Rafael Rangel Sostmann
Rector del Sistema Tecnológico de Monterrey de 1985 a 2011
05/06/2025
Estimado docente, si no has tenido oportunidad de utilizar la IA en tu labor diaria, te invito a considerar inscribirte en este sencillo curso.
26/05/2025
Reunión con un grupo de jóvenes y no tan jóvenes, exalumnos míos. Fue un gusto volver a ver que su energía sigue viva. Woodlands, TX.
13/05/2025
Estimados Jóvenes y no tan Jóvenes:
Este 15 de mayo celebramos el Día del Maestro, una fecha para recordar con gratitud a quienes nos guiaron en el camino del conocimiento. Más allá de enseñarnos contenidos académicos, muchos maestros nos ofrecieron palabras de aliento, consejos de vida y ejemplo personal, dejando una huella profunda en nuestro desarrollo como personas.
Ser maestro es una vocación noble, pero no sencilla. Implica más que transmitir información; significa compartir experiencia, formar carácter y preparar a los alumnos para enfrentar el mundo con valores y herramientas útiles para la vida.
Hoy, más que nunca, el reto de ser docente se ha vuelto más complejo. La irrupción de la tecnología digital, los cambios en las metodologías de enseñanza, una nueva visión de la disciplina familiar, y la llegada vertiginosa de una tecnología que transformará todas las profesiones: la Inteligencia Artificial, nos confrontan con nuevas decisiones.
Ante esta realidad, tenemos dos caminos:
1. Rechazar los cambios, añorando un modelo educativo tradicional del pasado.
2. Aceptar los cambios, comprendiendo que son irreversibles y que, lejos de resistirlos, debemos aprender a aprovecharlos.
Para mí, negar estos cambios no es una opción. La Inteligencia Artificial, por ejemplo, ya forma parte de nuestra vida diaria y del entorno profesional. Prohibir su uso en las escuelas con el fin de evitar el plagio puede parecer lógico, pero hacerlo sin enseñar su uso responsable puede poner en desventaja a nuestros jóvenes frente a quienes sí fueron formados para sacarle provecho ético y productivo.
Mi convicción es clara: debemos preparar a los docentes para utilizar esta tecnología, no solo para facilitar su labor (como corregir exámenes, diseñar materiales, atender individualmente a sus alumnos), sino también para transformar el concepto mismo de tarea y de aprendizaje.
Hoy, más allá de enseñar contenidos, el reto es formar estudiantes con pensamiento crítico, capacidad para aprender a aprender, resolver problemas, desarrollar proyectos, investigar, colaborar, empatizar, respetar, y actuar con ética. En este contexto, las humanidades y la ética no son materias accesorias, sino pilares indispensables para formar ciudadanos íntegros ante el impacto de la tecnología.
Sé que este tema da para un ensayo más largo. Pero mi intención hoy es destacar que ser maestro en estos tiempos exige más que vocación: exige preparación constante, reflexión profunda y apertura al cambio.
Los invito, queridos Jóvenes y no tan Jóvenes, a hacer tres cosas:
1. Recordar con gratitud a los maestros que marcaron su vida.
2. Reflexionar sobre los cambios que hemos vivido en las últimas décadas y cómo han transformado la educación.
3. Aceptar estos cambios con una actitud positiva, de aprendizaje, para aprovecharlos al máximo y ponerlos al servicio del crecimiento humano y de una mejor sociedad.
Compartan sus ideas y reflexiones. Los leo con mucho gusto.
Un abrazo, y muchas felicidades a quienes hoy siguen ejerciendo, con pasión y compromiso, esta gran vocación de ser maestros.
07/03/2025
Estimados jóvenes y no tan jóvenes,
Vivimos tiempos difíciles, marcados por problemas como el crimen organizado, el control de la producción y consumo de dr**as, y la migración forzada en busca de una vida mejor. Estas situaciones no solo deben enfrentarse de manera directa, sino también combatiendo sus causas de fondo. Una de las más importantes es la falta de acceso a una educación de calidad y actualizada para nuestros niños y jóvenes.
