Conversar
Conversar es un ministerio de consejería bíblica enfocado en la conexión entre la salud mental, espiritual y emocional.
Aceptamos a clientes de toda denominación, creencia y/o religión.
04/15/2026
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04/15/2026
Tu caminar con Dios no es un proyecto individual, sino comunitario. La fe aislada no funciona. Muchos vivimos sin permitir que otros nos conozcan de verdad, y sin el interés genuino de conocer el corazón de los demás más allá de un simple “¿cómo estás?”.
Hebreos 3:12-13 nos recuerda cuán esencial es la comunidad en la obra que Dios ya ha hecho y sigue haciendo en ti y en mí. Pero ¿por qué necesitamos la intervención diaria del cuerpo de Cristo? La respuesta es sencilla y, al mismo tiempo, nos lleva a la humildad: tenemos puntos ciegos. Aunque creemos conocernos bien, no es así. El pecado nos nubla la visión de nosotros mismos, y mientras siga presente en nuestra vida, habrá áreas que no podremos ver con claridad.
Entonces, vale la pena preguntarnos: ¿dónde estás tú en este proceso? ¿Has reconocido tu necesidad constante del cuerpo de Cristo? ¿Quién te conoce realmente? ¿A quién le has dado permiso para entrar en tu vida y ayudarte a ver lo que tú no puedes?
Y cuando alguien te confronta, ¿cómo reaccionas? ¿Con rechazo o con gratitud?
No apartes a quienes se acercan con amor para hablar a tu vida. Dios puede usarlos como instrumentos de su gracia: una gracia que perdona, transforma y libera.
04/07/2026
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03/26/2026
La ansiedad se alimenta de monólogos internos. El libro de Salmos nos enseña que debemos entablar un diálogo con el Dios del universo. Ese diálogo divino irá acallando nuestro corazón con Su presencia.
Al ser intencionales en encontrarnos con Dios para conversar con Él sobre la vida, nos encontramos con su presencia, sus promesas y con la inmensa provisión de su persona. Cuando hablamos con Dios, él nos responde. Nos responde con su amor y nos recuerda quiénes somos y el corazón de nuestro llamado.
¡Tenemos una fuente inagotable al ser hijos de Dios! No dejes de beber de su verdad y fortaleza. Tu corazón necesita la satisfacción y la quietud que te brinda el Dueño y el Protector de tu alma.
03/23/2026
Así que, si alguien pregunta: “¿De qué trata el Salmo 119?”, solo obtienes crédito parcial si respondes: “Trata sobre la Biblia, es una meditación sobre la importancia de la Palabra de Dios”. En realidad, este salmo no trata sobre el tema de incorporar la Escritura a tu vida.
Más bien, escuchamos las palabras sinceras que brotan cuando lo que Dios dice realmente entra en ti. Oímos a alguien hablándole al Dios que habla, alguien que necesita al Dios que habla, alguien que ama al Dios que habla. No es una exhortación al estudio bíblico; es un clamor de fe.
El Salmo 119 brota de un hombre ya convencido. Simplemente habla, integrando su intelecto, su voluntad, sus emociones, sus circunstancias, sus deseos, sus temores, sus necesidades, su memoria y su anticipación. Es profundamente consciente del SEÑOR y de la relevancia de lo que el SEÑOR ve, dice y hace.
Esa conciencia lo hace muy directo y muy personal. El corazón vivo de este hombre se desborda en peticiones apasionadas y afirmaciones fervientes. Nos persuade no por medio de argumentos, sino por una fe expresada con fuerza y contagiosa.
Una persona con fe experimenta la verdad de Dios.
Dr. David Powlison, El Sufrimiento y el Salmo 119
03/11/2026
Es un punto de nuestra teología, pero en realidad no vivimos como si lo creyéramos. Todos decimos que creemos que esta vida terrenal no es todo lo que hay. Decimos que realmente creemos que hay vida después de que esta termine. Pero tendemos a vivir con la ansiedad y el afán que surgen cuando creemos que todo lo que tenemos es este momento.
Aquí está el verdadero asunto en la vida cotidiana: si no mantienes los ojos de tu corazón enfocados en el paraíso que está por venir, intentarás convertir este pobre mundo caído en el paraíso que nunca será.
Tu matrimonio no será el paraíso. Tu trabajo no será el paraíso que esperas. Tus amistades no serán el paraíso que tu corazón anhela. Tus hijos no te entregarán el paraíso. Incluso tu iglesia no estará a la altura del estándar del paraíso.
Los sueños que mueren te recuerdan que esto no es el paraíso. Las flores que se marchitan te recuerdan que esto no es el paraíso. El pecado que te cautiva te recuerda que esto no es el paraíso. La enfermedad que te infecta te recuerda que este no es el paraíso.
Vive con esperanza, porque el paraíso ciertamente viene, y deja de pedirle a este mundo caído que sea el paraíso que nunca será.
