Arequipa Incomparable

Arequipa Incomparable

Compartir

Página de Claudia Ballón Rodríguez, administ. de "Arequipa Incomparable" y "Arequipeños en el mundo".

03/08/2026

¿"Basílica Catedral o "Catedral Basílica"?
Hay varias catedrales consagradas a la Virgen María, por lo tanto, llevan su nombre. Sin ir muy lejos, en Perú tenemos:
La Catedral Basílica de Santa María de Trujillo.
La Catedral Basílica de Santa María de Ayacucho.

Y en el mundo hay varias:
La Catedral Basílica de Santa María del Fiori en Florencia Italia.
La Catedral Basílica de Santa María de Castelló de la Plana en Valencia, España.
La Catedral Basílica de Santa María de Cagliari, Cerdeña, Italia.
La Catedral Basílica de Santa María del Mar en Barcelona, España.
(Aporte de Rubén Cerdeña Ocola).

En la Iglesia Católica, los templos, iglesias, catedrales, basílicas, capillas, ermitas, grutas, etc. tienen “advocación” o están dedicadas a la Virgen, a un santo o al Señor Jesús, bajo cuya protección se encuentre.
En Perú, 46 templos católicos tienen la condición de catedral y 12, la de basílica (todas son basílicas menores) por habérseles concedido por declaración papal.

De esos templos o iglesias, 6 tienen la doble condición de catedral y basílica.
Uno de ellos es la de la ciudad blanca: Catedral Basílica de Arequipa.
(No es "Basílica Catedral", como usualmente se menciona).

En el mundo solo hay 4 basílicas mayores, todas están en Roma.
En Vaticano, la Basílica de San Pedro, no es catedral.

Una basílica es una iglesia que ha sido reconocida entre los creyentes y autoridades eclesiásticas.
Una catedral, representa la sede religiosa y administrativa principal en donde ejerce el obispo de una determinada zona geográfica.

Una catedral también puede ser considerada “una basílica”, ya que es un título de respeto.
Una basílica no puede ser nombrada como catedral, ya que está fijada como tal desde la cristianización.
Por ejemplo, es un grave error creer que el templo Jesús Nazareno de Tiabaya sea una basílica.
(Aporte de Erik Prado Velarde).

Catedral Basílica de Arequipa
Catedral Basílica de Santa María de Arequipa

Dos nombres, un mismo corazón de piedra y fe.

En el lado norte de la Plaza de Armas, custodiada por el Misti y construida enteramente en sillar blanco, se alza el templo madre de nuestra ciudad.
Su nombre completo y canónico es Catedral Basílica de Santa María de Arequipa, porque fue consagrada bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, Santa María —la patrona espiritual que la cobija desde su fundación.
Pero con el paso de los siglos, el pueblo que la vio nacer la llamó simplemente Catedral Basílica de Arequipa, porque no pertenece solo al cielo: pertenece a cada arequipeño que la lleva en el alma.

Historia verificada:

- 1540 — Primeros cimientos: Apenas fundada la ciudad, se levanta la primera iglesia de adobe y madera en el mismo lugar que ocupa hoy. Es el primer edificio público que se construye en Arequipa.

- 1577 — Elevada a Catedral: Mediante bula del Papa Gregorio XIII, el 15 de abril, se crea el Obispado de Arequipa y esta iglesia pasa a ser Catedral, bajo la advocación de Santa María de la Asunción.

- 1656 — Culminación de la fábrica definitiva: Tras siglos de construcción en piedra, el templo alcanza su forma monumental. Los sismos de 1604 y 1687 la dañan, pero siempre es reconstruida con más firmeza.

- 1844 — El terremoto y la reconstrucción actual: El sismo del 13 de agosto destruye gran parte de las torres y fachada. El obispo José Sebastián de Goyeneche impulsa la reconstrucción que vemos hoy, concluida hacia 1868.

