Amever Saltillo
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"Candidatas y candidatos, Conóceles"
12/05/2026
“La cocina es un espacio donde todos los sentidos se complementan y la vista no es la única guía”
Pastel harina de hot cakes
Agradecemos la entrevista de Marcos Valdes Show a algunos de nuestros afiliados de AMEVER, nos sentimos muy honrados con su presencia. ✨
13/04/2026
Platica de prevención y cuidado de los riñones
Impartido por la Dra. Laura Díaz
11/04/2026
10/04/2026
El reportaje de la semana
Los límites y la sobreprotección.
Hay una línea delgada, casi invisible, entre cuidar y limitar. Entre proteger y anular. Entre amar y, sin querer, impedir que el otro crezca.
En el ámbito de la discapacidad, esta línea se vuelve aún más delicada. La sobreprotección suele nacer desde el amor más genuino: el deseo de evitar el dolor, de anticiparse al peligro, de facilitar el camino. Pero cuando ese impulso se convierte en norma, puede terminar generando el efecto contrario al que se pretende.
Proteger no es decidir por la otra persona. Proteger no es sustituir su voz. Proteger no es impedir que se equivoque.
Uno de los mayores riesgos de la sobreprotección es que limita la autonomía. Cuando constantemente se asume que alguien “no puede”, se le niega la oportunidad de intentar, de aprender, de fallar y de volver a levantarse. Y en ese proceso, no solo se frena el desarrollo de habilidades prácticas, sino también la construcción de la identidad, la confianza y la autoestima.
Muchas personas con discapacidad crecen escuchando más advertencias que oportunidades. Más “ten cuidado” que “inténtalo”. Más “yo lo hago por ti” que “¿quieres que te acompañe mientras lo haces?”. Este cambio de enfoque, que puede parecer sutil, marca una diferencia profunda.
Porque la autonomía no significa hacerlo todo en solitario. Significa tener la posibilidad de decidir, de participar, de asumir riesgos razonables como cualquier otra persona. Significa ser reconocido como sujeto activo de la propia vida.
La sobreprotección también tiene un impacto social. Refuerza estereotipos, perpetúa la idea de fragilidad constante y alimenta una mirada asistencialista que, lejos de incluir, excluye. Cuando la sociedad ve a una persona con discapacidad siempre acompañada, siempre asistida, siempre limitada, difícilmente la percibirá como alguien capaz de liderar, trabajar, decidir o transformar su entorno.
Es importante entender que los límites existen y son necesarios. No se trata de negarlos. Toda persona, con o sin discapacidad, tiene barreras, desafíos y contextos que condicionan su vida. El verdadero reto está en distinguir entre los límites reales y los que imponemos por miedo, desconocimiento o costumbre.
Acompañar no es invadir. Ayudar no es sustituir. Estar presente no es controlar.
Las familias, los entornos educativos y la sociedad en general tienen un papel fundamental en este equilibrio. Se trata de generar espacios seguros, sí, pero también de abrir puertas. De ofrecer apoyo sin anular la iniciativa. De confiar, incluso cuando el proceso implique errores.
Porque equivocarse también es parte del aprendizaje. Y negarle a alguien esa posibilidad es, en el fondo, negarle una parte esencial de su humanidad.
Hablar de sobreprotección no es señalar culpables. Es invitar a la reflexión. Es revisar prácticas que muchas veces se han normalizado durante años. Es preguntarnos si lo que hacemos realmente empodera o, por el contrario, limita.
Dar un paso atrás, en ocasiones, es el mayor acto de amor. Permitir que la otra persona avance, explore, decida y se equivoque, sabiendo que no está sola, pero que tampoco está atrapada.
Porque la verdadera inclusión no se construye desde el control, sino desde la confianza.
“La autonomía no se concede: se respeta, se impulsa y se defiende.”
23/03/2026
Plática impartida por Fundación Alzheimer Coahuila A.C, Consejos prácticos sobre cómo prevenir el Alzheimer
04/03/2026
El reportaje de la semana…
Una correcta habilitación y los estigmas acerca de la ceguera…
Hablar de ceguera sigue despertando, en muchos sectores de la sociedad, ideas cargadas de mitos, prejuicios y desinformación. A pesar de los avances en derechos, accesibilidad y tecnologías de apoyo, persisten estigmas que afectan directamente la vida cotidiana de las personas ciegas. Frente a ello, la habilitación adecuada no es un complemento opcional: es la base para la autonomía, la participación plena y la dignidad.