Cada estudiante que no recibe una educación adecuada pierde oportunidades de crecimiento y desarrollo. Los resultados de evaluaciones internacionales, como las de la OCDE, reflejan claramente el enorme reto que enfrenta nuestro sistema educativo. Delegar esta responsabilidad únicamente a las autoridades y limitarnos a criticar la situación es, en el fondo, una forma elegante de evadir nuestra responsabilidad social.
Quiero compartir con ustedes un ejemplo inspirador de cómo organizaciones y personas comprometidas han decidido actuar. Un grupo de profesionales, en su mayoría exalumnos del Tec de Monterrey, se ha unido para apoyar a docentes del sistema público con acceso limitado a programas de formación. Este esfuerzo se concreta en el programa "Voluntarios por la Educación", auspiciado por los programas sociales del Tec de Monterrey.
A través de este programa en línea de alcance nacional, más de 18,000 docentes han recibido capacitación en tecnología educativa, didáctica y uso de inteligencia artificial en la enseñanza. Todo esto ha sido posible gracias a un equipo de aproximadamente 50 voluntarios activos, quienes donan su tiempo de manera filantrópica.
Al finalizar los cursos, los docentes comparten sus experiencias a través de videos testimoniales. Hoy quiero invitarlos a tomarse dos minutos para escuchar la historia de un director de secundaria pública en Oaxaca. Su testimonio, como muchos otros, me hizo reflexionar sobre el impacto que podemos generar con un poco de generosidad y el uso inteligente de la tecnología disponible.
Te invito a sumarte. Ya sea participando en este programa, en otro proyecto de impacto social o simplemente ayudando en tu comunidad. La generosidad no solo transforma la vida de otros, sino que también da un mayor sentido a la nuestra.
Recuerda: "Es posible mejorar nuestro mundo con pequeñas acciones de cada uno de nosotros."
Te envío un abrazo y mi gratitud por haber leído hasta aquí. ¡Haz tu parte y apoya a tu país!
Testimonial del director de una secundaria en estado de Oaxaca:
https://drive.google.com/file/d/1TWozCVo_mJKPCU111hqKiMxRtN7_mPZ0/view
28/02/2025
Estimados jóvenes y no tan jóvenes,
A menudo me preguntan sobre la importancia del talento en distintas actividades. Es una inquietud natural, ya que desde pequeños nos enseñan a admirar a quienes parecen tener habilidades innatas para la escuela, el deporte o la socialización.
Recuerdo que, a lo largo de mi trayectoria académica, desde la primaria hasta el posgrado, tuve compañeros que, con aparente facilidad, obtenían excelentes calificaciones sin necesidad de estudiar demasiado. Mientras tanto, yo pasaba horas memorizando nombres, fórmulas y hechos históricos con gran esfuerzo. Pronto comprendí que en la escuela había dos caminos para salir adelante: ser naturalmente inteligente o convertirte en un verdadero luchador. Sin dudarlo, me clasifiqué en el segundo grupo.
Con el tiempo, noté algo interesante: algunos de los estudiantes más brillantes en primaria y secundaria comenzaron a quedarse atrás cuando los retos se hicieron más exigentes. No estaban acostumbrados a esforzarse y, cuando las cosas se complicaban, simplemente se daban por vencidos. Por otro lado, en la universidad, vi cómo la inteligencia y el talento destacaban aún más en ciertos compañeros, pero también cómo otras habilidades, como el liderazgo, la capacidad de socializar o la disciplina deportiva, marcaban la diferencia en el desarrollo personal y profesional de cada uno.
Años después, al encontrarme con algunos de ellos, descubrí que no todos los que habían sido considerados talentosos en su juventud habían alcanzado el éxito, mientras que otros, sin un talento académico evidente, habían logrado cosas extraordinarias.
Hace unos años, una exalumna me dijo que, gracias a mi inteligencia, había llegado a ser rector. Mi primera reacción fue negarlo, pero la pregunta quedó rondando en mi mente: ¿qué me llevó realmente a alcanzar mis metas? No me consideraba particularmente inteligente ni talentoso, así que debía haber otra explicación.
