí no es un optimismo espiritual indefinido. Es la convicción razonada y deliberada de que Dios puede y hará lo que ha prometido, porque esa es Su naturaleza. La fe de Abraham no fue principalmente un sentimiento. Fue una decisión firme, diaria y tomada en primera línea de confiar en Aquel que hizo la promesa, aun cuando esa promesa parecía imposible.

Abraham se fortaleció en la fe mientras daba gloria a Dios en medio de la espera. No después del milagro. Durante la espera. Precisamente en la etapa en que todo parecía decir: «No hay manera de que esto resulte».

Vi esa verdad hacerse realidad en un empresario que formaba parte de un grupo de hombres que dirigía en Florida. Acababa de recibir el diagnóstico de un tercer cáncer. Era una noticia devastadora. Pero lo que hizo después dejó sin palabras a todos los presentes. Comenzó a adorar a Dios. Lo hizo con determinación, sin vergüenza y sin reservas. ¿Quién responde así? Alguien que ha decidido apoyarse completamente en el carácter de Dios, pase lo que pase.

Tú también enfrentas situaciones que parecen imposibles en el trabajo. Ganancias que se reducen. Una carrera profesional estancada. La decisión ética que te cuesta un negocio importante. O quizá un diagnóstico médico que invade también tus lunes.

Esas situaciones son reales. Su peso también lo es. La cultura nos dice que debemos seguir adelante confiando únicamente en nuestras propias fuerzas o refugiarnos en frases bonitas que no tocan el verdadero dolor. Ninguna de esas respuestas resuelve el problema.

La fe bíblica actúa de otra manera. Mira de frente la evidencia contraria y afirma: «Sin embargo, Dios es poderoso». Se aferra a la promesa sin negar que las circunstancias sean difíciles. Cuando continúas dando gloria a Dios en medio de la tensión, tu fe no permanece igual. Crece. Y eso no es una simple metáfora; es una realidad disponible para ti hoy mismo.

El evangelio hace que esta verdad sea concreta. El Dios que prometió vida en medio de la muerte resucitó a Jesús de entre los mu***os. Si hizo eso, también puedes confiarle tus hojas de cálculo, tus estrategias y tus fracasos. La misma fe que le fue contada a Abraham por justicia ahora también se ofrece a ti en Cristo. No como un premio por creer perfectamente —Abraham tampoco lo hizo—, sino como un regalo para todo aquel que confía en Aquel que jamás rompe Sus promesas.

Así que, este lunes, da gloria a Dios antes de que llegue la respuesta. Reconoce con honestidad las circunstancias difíciles, pero recuerda también quién es Dios. Esa actitud está a tu alcance ahora mismo. En la tensión entre lo que ves y lo que Dios ha dicho, tu fe puede crecer. No a pesar de la presión del mercado laboral, sino precisamente en medio de ella. Incluso las pruebas pueden fortalecer tu fe.

*Preguntas para reflexión y diálogo*
1. ¿En qué área de tu vida estás permitiendo que las circunstancias visibles determinen el límite de lo que crees que Dios puede hacer?

2. ¿En qué aspecto de tu vida laboral la autosuficiencia ha reemplazado silenciosamente tu confianza en la provisión de Dios?

3. En términos prácticos, ¿cómo puedes dar gloria a Dios en medio de una situación profesional difícil?

4. ¿Cuándo fue la última vez que viste a Dios obrar en el mercado laboral como respuesta a tus oraciones? ¿Estás permitiendo que ese recuerdo fortalezca tu fe hoy?

NOTA: Si tienes una Biblia y deseas leer más, considera los siguientes pasajes: Mateo 17:17-21; Gálatas 3:6-9; Hebreos 11:1-2, 6-10; Santiago 1:5-8.

*Desafío para esta semana*
Identifica esta semana un punto específico de presión en tu trabajo: un negocio importante, una decisión difícil o una relación complicada. Escribe un atributo del carácter de Dios que responda directamente a esa situación.

Cada mañana, antes de abrir tu correo electrónico, dedica dos minutos a darle gloria a Dios por quién es en medio de esa circunstancia.

Después, comparte ese atributo con un amigo de confianza o con un integrante de tu equipo de CBMC e invítalo a preguntarte, antes del viernes, cómo has visto a Dios obrar. No esperes a que llegue la respuesta para glorificarlo. Dale gloria desde ahora y observa lo que sucede con tu fe.

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