Libris Line
Venta de libros de segunda mano, desde novelas a libros académicos.
02/10/2013
02/10/2013
Los 100 libros que todo el mundo debería leer, según David Bowie.
Entre otros, Bowie destaca una de las novelas más frescas de los últimos años, 'La maravillosa vida breve de Óscar Wao', de Junot Díaz
La Art Gallery de Toronto (Canadá) acoge actualmente una retrospectiva sobre David Bowie: setlist, letras, instrumentos, vestuario, vídeos musicales... Toda una recopilación de objetos curiosos que acercan al visitante el universo del artista inglés.
Entre curiosidad y curiosidad, los comisarios de la muestra han compartido una lista con los 100 libros imprescindibles de David Bowie que todo el mundo ha de leer.
La recopilación de títulos incluye obras desde 1945 hasta 2008. Entre ellas, clásicos como 'A sangre fría', de Truman Capote; 'La naranja mecánica', de Anthony Burgess; 'En la carretera', de Jack Kerouac; 'Lo**ta', de Vladimir Nabokov.
Además, incluye novelas publicadas en los últimos años, tales como 'La maravillosa vida breve de Óscar Wao', escrita por Junot Diaz y ganadora del Premio Pulitzer de novela 2008, y otros autores recientes como Susan Jacoby, Sarah Waters, Howard Norman o Lawrence Weschler.
Lee aquí la lista completa con los 100 libros escogidos por Bowie.
The Age of American Unreason, Susan Jacoby, 2008
The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, Junot Diaz, 2007
The Coast of Utopia (trilogy), Tom Stoppard, 2007
Teenage: The Creation of Youth 1875-1945, Jon Savage, 2007
Fingersmith, Sarah Waters, 2002
The Trial of Henry Kissinger, Christopher Hitchens, 2001
Mr. Wilson's Cabinet of Wonder, Lawrence Weschler, 1997
A People's Tragedy: The Russian Revolution 1890-1924, Orlando Figes, 1997
The Insult, Rupert Thomson, 1996
Wonder Boys, Michael Chabon, 1995
The Bird Artist, Howard Norman, 1994
Kafka Was The Rage: A Greenwich Village Memoir, Anatole Broyard, 1993
Beyond the Brillo Box: The Visual Arts in Post-Historical Perspective, Arthur C. Danto, 1992
Sexual Personae: Art and Decadence from Nefertiti to Emily Dickinson, Camille Paglia, 1990
David Bomberg, Richard Cork, 1988
Sweet Soul Music: Rhythm and Blues and the Southern Dream of Freedom, Peter Guralnick, 1986
The Songlines, Bruce Chatwin, 1986
Hawksmoor, Peter Ackroyd, 1985
Nowhere To Run: The Story of Soul Music, Gerri Hirshey, 1984
Nights at the Circus, Angela Carter, 1984
Money, Martin Amis, 1984
White Noise, Don DeLillo, 1984
Flaubert's Parrot, Julian Barnes, 1984
The Life and Times of Little Richard, Charles White, 1984
A People's History of the United States, Howard Zinn, 1980
A Confederacy of Dunces, John Kennedy Toole, 1980
Interviews with Francis Bacon, David Sylvester, 1980
Darkness at Noon, Arthur Koestler, 1980
Earthly Powers, Anthony Burgess, 1980
Raw (a ‘graphix magazine') 1980-91
Viz (magazine) 1979 -
The Gnostic Gospels, Elaine Pagels, 1979
Metropolitan Life, Fran Lebowitz, 1978
In Between the Sheets, Ian McEwan, 1978
Writers at Work: The Paris Review Interviews, ed. Malcolm Cowley, 1977
The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind, Julian Jaynes, 1976
Tales of Beatnik Glory, Ed Saunders, 1975
Mystery Train, Greil Marcus, 1975
Selected Poems, Frank O'Hara, 1974
Before the Deluge: A Portrait of Berlin in the 1920s, Otto Friedrich, 1972
In Bluebeard's Castle : Some Notes Towards the Re-definition of Culture, George Steiner, 1971
Octobriana and the Russian Underground, Peter Sadecky, 1971
The Sound of the City: The Rise of Rock and Roll, Charlie Gillete, 1970
The Quest For Christa T, Christa Wolf, 1968
Awopbopaloobop Alopbamboom: The Golden Age of Rock, Nik Cohn, 1968
The Master and Margarita, Mikhail Bulgakov, 1967