Reflexionando, encontré varias razones: mi deseo de contribuir a los demás, mi pasión por construir sistemas que ayudaran a mejorar la educación en mi país y, quizás, un poco de suerte al estar en el lugar y momento adecuados. Pero había algo más.
Pensé en muchos compañeros que tampoco fueron estudiantes destacados, pero que con el tiempo lograron un éxito admirable, cada uno según sus propios valores y aspiraciones. También recordé a muchos jóvenes talentosos que no lograron lo que parecía estar destinado para ellos. Entonces, la respuesta se hizo evidente: la inteligencia y el talento no son suficientes. Hay dos ingredientes clave que hacen la diferencia: la pasión y la perseverancia.
Ahora bien, ustedes podrían preguntarse si estos dos elementos son útiles solo en la juventud y en la vida profesional, o si siguen siendo esenciales al retirarnos. Mi respuesta es un rotundo sí, y quizás sean aún más importantes en esa etapa.
Al retirarnos, necesitamos una pasión, una actividad que nos motive cada día a levantarnos con entusiasmo (ya sea enseñar, pintar, escribir, viajar, etc.). Y además, debemos mantener la disciplina y la perseverancia para cuidar nuestra salud, hacer ejercicio y alimentarnos bien, porque vivir muchos años solo tiene sentido si los vivimos con calidad, autonomía y plenitud.
La constancia y la tenacidad que me enseñó mi madre, sumadas a la exigencia de mi padre, me dieron una capacidad que, con el tiempo, descubrí que era más valiosa que la inteligencia, los contactos o incluso el liderazgo natural que algunos de mis compañeros poseían.
Mis estimados jóvenes y no tan jóvenes, Dios nos dio talentos en diferentes formas y magnitudes, pero siempre hay una manera de salir adelante si cultivamos la perseverancia y encontramos aquello que nos apasiona.
¡Ánimo! No se trata solo de lo que tenemos al nacer, sino de lo que hacemos con ello a lo largo de la vida.
14/02/2025
Estimados jóvenes y no tan jóvenes:
Este 14 de febrero celebramos el Día del Amor y la Amistad. Más allá del aspecto comercial que suele rodear esta fecha, quiero invitarlos a reflexionar sobre la importancia de tener verdaderos amigos en nuestra vida.
A lo largo de nuestra existencia, conocemos a muchas personas y construimos diversas amistades, pero solo unas pocas llegan a convertirse en verdaderos amigos. Estos son aquellos con quienes compartimos nuestras alegrías y éxitos, pero, sobre todo, son quienes están a nuestro lado en los momentos difíciles. Son las personas en quienes confiamos para pedir consejo y a quienes les permitimos decirnos la verdad, ya sea agradable o difícil de aceptar, porque sabemos que su intención es nuestro bienestar y crecimiento.
Contar con verdaderos amigos nos impulsa a ser mejores, nos ayuda a aprender de la vida y nos motiva a seguir creciendo como personas. Es parte de nuestra naturaleza humana buscar ser la mejor versión de nosotros mismos, y las relaciones significativas juegan un papel clave en ese proceso.
Tómate un momento para identificar, entre todos tus conocidos y amistades, quiénes son realmente tus amigos. Es posible que descubras que son pocos, como me ha sucedido a mí. Y si es así, no te preocupes por aumentar la cantidad de amistades, sino por fortalecer y valorar esos lazos genuinos con quienes realmente importan.
¡Te deseo un feliz Día de la Amistad!❤️
14/01/2025
Estimados jóvenes y no tan jóvenes:
Nos encontramos al inicio del año, un momento en el que habitualmente hacemos propósitos para crecer y ser mejores personas. Esta costumbre está asociada con emociones y sentimientos de renovación y esperanza, características de los comienzos.
Sin embargo, también sabemos que, como cada año, durante las primeras semanas o meses, muchos de estos propósitos empiezan a desvanecerse. Un ejemplo común es el aumento de inscripciones y asistencia en los gimnasios durante enero, seguido por un descenso en marzo, cuando la asistencia regresa a niveles habituales.
