Julio Cesar Locutor

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16/03/2026

ERRORES MUY COMUNES QUE COMETEMOS DETRAS DEL MICROFONO
Asumir que el oyente viene escuchando desde el comienzo
Es exactamente lo que me ocurrió. Los conductores hablan como si todos los oyentes hubieran estado presentes desde el inicio del programa o incluso desde días anteriores.
Pero la radio es un medio de entrada y salida permanente. Mucha gente enciende la radio en el auto, en la oficina o en la casa y escucha solo unos minutos. Si no se contextualiza la información, el oyente nuevo queda perdido.
Responder con tono defensivo o sarcástico a los oyentes
Cuando alguien escribe o llama con una pregunta, corrección o comentario, algunos locutores reaccionan como si estuvieran siendo cuestionados. En lugar de aprovechar la oportunidad para explicar mejor el tema, terminan “rezongando” al oyente.
El resultado es que otros oyentes prefieren no participar.
Dar cifras sin llevarlas a la realidad del oyente
Este es otro problema frecuente en programas informativos. Se mencionan cifras nacionales, presupuestos millonarios o estadísticas generales, pero no se explica qué significa eso para la gente que está escuchando.
El oyente termina escuchando números que no logra relacionar con su vida cotidiana.
Hablar usando referencias internas del programa
En mi ejemplo, los presentadores pasaron un rato saludando a alguien que había cumplido años, pero yo no sabía de quién hablaban ni por qué era importante para mí, como oyente.
A veces los conductores mencionan secciones, chistes internos, invitados anteriores o conversaciones del día anterior sin explicarlas. El equipo del programa entiende perfectamente de qué están hablando, pero el oyente que acaba de llegar no. (Te suena ?)
No identificar claramente quién habla o quién es el invitado
En muchas entrevistas el invitado empieza a hablar y pasan varios minutos sin que se recuerde quién es. Si alguien sintoniza en ese momento, escucha una voz opinando, pero no sabe si se trata de un ministro, un analista, un periodista o un oyente.
Usar siglas sin explicarlas
En noticias o análisis políticos es muy común escuchar siglas de instituciones, leyes o programas gubernamentales que no se explican. Para quienes siguen el tema a diario puede ser obvio, pero para el oyente ocasional no lo es.
Hacer preguntas demasiado largas o confusas intentando hacerse el erudito.
Algunos entrevistadores convierten la pregunta en un pequeño discurso. Cuando finalmente termina la intervención del conductor, ni el invitado ni el oyente recuerdan exactamente cuál era la pregunta. ( te suena ?)
Olvidar repetir información básica
En radio es fundamental repetir ciertos datos: el nombre del programa, la emisora, el tema del que se está hablando o el nombre del invitado. Sin embargo, algunos programas lo dicen solo al inicio, como si todos los oyentes hubieran estado allí desde el primer segundo.
Abusar de la jerga profesional
En deportes, economía o política se usan términos técnicos que el público general no siempre comprende. El locutor cree que está siendo preciso, pero tu oyente termina desconectándose.
Pensar que el silencio o la pausa son enemigos
Algunos locutores sienten la necesidad de hablar sin parar, llenando cualquier espacio con palabras. Sin embargo, las pausas bien usadas ayudan a entender mejor la información y le dan respiración al contenido. ( ver Hugo G Martineitz)
Hacer referencias visuales en un medio que no se ve
Es frecuente escuchar frases como “mire esta foto”, “aquí estamos viendo en la pantalla”, o “como pueden ver en el video”. El problema es que la radio es un medio sonoro. Si el conductor no describe lo que está pasando, el oyente queda completamente por fuera.
Incluso si están transmitiendo el programa de manera simultánea por alguna plataforma de video, es clave contextualizar al oyente que solo está escuchando el audio.
Leer textos como si fueran artículos de prensa escrita
Algunos conductores leen noticias o comunicados oficiales exactamente como están redactados. El resultado son frases largas, lenguaje burocrático y párrafos difíciles de seguir al oído.
La radio y la prensa tienen lenguajes diferentes. Un texto que funciona en papel no siempre funciona en radio.
Dar información incompleta al mencionar lugares
Muchas veces se dice: “esto ocurrió en San Pedro” o “el evento fue en Esperanza”, sin aclarar en qué provincia o país queda ese lugar. El equipo del programa lo sabe, pero el oyente no.
Presentar noticias sin explicar por qué son importantes
Se informa que se aprobó una ley, se firmó un acuerdo o se anunció un plan, pero no se explica qué cambia realmente para la gente. El oyente termina preguntándose por qué debería interesarle, cómo lo afecta.
Hablar demasiado “para los colegas”
A veces los conductores se refieren a otros periodistas, a medios o a discusiones internas del gremio como si todos los oyentes siguieran esas conversaciones. Para el público general, esas referencias no siempre tienen sentido, ni importan.
Dar demasiados números seguidos
Cuando se enumeran muchas cifras consecutivas, el oyente pierde la cuenta. La radio no permite volver atrás como en un texto escrito. Por eso conviene simplificar o resumir los datos más importantes.
Incluso es buena idea tratar de redondear las cifras. No es lo mismo para un oyente escuchar una cifra como “trescientos noventa y siete mil cuarenta y seis millones ”, que “casi 400 mil millones de pesos”.
El dato exacto (397,046 millones) puede ser útil en un documento oficial, en un informe económico o en un artículo escrito, donde el lector puede releer la cifra, pero en radio lo importante es que el oyente entienda rápidamente la dimensión de la inversión.
Usar humor interno del equipo
Los chistes o bromas que solo entienden los integrantes del programa pueden resultar confusos para el oyente. Lo que en cabina provoca carcajadas, afuera puede sonar extraño o incluso incómodo. Los oyentes no son amigos del equipo . ( te suena ?)
No cerrar las historias que se abren
Un conductor menciona algo interesante, promete volver al tema después de la pausa o más adelante en el programa… y luego nunca lo retoma. El oyente queda con la sensación de que algo quedó inconcluso.
Interrumpir constantemente
Algunos presentadores interrumpen tanto que el invitado apenas puede desarrollar una idea. Lo mismo suele suceder con los mismos integrantes del elenco. Están hablando de un tema y aparece alguien que no deja concretar la idea. ( conductoras ancianas ?)
Para el oyente, la conversación termina siendo caótica y difícil de seguir.
Dar por obvias noticias que no todos conocen
Los conductores comienzan diciendo: “como todos saben”, “ya todo el mundo está hablando de esto”, o “esto no necesita explicación”. En realidad, muchos oyentes, quizá todos, pueden estar escuchando la noticia por primera vez.
Conclusión
La radio tiene una ventaja enorme frente a otros medios: su cercanía. Pero esa misma cercanía exige una disciplina especial al comunicar.
El oyente no ve gráficos, no puede releer una frase ni retroceder unos segundos para entender mejor un dato. Todo ocurre en tiempo real, mientras conduce, trabaja o hace cualquier otra cosa. Por eso hay que ponerse en los zapatos del oyente.
Muchos de los errores mencionados no nacen de la mala intención, sino de algo más simple: los profesionales de la radio pasamos tantas horas dentro del medio que terminamos olvidando cómo escucha la radio la gente común !.
El oyente no vive dentro de la cabina. Llega en cualquier momento, escucha unos minutos y se va. Si en ese corto tiempo no logra entender de qué se está hablando, probablemente cambiará de emisora. Ir a tandas kilometricas, prometiendo YA VOLVEMOS... no es tomar enserio a tu oyente ( o televidente, te suena, La ves ?)
Tal vez la regla más sencilla para evitar muchos de estos problemas sea imaginar que cada frase se la estamos diciendo a alguien que acaba de encender el radio hace apenas diez segundos.
Si esa persona puede entender rápidamente qué está pasando, quién habla y por qué la noticia es importante, entonces estamos haciendo bien nuestro trabajo.
Verdad que te suena o no ? ---

