Poza Risa

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Usamos la comedia para visibilizar las problemáticas de Poza Rica de Hidalgo, Veracruz

22/02/2026

Pero sigan normalizando la narc0cultura y fumando su motita.

10/01/2026

Si cada quien barriera las banquetas y el espacio de calle que le corresponde, no habría tanto polvo. Pero siempre es más fácil ver series, tiktoks o andar redes, ¿no?

Photos from La Opinión de Poza Rica's post 09/01/2026

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera.
Mis condolencias a la familia, a la verdad y a Poza Rica.

09/01/2026

¿Quieres tener siempre la razón y nunca cometer errores aunque haya pruebas de tu estupidez y corrupción?
Sólo apoya a MORENA.

Photos from Ada Rodríguez's post 05/01/2026

El centro de la ciudad va tomando forma. Se agradece, pero no olvidemos que sólo están haciendo su trabajo. No hay mada extraordinario en ello.
Poza Rica estaba muy abandonado, esperemos que vaya mejorando la cosa.

05/01/2026

Se dice y no pasa nada. 🤷🏻‍♂️

30/12/2025

Poza Risa #03: Compras decembrinas

En estas fechas Poza Rica está llena del espíritu de festejo, celebración y unión. La navidad y su alegría se pasean por toda la ciudad y contagian a todos los que tienen el anhelo de compartir con sus seres queridos esa magia propia de las fechas. Todo es amor y diversión hasta que llega el momento de preparar las decoraciones o la cena y se dan cuenta que algo falta. En el mejor de los casos es sólo una cosa, en el peor, no han comprado nada. Pero no existe preocupación alguna pues una rápida visita al centro para conseguir lo necesario y todo se resuelve, ¿verdad?
Me atrevo a decir que Poza Rica tiene el centro más feo, sucio, desorganizado y menos instagrameable de toda la zona norte del estado. Claro, el gobierno tiene la culpa, pero también nosotros la responsabilidad de su apariencia. Es decir, en nosotros está la preservación y cuidado del mismo, pero siempre es más cómodo repartir culpas. Sí, tal vez la basura se acumula, eso no lo podemos controlar como tal, pero tampoco ayuda el tener las calles y banquetas sucias, los botes de basura desparramados, las aguas regadas y apestosas, la obstrucción que significan los ambulantes, la cantidad de cafres que hay por metro cuadrado en la zona y que la gente no sepa andar en el centro.
Y es en este último punto en el que me quiero concentrar ya que, por alguna extraña razón, la gente que realiza sus compras en el centro no tiene ni una pizca de sentido común, decencia o empatía: caminan lento, no se orillan ni se apuran cuando compran con los ambulantes, se amontonan al tomar el taxi, se meten en las filas, no devuelven el dinero si les dan cambio de más, toman bolsas de mandado que no son suyas y se realizan sus compras en tribu, como si no fuera suficiente el estorbo y el caos que provoca la cantidad “normal” de gente que hay diario en el centro. Realmente no hay necesidad de ir de a tres, cuatro, seis o siete personas a comprar las cosas. Todo se entorpece demasiado. De por sí ya comparan la calle Colegio Militar con las calles de la India como para que todavía la gente esté sobrepoblando las calles del centro y pasillos de los mercados.
Y para colmo, la situación empeora cuando son fechas importantes como Navidad, Año Nuevo, Día de Reyes, San Valentín, Día del niño, de las madres, etcétera. Las compras de último minuto son un vil in****no, pero es el castigo que se merece cada persona que lo padece; es la consecuencia de la desorganización, de la irresponsabilidad, de dejar todo para el final. Es la cruz que tiene que cargar el imprudente que quiso ir a comprar todo lo necesario el mero día a la mera hora. Y más idiotas los inconscientes que hacen sus compras en los supermercados o las plazas, porque pasan por lo mismo y a sobreprecio.
De verdad que no entendemos. Somos unos tercos que nos creemos tan especiales pensando que al primer lugar al que vayamos a la hora menos oportuna estará aquello que necesitamos comprar a un precio baratísimo y que no habrá fila para pagar y que no haremos corajes en nuestra compra porque todo nos saldrá perfecto porque estamos tocados por Dios y manifestamos que el universo conspire a nuestro favor y todas esas mierdas que la gente estúpida se repite para sentirse bien consigo misma.
El asqueroso nivel de consumo que nos impone el capitalismo lo tenemos tan interiorizado que nos impide planear con antelación, responsabilidad y claridad cada compra que debemos hacer. Aun así, esto no cambiará jamás, cada año en cada festejo a la hora justa en que todo está enrevesado, siempre se podrá encontrar a alguien realizando sus compras en estas mismas condiciones repitiendo el ciclo que le fue enseñado porque siempre es más fácil repetir los errores, pero no queda más que desear que en su lista del mandado alguien le haya encargado comprar, aunque sea, cinco pesitos de tantita madre.

