Espacio Raíces
Un espacio donde trabajar con el cuerpo y las emociones te permitirá recuperar vitalidad.
Un espacio donde trabajar con el cuerpo y las emociones te permitirá VIVIR y no sobrevivir
18/06/2026
Creemos que habitar el cuerpo es una tarea más, algo que añadir a la lista de obligaciones. Pero en realidad empieza cuando paramos. Cuando dejamos de correr detrás de la prisa y soltamos el impulso de controlar cada sensación. Habitar no es hacer más: es permitirnos llegar, aflojar y abrir un espacio donde el cuerpo pueda mostrarse sin exigencias.
Y desde ahí, las palabras de Laura Grinsztajn se sienten aún más claras y contundentes:
"La consciencia es un estado en el que la mente está presente en lo que hace, y no distraída con cualquier otro pensamiento vagabundo. Si queremos hacer un trabajo corporal consciente, si queremos 'habitar nuestro cuerpo', no podemos limitarnos a unas determinadas horas a la semana en que practicamos unos ejercicios, acudimos a clase o a una terapia. Lo ideal sería que tras tomar consciencia de lo que está haciendo nuestro cuerpo en cada momento, llevásemos esa observación a todas las situaciones de la vida diaria."
Cuando dejamos de empujar y empezamos a escuchar, la consciencia deja de ser un esfuerzo y se convierte en una forma de vivir. Una manera más lenta, más honesta y más presente de estar en nosotr@s mism@s. No se trata de añadir prácticas, sino de soltar la velocidad que nos desconecta y hacer espacio para que el sentido que nos muestran las prácticas nos vuelva a conectar.
No se trata de controlar el cuerpo, sino de habitarlo.
13/06/2026
En nuestra vida solemos hablar de “pensar con la cabeza”, como si la mente fuera el único lugar legítimo desde el cual decidir. Pero las teorías psicocorporales y somáticas nos recuerdan que el cuerpo no es un accesorio: es un territorio vivo de percepción y memoria.
Cada vez que respiramos conscientemente, que nos movemos, ejercitamos, respiramos o meditamos, no solo “hacemos algo bueno para la salud” tal y como ya está asumido socialmemte. Si no que en mayor o menor medida y según la actividad, estamos trabajando en la integración de dos lenguajes: el de la razón que ordena y el de la sensación que guía. Y lo mismo en cualquier actividad, en cualquier vínculo o situación.
La psicoanalista Susana Kesselman nos invita a reconocernos como “seres sentipensantes”(un término que me encanta), capaces de unir pensamiento y sentimiento en una misma experiencia vital. Practicar desde el cuerpo es recordar que somos más que ideas: somos piel, latido, energía en movimiento.
Cuando entendemos esto, las prácticas dejan de ser rutinas externas y se convierten en actos de reconexión con nuestra naturaleza viva. No se trata de elegir entre cabeza o cuerpo, sino de permitir que ambos dialoguen y nos orienten en el proceso de vivir. Sentirnos uno.
🌳👣
Sesiones: www.anacuerdoespacioraices.es
12/06/2026
A veces recordamos junt@s en cómo vivíamos "antes".
No hace tanto: ese “antes” que todavía puedo recordar en el cuerpo.
Había más huecos. Más aire. Más posibilidad de aburrirse sin culpa.
Hoy no es tan sencillo. Porque el mundo dejó de permitirlo. Los trabajos piden más. La burocracia pide más. La economía pide más. La vida cotidiana se volvió una carrera de trámites, pantallas, notificaciones y urgencias que no existían hace veinte años.
Más allá de la nostalgia, que para quienes hemos vivido entre las dos eras, es una constatación. El entorno cambió y nuestros cuerpos lo sienten.
Antes, el descanso era accesible. Ahora parece un privilegio.
Antes, lo simple alcanzaba. Ahora todo exige rendimiento, incluso lo íntimo.