Generalmente, bromeamos sobre nuestra falta de perseverancia, pero esta realidad nos invita a reflexionar: cumplir con los propósitos no solo es un logro en sí mismo, sino también una oportunidad para crear hábitos positivos que, a largo plazo, nos ayudarán a mantener nuestros objetivos y seguir creciendo. El enfoque, entonces, debería estar más en desarrollar buenos hábitos que en perseguir propósitos aislados.
Autores como James Clear (Atomic Habits) y Charles Duhigg (El poder de los hábitos) subrayan la importancia de definir metas claras y alcanzables. Por ejemplo, en lugar de proponernos algo vago como “mejorar mi salud”, podríamos establecer un objetivo más concreto: “Durante este año voy a crear el hábito de comer saludablemente, reduciendo el consumo de azúcares y grasas saturadas, y voy a caminar o trotar cinco días a la semana después de trabajar”. Este enfoque incluye un plan claro y un compromiso con la creación de hábitos.
Aquí algunos consejos clave para cumplir nuestras resoluciones y convertirlas en hábitos:
Metas alcanzables: Establece objetivos realistas. Si no has hecho ejercicio por mucho tiempo, no comiences intentando correr un maratón. Ve paso a paso; por ejemplo, empieza caminando 15 minutos al día.
Medir el progreso: Lo que se mide, se mejora. Registrar tus avances te motiva a seguir adelante y te permite ajustar el plan si es necesario.
Estructura del hábito: Cada hábito consta de tres pasos: un disparador, una acción y una recompensa. Por ejemplo, si quieres salir a correr, el disparador podría ser “al llegar a casa después del trabajo”; la acción sería “salir a correr”, y la recompensa, “sentir las endorfinas y la satisfacción de haberlo logrado”.
Persistencia consciente: Durante las primeras semanas, necesitarás ser deliberado en repetir la actividad hasta que se convierta en un hábito. Por ejemplo, si llegas cansado del trabajo, deberás resistir la tentación de sentarte frente al televisor y, en su lugar, elegir salir a correr.
Con el tiempo, lo que al principio requiere esfuerzo se convierte en algo automático. Después de unas semanas, incluso podrás disfrutarlo, y tu cuerpo te lo pedirá de manera natural. Habrás logrado tu propósito y creado un hábito positivo que mejorará tu calidad de vida.
Estimados jóvenes y no tan jóvenes: los invito a reflexionar sobre sus propósitos para este año y a enfocarse en la creación de hábitos que les permitan crecer y vivir cada día más plenamente.
Les mando un abrazo y los animo a desarrollar hábitos positivos.
31/12/2024
Estimados jóvenes y no tan jóvenes:
Reciban un afectuoso saludo y mis mejores deseos para este 2025 que comienza. Este nuevo año es una oportunidad para reflexionar sobre lo vivido, aprender de nuestros aciertos y errores, y trazar con claridad las metas que queremos alcanzar.
Vivimos tiempos de incertidumbre y retos, pero también de grandes posibilidades. Por eso, los invito a afrontar este nuevo ciclo con optimismo y esperanza, convencidos de que cada día nos acerca a nuevas oportunidades. Las dificultades están ahí, pero no permitamos que nos nublen la visión para encontrar soluciones y aprovechar los momentos de crecimiento que nos esperan.
Cada mañana, inicien su día con el propósito de ser mejores, no solo para ustedes mismos, sino también para quienes los rodean. A veces, un gesto tan sencillo como una sonrisa, un saludo amable o una palabra de ánimo puede marcar una gran diferencia en el día de alguien más. Estas acciones, aunque pequeñas, son poderosas catalizadores de esperanza y unión en nuestras comunidades.
El mundo y nuestro país necesitan, más que nunca, una dosis renovada de optimismo y solidaridad. Frente a los desafíos, tenemos la oportunidad de ser agentes de cambio, de contagiar esperanza y de trabajar juntos para construir un futuro más prometedor.
Es crucial que aprendamos a respetar y valorar las diferencias. El diálogo y la tolerancia son herramientas esenciales para fortalecer los lazos sociales. La crítica destructiva solo nos divide, mientras que la empatía y el respeto nos unen como sociedad.