La ceguera no define a la persona. Sin embargo, el entorno suele hacerlo. Se asume incapacidad antes de conocer habilidades, se anticipa dependencia sin preguntar por competencias y se confunde protección con limitación. Estas ideas no nacen de la maldad, sino del desconocimiento. Pero sus efectos son reales: baja expectativa educativa, barreras laborales, sobreprotección familiar y exclusión social.
En este contexto, la habilitación cobra un papel fundamental. No se trata únicamente de aprender a usar un bastón blanco o dominar un lector de pantalla. Una correcta habilitación implica un proceso integral que incluye orientación y movilidad, actividades de la vida diaria, acceso a la información, comunicación, fortalecimiento emocional y desarrollo de habilidades sociales y laborales. Es un proceso que busca que la persona tome el control de su proyecto de vida.
Cuando la habilitación se realiza de manera oportuna y profesional, el cambio es profundo. La persona deja de sentirse definida por la pérdida visual y comienza a reconocerse como sujeto de derechos y capacidades. Aprende a desplazarse con seguridad, a utilizar tecnología adaptada, a gestionar su tiempo, a estudiar, a trabajar y a participar activamente en la comunidad. No se trata de “superar” la ceguera, sino de aprender a vivir con ella sin que se convierta en una barrera impuesta por otros.
El problema surge cuando la sociedad no comprende este proceso. Muchos aún creen que la persona ciega “no podrá” realizar determinadas actividades. Se duda de su capacidad para estudiar carreras exigentes, liderar equipos, criar hijos o tomar decisiones complejas. Estos estigmas no solo limitan oportunidades externas; también pueden infiltrarse en la autoestima si no existe un entorno que refuerce la confianza.
Una habilitación adecuada también implica trabajar con la familia y la comunidad. La sobreprotección, aunque bien intencionada, puede frenar el desarrollo de la independencia. Permitir que la persona experimente, se equivoque, intente y aprenda es parte del crecimiento. La autonomía no se concede; se construye.
Además, es necesario entender que no todas las personas ciegas viven el mismo proceso. Existen diferencias entre quienes nacen con discapacidad visual y quienes la adquieren en la edad adulta. En el segundo caso, el proceso emocional puede ser más complejo, ya que implica reconstruir rutinas, identidad y expectativas. Por eso, la habilitación debe ser personalizada, respetuosa y centrada en la persona.
En la actualidad, las herramientas tecnológicas han ampliado enormemente las posibilidades de acceso a la información y al empleo. Lectores de pantalla, líneas braille, aplicaciones móviles accesibles y sistemas de navegación adaptados permiten un nivel de independencia impensable décadas atrás. Sin embargo, la tecnología por sí sola no elimina el estigma. Lo que transforma verdaderamente la mirada social es el contacto, la convivencia y el reconocimiento de capacidades reales.
Combatir los estigmas acerca de la ceguera exige educación social, visibilización y testimonios que rompan narrativas asistencialistas. No se trata de presentar historias de heroísmo exagerado, sino de mostrar vidas cotidianas, profesionales competentes, estudiantes dedicados, madres y padres responsables, ciudadanos activos.
La habilitación correcta no convierte a la persona ciega en “extraordinaria”; simplemente le permite ejercer lo que siempre debió ser natural: su derecho a vivir con autonomía y participar en igualdad de condiciones. La verdadera discapacidad no está en la falta de visión, sino en la falta de oportunidades y en la persistencia de prejuicios.
Desmontar estigmas es una tarea colectiva. Implica revisar cómo hablamos, cómo educamos, cómo contratamos y cómo interactuamos. Implica entender que la ceguera es una condición, no una condena. Y que la autonomía no es un privilegio, sino un derecho.
“La ceguera no limita el potencial; lo limita el prejuicio.”
20/02/2026
Consulta colectiva para determinar elementos de identificación para tarjeta de votar.
Impartido por el Instituto Nacional Electoral de Coahuila.
16/02/2026
Taller de cocina
Pastel invertido de piña. ✨
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