- 1940 — Elevada a Basílica Menor: El Papa Pío XII le otorga el título de Basílica, reconociendo su fe y su esplendor. Queda así su nombre completo: Catedral Basílica de Santa María de Arequipa.

- 1964 — Patrimonio Cultural de la Nación: Por Resolución Suprema N°057, se le declara tesoro nacional, registrada oficialmente también como Catedral Basílica de Arequipa, el nombre que el pueblo le dio por pertenecerle.

Su verdadero nombre.
«Catedral Basílica de Santa María» — es el nombre que el cielo le dio.
«Catedral Basílica de Arequipa» — es el nombre que el pueblo le puso con amor.

Ambos son correctos, ambos son oficiales. Uno recuerda a quién está dedicada.
El otro recuerda de quién es.
Y en su fachada de sillar blanco, ambas verdades conviven: Santa María la protege desde el cielo, y Arequipa la lleva en el corazón.

Recopilación de información y diseño de imagen: Claudia Ballon Rodríguez (25 abr 2021).
Arequipa incomparable
Arequipeños en el mundo
Arequipa Incomparable

01/08/2026

Feliz día en tu mes aniversario, Arequipa.
Mi blanca y heroica ciudad, hija de tres volcanes y cuna de valientes revoluciones.
Idea de Pablo Cárdenas Arenas.
Edición de texto y diseño de Claudia Ballon Rodríguez (1° ago 2026)
Arequipa incomparable
Arequipeños en el mundo
Arequipa Incomparable

28/07/2026

Exquisito trabajo en sillar de la fachada del TEATRO MUNICIPAL DE AREQUIPA: Piedra y memoria de la ciudad...

En la calle Mercaderes, donde el bullicio de los siglos se entrelaza con el eco de las tablas, se yergue el Teatro Municipal como una promesa de sillar cumplida.

Su fachada labrada no es mero adorno: es la propia Arequipa hecha piedra volcánica, con su escudo mayor en lo alto —un centinela blanco que vigila esta arteria estrecha, renovado con esmero para que nadie, ni el transeúnte más distraído, pase de largo sin verlo.

Nació como homenaje: se levantó en el marco de las celebraciones por el IV Centenario de la fundación española, y fue inaugurado el 15 ago 1940, bajo la alcaldía de Julio Ernesto Portugal.
Su traza no fue azar: obra de los arquitectos Álvarez Calderón y Harth‑Terré —quien ya había dejado su sello en Selva Alegre— y ejecutada por la firma Gramonvel, responde a ese estilo neocolonial arequipeño que une lo hispano y lo criollo, como si toda esta calle hubiera acordado hablar el mismo lenguaje de piedra.

Adentro, el espacio se abre como un abrazo: hall, boletería, foyer y la sala que antaño albergaba 544 butacas y cuatro espacios para personas con discapacidad, con su escenario, fosa de orquesta y camerinos.

Con el tiempo y las restauraciones, su aforo llegó a las 1,058 localidades actuales; pero su esencia permanece intacta: un cuenco donde la ciudad se sienta a verse, a escucharse... ¡y a sentirse viva!

Y no fue solo aplauso y arte.
Aquí también latió el pulso de la historia: fue escenario de la gesta democrática de 1955, cuando la reunión de la Coalición Nacional fue atacada y el lanzamiento de bombas lacrimógenas sobre la gente congregada dio paso a un paro que se extendió por todo el país, marcando el comienzo del ocaso de la dictadura de Manuel Odría.

Como bien se ha dicho, en Arequipa el arte y la plaza pública nunca habitaron en casas separadas.

Por su valor irrenunciable, fue declarado Patrimonio Histórico del Perú el 7 ago 1987 mediante la Resolución Ministerial N°543‑87‑ED.

Así, entre el sol que blanquea su sillar y la butaca que espera al visitante, el Teatro Municipal sigue siendo lo que quiso ser desde su primer día: un homenaje de la ciudad a sí misma, construido para resistir y para seguir contando, generación tras generación, el arte, talento e historia de quienes la habitan...