Hagamos de este 2025 un año para celebrar, construir y, sobre todo, compartir. Promovamos juntos una verdadera epidemia de optimismo, donde nuestras acciones, palabras y pensamientos positivos inspiren a otros a sumarse a esta causa. Unidos, podemos enfrentar cualquier desafío y crear un entorno donde las oportunidades sean mayores que las amenazas.
Les deseo un año lleno de éxitos, aprendizajes y momentos significativos. ¡Hagamos de este 2025 un año extraordinario!
20/12/2024
Estimados jóvenes y no tan jóvenes:
En esta Navidad quiero enviarles un cálido saludo y mis mejores deseos para ustedes y sus seres queridos. Es tiempo de celebrar, de reunirnos con amigos y compañeros en las tradicionales posadas navideñas, y también una oportunidad para reflexionar.
Recordemos la importancia de la generosidad hacia quienes nos rodean y hacia nuestra sociedad. Este es, en esencia, el verdadero espíritu navideño que debemos mantener presente. Reflexionemos sobre cómo podemos aportar, aunque sea un grano de arena, para construir un mundo mejor en medio de las incertidumbres y grandes retos que enfrentamos.
No nos quedemos como simples espectadores o críticos de lo que sucede a nuestro alrededor. Los invito a ser parte activa del cambio y a contribuir a una sociedad más justa y solidaria.
¡Feliz Navidad!
12/08/2024
Estimados jóvenes y no tan jóvenes:
Durante estos días, he tenido la oportunidad de ver los eventos de las Olimpiadas de este verano en París. Al observar las reacciones de los atletas, reflexioné sobre sus logros. Muchos de ellos han dedicado gran parte de su vida a prepararse para estas competencias, sacrificando numerosas actividades para alcanzar sus objetivos. A menudo, vemos cómo, en cuestión de segundos, todo ese esfuerzo puede desmoronarse, pero también cómo logran sobreponerse y regresar en la siguiente olimpiada.
¿Cuál es la fórmula que siguen estos atletas? Primero, es necesario tener un talento natural que debe desarrollarse. Segundo, debe haber un gran amor por el deporte que practican. Tercero, es fundamental contar con técnica, educación y un entrenador o entrenadores que guíen, asesoren y motiven al atleta a seguir adelante.
Sin embargo, para que todo esto funcione, el atleta debe ser disciplinado y perseverante, dedicando el tiempo necesario para perfeccionar su talento. A través de este proceso, no solo mejora sus habilidades deportivas, sino que también desarrolla cualidades como la perseverancia, la voluntad y la disciplina. Sin estas, el talento por sí solo no destaca. Un elemento crucial es contar con un entrenador que aplique la técnica adecuada.
La fórmula para tener éxito en la vida es la misma que siguen los atletas sobresalientes. Identifica tus talentos y asegúrate de que desarrollarlos te apasione, te interese y tenga trascendencia. Encuentra a tus mentores o profesores, quienes te guiarán y asesorarán con la técnica y habilidades necesarias para lograr tus objetivos. Desarrolla tus habilidades de perseverancia, voluntad y disciplina. Si sigues estos pasos, alcanzarás las olimpiadas de la vida.
Quizás algunos de los jóvenes no tan jóvenes se pregunten: “¿Y para qué me sirve esta fórmula si ya soy un joven no tan joven?”. La respuesta es que esta fórmula es aún más poderosa para ustedes, ya que están en una etapa de la vida en la que tienen experiencia, conocen sus talentos y pueden seguir estudiando y desarrollándose gracias a la tecnología, que pone a su disposición todo el conocimiento necesario.
Así que, asegúrate de tener la voluntad, el amor por lo que deseas hacer y la madurez para ser lo suficientemente perseverante. Recuerda que no solo debe gustarte y apasionarte lo que deseas hacer; al igual que los atletas, es necesario adquirir la técnica y el conocimiento. Y, muy importante, contar con un mentor o maestro que te guíe.
Nunca es tarde para soñar y prepararte para llegar a las olimpiadas de la vida.
Te mando un abrazo.