30/12/2025

Poza Risa #02: Los Taxis

Algo que siempre saca de onda a las personas que no son de la ciudad es la escasez de autobuses y la inexistencia de combis como medios de transporte. Cuando me toca explicar cómo es el día a día de la movilidad pública mucha gente se extraña que hagamos uso diario de los taxis. En el mejor de los casos creen que los pozarrisueños tenemos mucho dinero porque usamos al menos un par de taxis al día todos los días, pero nada más lejos de la realidad. La expresión en sus caras migra del asombro a la grima una vez que les explico que la dinámica consiste en acudir a la calle, avenida o bulevar más cercano y esperar en la banqueta simulando no traer prisa, ya que así los taxis colectivos llegan por montones. Una vez en la unidad, que generalmente suele ser una maraca en cosplay de Tsuru, se procede a pagar la cuota de alta volatilidad que indique el ruletero según la gravedad de la orquitis que presente en el momento. Ya con la transacción exitosamente realizada uno desciende de la unidad con la esperanza de no haber perdido alguna pertenencia.
Y es que la movilidad pública en Poza Rica es un tema que frustra a la mayoría de los usuarios porque es tremendamente ineficiente. Sí, muchos conocemos a taxistas que, en medida de lo posible, hacen bien su trabajo y actúan con empatía y responsabilidad civil, pero el propio sistema de las bases y sindicatos, aunado al paupérrimo gobierno que tenemos, propician mil y un situaciones cuando menos adversas para los ciudadanos de a pie. Somos aproximadamente 200k habitantes y podría asegurar que más de la mitad estamos condenados al martirio llamado transporte público.
Las quejas hacia los taxistas y su servicio van desde el manejar mal hasta el acoso sexual; robo, secuestro, pasando por la altísima tasa de accidentes vehiculares, riñas en vía pública y el abuso en el cobro del peaje. Por supuesto que todas son horribles a su manera y la verdad es que no todos los ruleteros deberían serlo, pero con la creciente clonación y usurpación de números de unidades es muy fácil acceder a ese tipo de empleos. Aclaro que hay grandes y valiosas excepciones dentro del oficio, pero la mala fama que se ha creado alrededor de los taxis no indica otra cosa que no sea la alta probabilidad de tener un mal servicio al usarlos.
No obstante, la razón de este escrito es un fenómeno tan mágico que supera al gran poder de Houdini, la increíble destreza de Copperfield y ruborizaría a un atónito Harry Potter: la repentina transformación de taxis colectivos a libres cuando llueve. Y es que nuestro servicio de transporte público parece estar conformado por unidades embrujadas que con sólo tocar el agua se transforman en sus versiones malvadas. Es como si los taxis colectivos cambiaran a la versión sin anuncios con sólo un cambio de clima.
Ante las lluvias muchos taxistas se niegan a colectivear, desconozco las razones, pero pensado mal puedo asumir que es por la intención de convertir un viaje colectivo de $12 por persona a una carrera libre de, al menos, $60 o $70, si bien nos va. Yo entiendo que todos andamos buscando la papa, persiguiendo la chuleta, pero con ese tipo de actitudes no hacen más que enojar a los usuarios. Los taxistas deben entender que sus servicios son importantísimos para la ciudad y más teniendo en cuenta que carecemos de alternativas viables, pero también deben ser conscientes que preservar la relación servicio-usuario es primordial para que ambas partes podamos ayudarnos mutuamente. Los pozarrisueños realmente podemos ser buenas personas, pero ver y padecer esas mezquindades ante la necesidad realmente bajan la moral. Poza Rica es una ciudad que tiene muchísimo potencial, pero esas actitudes nos tienen justamente donde estamos, chapoteando en nuestra mediocridad, empapados de impotencia y, a veces, queriéndonos bajar en la siguiente esquina.