18/01/2026

Nadie imaginaba que la línea de bajo más famosa de la historia de la música, la que abre "Billie Jean", fue inspirada directamente por un éxito de Daryl Hall & John Oates.

Durante la grabación del álbum Thriller, Michael Jackson estaba obsesionado con el ritmo de una canción que escuchaba sin parar en la radio.

​Esa canción era "I Can't Go for That (No Can Do)". Michael no solo se inspiró en ella, sino que tuvo la honestidad de decírselo a Daryl Hall cara a cara durante las sesiones de grabación de "We Are the World".

​Lo más asombroso de este encuentro entre titanes fue:
​La disculpa de Michael: En medio de la grabación, Michael se acercó a Daryl Hall y le susurró al oído: "Espero que no te importe, pero me rob3 el 'groove' de tu canción para Billie Jean". Daryl, lejos de enojarse, se echó a reír y le respondió: "¡No te preocupes! Yo también se lo robé a alguien más".

​El origen del ritmo: Daryl Hall confesó que él mismo había sacado ese ritmo de los ajustes preestablecidos de una caja de ritmos Roland TR-606 mientras jugaba en el estudio. Lo que para Hall era un experimento minimalista, para Michael Jackson fue la base de una revolución musical.

​La transformación de Quincy Jones: Aunque el ritmo era similar, el productor Quincy Jones le añadió capas de misterio. Hizo que la línea de bajo sonara más pesada y "oscura", creando esa atmósfera de tensión que define a "Billie Jean" y que la diferencia del sonido más funk y ligero de Hall & Oates.

​A veces, la música es una gran conversación donde los artistas se prestan ideas unos a otros. Michael Jackson tuvo la grandeza de reconocer su influencia, y Daryl Hall tuvo la humildad de entender que en el arte, todo es una evolución de lo que vino antes.

31/12/2025
31/12/2025
31/12/2025

Cierro el año sin arrepentimiento, unos dicen que soy la mejor persona, y otros dicen que soy la peor. Pero los dos tienen la razón, cada quien conoció la versión que merecía... Feliz Año Nuevo 2026 para todos.

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