15/07/2024
En enero de 1967, terminé mi maestría en la Universidad de Wisconsin en Madison y conseguí mi primer trabajo en Honeywell, Minneapolis. Todo era nuevo para mí: la gran ciudad, la independencia económica y la libertad. Disfrutaba mi trabajo y era feliz emocionalmente, pero un día, viendo a mis compañeros en sus escritorios, me pregunté: "¿A dónde voy? ¿Qué falta en mi vida?"
Durante las siguientes semanas, me dediqué a platicar con personas de gran experiencia, con ingenieros a mitad de su carrera profesional. Yo podía replicar aquellas carreras, pero había algo que seguía haciendo ruido en mi mente.
Un día, recibí una llamada de mi querido mentor y exprofesor, el Ing. Juan Antonio González Aréchiga, invitándome a regresar al Tec de Monterrey. Siempre quise hacer algo por mi país, así que acepté.
Al llegar, encontré la ciudad muy desmejorada según mi apreciación, por lo que me pregunté: "¿Qué le ha pasado a esta ciudad, que ahora veo diferente?" Pronto comprendí que no había cambiado la ciudad, sino que el que había cambiado era yo. En mi mente recordaba los aspectos positivos, pero no los negativos. En cuanto a mi trabajo en el Tec, fue lo mismo, pues lo veía lento y burocrático, pero era el mismo Tec que había dejado.
Al empezar a colaborar en el Tec, fui descubriendo que, además de gustarme mucho mi trabajo porque sentía que tenía un impacto al estar contribuyendo a educar a jóvenes, desarrollar nuevos programas y construir nuevos laboratorios, había que encontrar recursos a través de programas de extensión. Sentía que todo esto generaba en mí energía y entusiasmo, a pesar de lo caótico que era todo. Pasaba largas horas trabajando, las cuales se iban rápido.
Por fin, después de un año, llegaba el momento de decidir si me quedaba a trabajar en este mundo caótico, incierto y a veces no muy estable, o regresaba a un mundo más estable y planeado, con un trabajo definido, un buen sueldo y un estándar de vida relativamente más alto. Decidí quedarme en mi mundo caótico, donde había crecido, y la razón fue apreciar la posibilidad de contribuir de manera significativa al mejoramiento de mi institución, lo que daba un gran sentido de trascendencia a mi vida.
Es claro que mi trabajo en Minneapolis también tenía trascendencia, pero no tenía comparación con la que tendría mi trabajo en mejorar mi país. En Minneapolis, era un buen ingeniero con buen sueldo entre miles.
También en México uno puede tener un trabajo con buen sueldo, de eso no hay duda. Pero la famosa trascendencia tiene un costo, y ese costo se traduce, quizás, en un sueldo más bajo y en condiciones a veces no muy fáciles, como puede ser el grado de incertidumbre en el que se vive en nuestro país. La trascendencia cuesta sacrificio y dedicación; no es gratis.
¿Qué te quiero decir, mi querido joven y no tan joven? Muchas veces pensamos o sentimos que nuestro trabajo es solo para ganar recursos financieros y que tiene poca trascendencia, por no decir ninguna, cuando en realidad nuestro trabajo la tiene, si la sabemos buscar y encontrar. Al hacerlo, nuestra actitud hacia nuestro trabajo cambia de manera positiva.
Además, dar un poco de nuestro tiempo a actividades filantrópicas o simplemente ayudar a alguien durante nuestro día contribuye a este sentido de trascendencia en nuestra vida.
No sé mucho sobre el tema de la felicidad, pero sí te puedo decir que trabajar en algo que tenga trascendencia y deje un legado es parte de la felicidad de una persona. Mi estimado joven y no tan joven, te invito a encontrar el sentido de tener trascendencia. No importa en qué etapa de tu vida o trabajo te encuentres.
Un abrazo y que tengas un excelente inicio de semana.
02/07/2024
Estimados jóvenes y no tan jóvenes:
Muchas veces escucho a personas decir frases como: “Es que logra esto o aquello porque es muy inteligente”. En nuestra sociedad, tener un alto coeficiente de inteligencia se asocia con un valor muy importante para alcanzar el éxito en la vida. La alta inteligencia es un factor que ayuda, pero hay otros factores que a veces tienen más peso y que tendemos a olvidar o no darles importancia.