-Paul David Tripp, New Morning Mercies ✨
02/25/2026
Venid a mí
La sencillez de la promesa de Jesús es a la vez impactante y reconfortante. Jesús no nos ofrece un camino cuádruple hacia una iluminación que otorgue paz, como lo hizo Buda. Tampoco nos presenta cinco pilares de paz mediante la sumisión, como lo hace el Islam. Su promesa simple es audaz: «Venid a mí». La única manera en que esto no sea una locura megalomaníaca es que Jesús sea quien afirma ser: el Verbo eterno hecho carne, nuestro Creador (Juan 1:1–3, 14; Juan 8:58; Hebreos 1:1–3). Su promesa sencilla implica un poder detrás de ella más que suficiente para levantar aquello que nos agobia.
¿Qué significa venir a Jesús? Cuando leemos el contexto de esta promesa (Mateo 11–12), su significado se vuelve claro. En su reprensión a las ciudades (Mateo 11:20–24) y a los líderes religiosos (Mateo 12:1–8) que vieron de primera mano sus obras milagrosas, demostrando tan claramente quién era (Juan 5:36), y aun así se negaron a creer en él, entendemos que cuando Jesús dijo: «Venid a mí», quiso decir: «Creed en quien afirmo ser y, por lo tanto, en lo que soy capaz de hacer por vosotros».
Y aquí es donde nuestras almas cargadas son puestas a prueba. ¿Creeremos en él? ¿Confiaremos en él? Queremos que nuestras almas descansen en el conocimiento de cómo y cuándo se resolverán nuestros problemas agobiantes. Pero Jesús no proporciona esos detalles. Simplemente nos promete que serán atendidos.
Jesús no quiere que nuestras almas descansen en el cómo y el cuándo, como si fuéramos lo suficientemente sabios para comprenderlos y determinarlos. Más bien, quiere que nuestras almas descansen en la certeza de que él cumplirá su promesa de la mejor manera y en el mejor momento. «Venid a mí», dice; «echad sobre mí vuestras ansiedades, porque yo cuido de vosotros» (véase 1 Pedro 5:7). «Confiad en mí con todo vuestro corazón y no os apoyéis en vuestro propio entendimiento» (véase Proverbios 3:5), dice, «y hallaréis descanso para vuestras almas».
-Jon Bloom (Desiring God)
02/14/2026
01/17/2026
Examina con quién te sientas a la mesa y desconfía de las personas hipócritas. La Biblia las llama así. Y aunque en nuestra cultura solemos disculpar su comportamiento y aceptar su “personalidad”, ¡Dios no lo acepta y nos aconseja alejarnos! La mirada justa de Dios penetra la superficie engañosa de sus vidas con absoluta claridad moral y desenmascara la maldad de sus corazones hipócritas, llamándolos por lo que realmente son: Obradores de iniquidad
Dios no considera aceptables a este tipo de persona; los encuentra deplorables tanto a ellos como la actitud oculta de sus corazones. Son el tipo de personas que te dicen una cosa a la cara y luego dicen otra a tus espaldas. Estas personas siembran división dentro de un equipo, congregación o familia. Ocultan sus intenciones, y pretenden ser víctimas para manipular situaciones, arrastran a otras personas creando polarización y les cuesta someterse a la autoridad.
Primero, es muy probable que identifiques a personas así dentro de tu círculo. Ten cuidado con ellas. Discierne sus corazones hipócritas y no te dejes contaminar por sus malas acciones. Si las dejas entrar en tu círculo íntimo, te tenderán una trampa. Así que ten cuidado.
Y segundo, no seas uno de ellos. Es muy fácil caer en este tipo de doble moral. Pídele a Dios que te libre de la hipocresía. No caigas en la trampa de decir una cosa y pensar otra en tu corazón. Pídele a Dios integridad en tus palabras y pensamientos.
01/09/2026
Comúnmente, no solemos amar a algo o a alguien sin haberlo visto. Sin embargo, el amor a Jesús no nace de la vista física, sino de la visión espiritual que el Espíritu Santo concede a los hijos de Dios. En Juan 20:29 leemos: «Bienaventurados los que no vieron y creyeron». Como cristianos, podemos de manera constante y confiada apartar nuestra mirada de las cosas visibles y fijarla en las invisibles (2 Corintios 4:18). La fe hace esto posible.
Por lo tanto, cristiano, escucha al Espíritu cuando te llama a mirar más allá de las nubes oscuras. Confía en Él incluso cuando el trueno resuena con mayor fuerza y la voz del Espíritu parece apenas un susurro. Ten la certeza de que el Salvador está contigo y de que volverá nuevamente a esta tierra. Muy pronto veremos al Hijo de Dios regresar sobre las nubes y así estaremos siempre con Él, nuestro amado Salvador.
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