Journey into the Whirlwind, Eugenia Ginzburg, 1967
Last Exit to Brooklyn, Hubert Selby Jr. , 1966
In Cold Blood, Truman Capote, 1965
City of Night, John Rechy, 1965
Herzog, Saul Bellow, 1964
Puckoon, Spike Milligan, 1963
The American Way of Death, Jessica Mitford, 1963
The Sailor Who Fell From Grace With The Sea, Yukio Mishima, 1963
The Fire Next Time, James Baldwin, 1963
A Clockwork Orange, Anthony Burgess, 1962
Inside the Whale and Other Essays, George Orwell, 1962
The Prime of Miss Jean Brodie, Muriel Spark, 1961
Private Eye (magazine) 1961 -
On Having No Head: Zen and the Rediscovery of the Obvious, Douglas Harding, 1961
Silence: Lectures and Writing, John Cage, 1961
Strange People, Frank Edwards, 1961
The Divided Self, R. D. Laing, 1960
All The Emperor's Horses, David Kidd,1960
Billy Liar, Keith Waterhouse, 1959
The Leopard, Giuseppe Di Lampedusa, 1958
On The Road, Jack Kerouac, 1957
The Hidden Persuaders, Vance Packard, 1957
Room at the Top, John Braine, 1957
A Grave for a Dolphin, Alberto Denti di Pirajno, 1956
The Outsider, Colin Wilson, 1956
Lo**ta, Vladimir Nabokov, 1955
Nineteen Eighty-Four, George Orwell, 1949
The Street, Ann Petry, 1946
Black Boy, Richard Wright, 1945
02/10/2013
Libros, libreros, librerías.
Siempre creí que las librerías eran lugares donde se vendían libros, hasta que visité por primera vez a España en 1992, con mi amigo José Alfonso Jasmen. Fue un viaje memorable. Por recomendación de un profesor, el historiador Juan Eduardo Vargas, me dirigí la librería Marcial Pons, donde debía preguntar por Luis Domínguez. Lo hice, compré varios libros —demasiados, en realidad, para mi presupuesto de estudiante—, y en medio de la conversación le pregunté a Luis desde cuándo vendía libros. La respuesta me cambió la perspectiva: “Yo no vendo libros. Soy librero”. En la explicación, cuyos detalles exactos no recuerdo, me comentó que no se trataba simplemente de vender, ni de cambiarse de área para comerciar otro producto. Ser librero es un oficio, una consagración vocacional, una opción personal por la cultura. De paso entendí entonces que una librería es mucho más que un espacio de compraventa de libros, para transformarse en un centro cultural, en un foco privilegiado de amistad, en tránsito obligado de las personas que se dedican al mundo de las letras, pero también para los padres con sus hijos o los jóvenes que quieren hacer un regalo menos convencional a sus amigos o enamorados.
Vuelvo al tema por sucesos de una curiosa coincidencia cronológica. En Madrid, entre el 2 y 4 de octubre se realiza Liber, el gran encuentro internacional del Libro que este año tiene a Chile como invitado especial, con presencia de su ministro de Cultura Roberto Ampuero, a su vez escritor. Nueva gran instancia para pensar en la edición y publicación de obras, en la lectura y sus posibilidades, en las nuevas tecnologías que parecen invadirlo todo. Pero también una gran oportunidad para renovar la fe en los libros, en los libreros y en las librerías, y en su invaluable contribución histórica al progreso humano y al desarrollo de la cultura en el mundo.
Esto ocurre unos días después de que he terminado de leer un libro apasionante, mezcla de ensayo y guía de viajes, comentario bibliográfico y autobiografía, de Jorge Carrión, Librerías (Barcelona, Anagrama, 2013). El autor procura, con pasión juvenil nunca perdida, recordar y dar a conocer las librerías conocidas a lo ancho del mundo, pero no simplemente por una acumulación de información, sino que por su relevancia vital, por las oportunidades que le abrió, tanto para acercarse a obras y autores fundamentales, así como para conocer mejor la realidad social y política del país visitado.