Por ejemplo, hay personas con un gran espíritu emprendedor que es su motor, aunque su coeficiente intelectual sea medio. Sin embargo, logran el éxito desarrollando empresas exitosas. En mi caso, concluyo que fue la perseverancia y la fuerza de voluntad lo que me ayudó a salir adelante en la vida y lo que me impulsó.
Pero primero, déjenme aclarar que nunca fui un estudiante con calificaciones sobresalientes. En efecto, fui lo que se llama un perfecto "machetero". Mis compañeros bromeaban conmigo porque me veían esforzándome por sacar buenas calificaciones, aunque estuvieran lejos de ser sobresalientes. Además, mi memoria no solo era mala, sino pésima.
Recuerdo a mi mamá poniéndome a hacer la tarea cuando estaba en primaria, a leer y a hacer aritmética. Creo que ella sufría al ver que mi cabeza no daba para mucho.
¿Pero de dónde viene esa tenacidad y fuerza de voluntad?
En mi caso, surgió de no haber tenido las cosas fáciles, gracias a un padre que me enseñó el valor de la superación, el esfuerzo y la austeridad como principios fundamentales. También tuve una madre que me inculcó la constancia a toda costa, obligándome a hacer las tareas de primaria, muchas veces en contra de mi voluntad. Nunca aprendí a leer correctamente, lo cual debió frustrarla, aunque nunca me lo dijo.
También recuerdo, en especial, a una maestra de primaria que me enseñó a fortalecer la voluntad a base de ejercitarla. Esta maestra nos ponía ejercicios de disciplina mental. Un ejemplo era: "Deseo tomar agua porque tengo mucha sed" y, en lugar de tomar el vaso de agua inmediatamente, debíamos esperar cinco minutos o el tiempo que decidiéramos antes de beberlo. La suma de ejercicios similares desarrollaba esta capacidad mental, lo cual ahora comprendo. Sin embargo, en aquella época de niño, pensaba que a la maestra le faltaba un tornillo.
Con el tiempo, ya de adulto, empecé a escuchar sobre algo llamado formación del carácter. Y sí, estas actividades y otras influyeron en mi carácter. Después, en la preparatoria de los Jesuitas, me enseñaron a luchar por la justicia y la generosidad para quienes menos tienen. Recuerdo ir a visitar hospitales y conversar con personas en situaciones difíciles y drásticas, conversaciones que nunca olvidaré.
Me hubiera gustado tener la oportunidad de aprender muchas otras cosas, como lo que ahora se llama "pensamiento crítico", que implica, entre otras cosas, no creer todo lo que aparece en internet o en los medios de información, especialmente si hay políticos involucrados. Me hubiera gustado que mis maestros, en lugar de pedirme memorizar datos, me hubieran puesto actividades para desarrollar mi creatividad e imaginación.
¿A dónde quiero llegar, mis estimados jóvenes y no tan jóvenes?
Hoy en día, la educación que impartimos a los niños y jóvenes, tanto en nuestras casas como en las instituciones educativas, debe evolucionar para incluir actividades que desarrollen el carácter, la perseverancia y la llamada fuerza de voluntad.
Aprender conocimientos ha dejado de ser una prioridad, pues todo se puede encontrar en segundos gracias a los buscadores y a la inteligencia artificial. Sin embargo, no debemos cegarnos ante estos avances tecnológicos, los cuales son maravillosos, sino que debemos replantearnos cuáles son los elementos más importantes para preparar a los niños y jóvenes para un futuro incierto, pero prometedor.
Darle un celular a un niño inteligente para que pase el tiempo chateando y jugando no creo que sea la solución. Es necesario involucrar a los alumnos en su propio aprendizaje, desarrollar hábitos que fortalezcan su carácter y pensamiento crítico, además de fomentar la conciencia sobre la desigualdad en nuestra sociedad y la importancia de participar activamente en ella, en lugar de ser solo espectadores esperando que alguien venga a resolver nuestros grandes retos.
Mis estimados jóvenes y no tan jóvenes, los invito a reflexionar sobre la importancia de replantear la educación, pues es el futuro de nuestra sociedad.
Les mando un abrazo.
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