30/12/2025

Poza Risa #1: La Paca

En diciembre de 2014 hice un viaje con un par de amigos. Fuimos a una fiesta al estado de Hidalgo. Dentro de toda la travesía que incluía paseos, comida, la propia fiesta y un frío que no había experimentado hasta esa ocasión, ocurrió algo que jamás me había sucedido: me robaron mi maleta. Mi equipaje, y el de mis amigos, fue sustraído de la cajuela del vehículo en el que viajábamos. No fue un hecho raro dado que ocurrió en una colonia bastante brava y popular de Pachuca. Afortunadamente, no perdí nada de valor, sólo ropa. Si bien yo nunca he sido alguien apegado a lo material, en ese instante, sí me quejé un poco por lo perdido ya que hacía un frío considerable y no tenía ya ropa con la cual abrigarme o cambiarme.
Sería imposible tratar de recuperar las maletas así que lo verdaderamente importante era conseguir prendas para combatir el frío y cambiar las ropas enfiestadas que traíamos en esa ocasión. La persona que nos alojó en su casa durante nuestra estancia en la ciudad nos ayudó a conseguir ropa y fue así que conocí un tipo de lugar que para mí era totalmente nuevo: la paca.
El lugar era un local cualquiera en una calle cualquiera, pero lo que llamó mi atención fue ver la variedad de prendas y, sobre todo, los precios que éstas tenían. Para mí era algo inconcebible que una playera costara 10, 15, 20 o hasta 50 pesos y más con la economía que nos cargábamos en ese momento. No terminaba de procesar un asombro cuando otro me azotaba y así fue hasta que en una cartulina color marcatextos vi el anuncio definitivo: 3 playeras x 100 pesos. Escogí las que menos me disgustaban, salí del apuro y regresé a Poza Rica.
El tiempo pasó y, ciertamente, fueron pocas las ocasiones en que necesité acudir nuevamente a ese tipo de lugares, pero sí observé un fenómeno algo curioso: los precios encarecían de una forma casi grosera. Tanto que a veces ya no sabía si vendían ropa de paca o ropa verdaderamente nueva y buena. Sé que la economía nunca ha sido lo más estable y saludable de este país, pero encontré raro el hecho de que esos lugares cada vez se iban pareciendo más a las carísimas boutiques de moda y menos a los locales de 3x3 que alguna vez me salvaron de un apuro.
En mi percepción, la ropa era la misma, pero la gente no y los precios menos. Cada vez veía a más y más personas que parecían desencajar del mercado base de las tiendas de paca que alguna vez conocí. Eso, aunado a lo que veía en redes sociales, me daba a entender que el negocio de la paca ya no era algo popular o de sectores de oportunidad, sino que ahora era algo mainstream o trendy. Lo peligroso de las tendencias es que suelen venir acompañadas de un anhelo de validación, misma que suele tener un costo elevado, ya sea social, económico o político que, una vez pagado otorga un prestigio superficial y efímero, el cual no sirve para nada, pero que a los cortos de criterio los convence que el poseer o consumir lo trendy les da aprobación y un sentido de pertenencia.
Y no me malentiendan, todos en algún momento hemos seguido tendencias. El mainstream es lo que nos ha traído hasta aquí. Mi punto es que, con el paso del tiempo, me di cuenta que el mercado base de la paca ya no es el mismo. Antes era gente que compraba esa ropa porque era genuina y únicamente para la que le alcanzaba. Ahora, suelo ver personas llegando en autos lujosos, usando dispositivos y accesorios muy vistosos sumergiéndose entre las prendas, desacomodando el orden de las piezas en busca de ropa cuya etiqueta tenga logotipos de marcas de diseñador para abonar a su insaciable hambre de atención y prestigio, pero sin gastar lo que verdaderamente cuestan en las tiendas a las que no van porque ahí no pueden decir, sin sentir vergüenza, "sólo estoy viendo, gracias".

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