Y aún así el cuerpo recuerda. Recuerda cuando la mente podía divagar sin prisa, cuando el silencio no daba miedo ( o al menos era otro miedo), recuerda cuando no había que demostrar nada para existir.
Creo que el desafío de esta época no es “ser más productiv@s”, sino recuperar espacios donde no pase nada.
Defender pequeñas pausas como si fueran territorio sagrado.
Crear micro‑ritmos propios dentro de un mundo que va demasiado rápido.
Simple y llanamente para no perdernos.
Para que la vida no se convierta solo en responder demandas. Para que el cuerpo vuelva a ser un lugar habitable.
Quizá el acto más radical hoy sea este:
permitirnos, aunque sea un momento, no hacer.
Respirar.
Aburrirnos un poco.
Recordar que somos más que la velocidad que nos rodea.
Algunos de mis rincones y también mis herramientas prácticas me lo permiten.
Deseo que también lo encuentres, rincones habitables. Ya me entiendes ❤️
Sesiones individuales para estar en ti:
www.anacuerdoespacioraices.es
09/06/2026
HABITAR EL CUERPO desde James Kepner y Ruella Frank.
Kepner entiende el cuerpo como un proceso en movimiento, no como un objeto que “tiene” sensaciones, sino como un organismo que experimenta y significa a través de su forma, su postura y su respiración.
En Proceso corporal, describe cómo la postura, los movimientos y las experiencias corporales son parte esencial del trabajo terapéutico, integrando cuerpo y mente en una sola unidad .
Para Kepner, habitar el cuerpo implica:
- Reconocer cómo la historia emocional se expresa en la estructura corporal.
- Ampliar la conciencia somática para que la persona pueda sentir, nombrar y reorganizar su experiencia.
- Integrar respiración, movimiento y contacto como vías para desbloquear patrones congelados.
Ruella Frank pone el foco en cómo el cuerpo se organiza en relación con el entorno. Su mirada es muy relacional: observa patrones de movimiento, ritmos, apoyos y microgestos que revelan cómo la persona se vincula.
En su propuesta, habitar el cuerpo significa:
- Sentir el apoyo (grounding) en la relación con el entorno.
- Reconocer patrones de movimiento tempranos que siguen actuando en la vida adulta.
- Explorar cómo el cuerpo busca contacto, distancia, sostén o regulación.
- Comprender que el self se organiza a través de movimientos, ritmos y formas de presencia.
Mientras Kepner mira la estructura corporal como historia, Frank mira la organización corporal como relación.
Si bien son complementarios destaco un hilo común: habitar el cuerpo es volver al presente
Ambos coinciden en algo esencial:
habitar el cuerpo es volver al aquí‑y‑ahora de la experiencia, donde se puede sentir, nombrar, reorganizar y elegir.
En ambos enfoques, la respiración es una frontera viva: un borde que se abre y se cierra, que recibe y entrega, que organiza la presencia. Habitar el cuerpo, desde esta perspectiva, es habitar la respiración tal como es, sin forzarla, permitiendo que revele cómo nos sostenemos, cómo nos protegemos y cómo podemos volver a entrar en contacto con la vida que pulsa dentro y fuera.
04/06/2026
Regular entre el sostén y el soltar: el movimiento como puente
Habitar el cuerpo es aprender a moverse entre dos fuerzas esenciales: sostenernos y soltar la sobrecarga. En ese vaivén, contacto y retirada, expansión y repliegue, se revela nuestra manera de estar en el mundo.
En terapia psicocorporal, el cuerpo se comprende como una casa viva: un lugar donde apoyarse, moverse, sentir y vincularse. Las texturas naturales, la luz cálida, los tejidos que se entrelazan evocan ese gesto íntimo de habitarse. No es una metáfora estética: es una experiencia somática real.
James Kepner habla del campo de soporte, esa base interna y externa que permite sostener la experiencia vital sin colapsar. Igual que un cojín o una alfombra que recibe el peso sin rigidez, el cuerpo necesita una estructura flexible que contenga y acompañe.