Vivimos, para quienes se mueven en torno al mundo de la cultura y específicamente de los libros, un momento que algunos han llamado crepuscular, marcada por la nostalgia. Desaparecen librerías que llenaron época, algunas editoriales son fagocitadas, las bibliotecas tienen que reinventarse. Sin embargo, no parece estar ahí el problema más grave. Lo crucial es la curiosa paradoja que se produce en un mundo donde, como nunca antes, se ha producido una democratización del libro y la cultura (entre otras cosas por el impacto de internet) y, por otro lado, los lectores no parecen aumentar ni cualitativa ni cuantitativamente.
Tiene razón el editor Carlos Pascual cuando afirma que su preocupación principal por los libros no es por la nostalgia de librero, sino “que haya lectores”, como plantea en el interesante texto escrito junto a Paco Puche y Antonio Ribero, Memoria de la librería (Madrid, Trama Editorial, 2012). Lo cual nos lleva al tema crucial que hemos mencionado en otra oportunidad en “El futuro de la lectura” (El Imparcial, 6 de mayo de 2013). Lo que vaya a ocurrir con los libros, los libreros y las librerías no se agota en el modo específico de presentación de una obra literaria, pues su valor fundamental es la lectura, la pasión con que nos acercamos a los grandes clásicos o a los escritos novedosos, la convicción de que aprender a leer no es un logro obtenido por una vez, sino un compañero de ruta que nos acompañará hasta la muerte. Padres y profesores tienen una tarea primordial en asumir este desafío, al igual que los medios de comunicación y todos los que circulan en torno al mundo de los libros.
Como una coincidencia que se agradece, se inauguró a fines de septiembre la exposición La lengua y la palabra. Trescientos años de la Real Academia Española, comisariada por Carmen Iglesias y José Manuel Sánchez Ron, que presentó además un precioso libro homónimo (Madrid, 2013). Se expone en la Biblioteca Nacional de España, que a su vez cumplió 300 años durante el 2012. En lo que se refiere a los autores y obras, la exposición muestra retratos, joyas bibliográficas, documentos manuscritos, así como algunas muestras de la democratización de la educación y la cultura.
Si miramos todo esto en una perspectiva más amplia, nos damos cuenta de que no se trata simplemente reuniones de sabios o colecciones de libros, sino algo mucho más profundo: son representantes de la cultura en lengua española, lugar de encuentro de las letras, espacio privilegiado para seguir pensando la comunidad hispanohablante con un sentido unitario y de futuro, en lo cual la Real Academia Española de la Lengua ha desempeñado un papel fundamental.
Volver al tema de libros y libreros, librerías y bibliotecas, no corresponde ni a un epitafio anticipado ni a las loas exageradas de un discurso fúnebre. Tampoco se refiere al resurgimiento de la nostalgia por un mundo que va muriendo. Eso podría ser solo una apariencia fugaz por una época de transformaciones, aunque también responde a datos objetivos de cambios en las costumbres lectoras y en los medios de difusión del conocimiento. Cambios que —si somos sensatos— deberíamos aplaudir con entusiasmo y estimular con decisión, como ocurre en el caso del desarrollo tecnológico.
Es verdad que en el camino se verán afectados, al menos parcialmente, los hábitos inveterados que nos llevan a visitar una ciudad y sus librerías; a acumular libros leídos y por leer, junto a aquellos que quizá nunca abriremos y que solo forman parte del paisaje doméstico; asimismo en el mundo del libro será parte de las conversaciones nostálgicas o incluso irritadas que se preguntan cómo salvar una era que parece que está acabando. Quizá la respuesta sea aquella que dio Jorge Edwards (Premio Cervantes 1999) de manera simple y clara en su reciente visita a Segovia: “Mientras haya escritura y lectura, habrá vida”.
Solo depende de nosotros entonces, que los próximos años asistamos al funeral de aquello que hemos conocido y amado, o bien observemos la renovada y alegre constatación de que todavía hay vida, mucha vida, hermosa y digna de ser vivida.
El auge de los libros de segunda mano.
El elevado precio de los libros de texto favorece la aparición de alternativas más económicas en tiempos de crisis.
Éxito garantizado
Un negocio eficaz, pues los oferentes se desprenden de un material innecesario a cambio de un precio lógico para tratarse de bienes usados, y además, ayudan a abastecer a esos padres —para los que esta época del año resulta siempre un calvario— por la mitad de precio que le cobrarían en otros establecimientos.
La falta de becas dispara la compraventa de libros usados
Padres ofrecen en internet los textos de segunda mano de sus hijos por entre 6 y 15 euros la asignatura con el fin de adquirir los del nuevo curso.
01/10/2013
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