Cuando el soporte interno es suficiente, la emoción puede desplegarse sin defensa. Los pies encuentran el suelo, las piernas recuerdan su función de sostén, y la musculatura deja de tensarse para sobrevivir y empieza a organizarse para vivir.
Ruella Frank, desde la Gestalt somática, observa que el movimiento es un relato silencioso: cada gesto revela la historia del vínculo. Cómo nos orientamos hacia el otro, cómo nos retiramos, cómo buscamos contacto o cómo lo evitamos.
El movimiento no se corrige: se escucha. Se afina. Se acompaña hasta que encuentra su ajuste necesario, ese punto donde el cuerpo dice “aquí sí”.
Entre sostener y soltar hay un ritmo propio, una danza que cada persona aprende a reconocer. Y en ese reconocimiento, el cuerpo deja de ser un territorio desconocido para convertirse en un hogar que sostiene, permite, acompaña y libera.
22/05/2026
Gracias, cuerpo.
Por sostenerme incluso cuando mi mente se derrumba.
Por ser refugio, impulso, memoria y movimiento.
Por recordarme que la vida ocurre aquí, en este espacio que habito.
Gracias por sostenerme todo lo que me sostienes.
Hoy te miro con gratitud.
"Si el cuerpo lleva la palabra,
cuánto cuerpo quise decir y no dije,
cuánto pude evitar y hablé,
cuánto cuerpo me dijeron
que no entendí
o que sobreentendí.
A veces viejo, cansado,
mágico, sin clave,
llevado por el viento,
sólo palabra"
Susana Kesselman
14/05/2026
En lo corporal decimos mucho "el cuerpo recuerda", "el cuerpo tiene memoria"
¿Y sabes por qué? El cuerpo no puede olvidar porque no piensa: SIENTE.
Mientras la mente organiza, justifica y borra, el cuerpo registra en tiempo real.
Cuando algo nos sobrepasa, no tiene tiempo de elaborar una narrativa: actúa. Aprieta. Acelera. Se endurece. Se desconecta.
No es un fallo. Es una estrategia de supervivencia. Es importante abrazar esto.
Desde la bioenergética, entendemos que cada tensión crónica es una historia que quedó a medias: una emoción que no se pudo expresar, un límite que no se pudo poner, un impulso que tuvo que detenerse para poder seguir perteneciendo, un grito que se quedó atrapado, etc.
El cuerpo hace lo que puede con lo que tiene.
Y a veces lo único que tiene es CONTRAERSE, PARALIZARSE.
Por tanto, y teniendo en cuenta todo eso, el trabajo que hacemos no busca “corregir” al cuerpo, busca escucharlo. Porque detrás de cada defensa hay una necesidad legítima. Se escucha buscando:
- Reconocer patrones automáticos: Mandíbula que se aprieta sin permiso. Pecho que se hunde para no sentir. Hombros que se elevan para sostener lo insostenible.
- Entender qué emoción sostiene esa forma: Rabia contenida. Tristeza congelada. Miedo que nunca tuvo espacio.
- Dar un canal seguro para expresarse: Respirar donde antes no había aire. Vibrar donde antes había rigidez. Mover donde antes había bloqueo.
- Recuperar energía atrapada en la defensa: La energía que se usaba para tensar vuelve a estar disponible para vivir.
Así que el cuerpo no es el enemigo al que hay que derrotar y reconfigurar para que encaje en lo que se espera de él. El cuerpo es el archivo vivo de tu historia.
El guardián de lo que no pudiste nombrar. El puente entre lo que fuiste y lo que puedes ser ahora.
Cuando lo escuchas, te devuelve verdad. Y desde esa verdad, aparece algo que Alexander Lowen consideraba esencial: la posibilidad de volver a sentirte vivo, presente, conectado.
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