Recopilación de diversas fuentes.
Edición de texto Claudia Ballon Rodríguez (11 oct 2020).
Fotografía de Francisco Cárdenas (2 ene 2019).
Arequipa incomparable
Arequipeños en el mundo
Arequipa Incomparable

27/07/2026

Museo Historico Municipal "Guillermo Zegarra Meneses": el sillar que guarda nuestra memoria...

Frente a la Plazuela de San Francisco, donde las campanas del templo parecen marcar el compás de siglos pasados, se alza con su blancura de piedra el Museo Histórico Municipal "Guillermo Zegarra Meneses".
No es solo un edificio: es un fragmento vivo de Arequipa, un muro de sillar que respira historia.

Piedra que ha visto pasar la vida.
Esta casa de la calle San Francisco 407‑409 nació como parte del antiguo Fundo El Fierro: Traza su origen en la voluntad del presbítero Jorge Antonio del Fierro Velarde, y antes de ser refugio de recuerdos albergó un colegio de educandas y también un penal.
Es una construcción neoclásica de traza militar, reconocida oficialmente como Patrimonio Cultural de la Nación mediante Resolución Suprema N° 2900‑72‑ED del 28 dic 1972.
Así, sobre muros que conocieron la enseñanza y el encierro, la ciudad decidió depositar su propia memoria.

Un nombre que es ejemplo.
Lleva el nombre del Dr. Guillermo Zegarra Meneses, su primer impulsor y director: un hombre que no esperó que las cosas llegaran solas, sino que llamó puerta por puerta a las familias arequipeñas, pidiéndoles con humildad y firmeza que compartieran sus tesoros para enriquecer el patrimonio de todos.

El museo abrió sus puertas el 18 ago 1954, en dos salas de la Biblioteca Municipal, cuando Eduardo Gutiérrez Ballón era alcalde y, el propio Zegarra Meneses, regidor de Cultura.
El 15 ago 1977, bajo la alcaldía de Héctor Zuzunaga Meneses, halló su definitivo hogar en este edificio que hoy lo abraza.

Salas donde el tiempo se detiene para contarnos historia.
Recorrer sus salas es recorrer el alma de Arequipa: desde el mundo prehispánico —con piezas como el manto plumario de la cultura Wari—, pasando por la arquitectura virreinal, la gesta emancipadora, el Combate del 2 de Mayo y la Guerra del Pacífico —donde se guardan cartas de Miguel Grau y telegramas de Francisco Bolognesi—, hasta la huella de los sismos que nos probaron y la obra de artistas como Jorge Vinatea Reinoso.
Entre sus tesoros destacan una laminadora de monedas del siglo XVI y una antigua bandera tejida con plumas de aves, entre ellas plumas de picaflor: delicadeza y fuerza hechas símbolo.
Aquí están también los rostros y las obras de quienes hicieron grande a esta tierra con su inteligencia, su pluma o su valentía.

Un cofre sin ostentación.
No es un museo de grandes galerías ni recorridos interminables: es un cofre de sillar, modesto y profundo, con pisos de madera roja que crujen apenas al paso, como si el edificio mismo quisiera susurrar su propia historia.
Se visita en una tarde tranquila, y se lleva consigo algo más que datos: la certeza de saber quiénes fuimos, y la gratitud por quienes cuidaron que esa memoria no se perdiera.

Recopilación de diversas fuentes.
Edición de texto Claudia Ballon Rodríguez (27 mar 2022).
Fotografía de Pavel Acosta Salcedo (17 mar 2022).
Arequipa incomparable
Arequipeños en el mundo
Arequipa Incomparable

26/07/2026

Los Errantes de Chuquibamba: El alma de nuestra tierra reconocida por siempre...

Hay pueblos que no cantan solamente con la garganta, sino con la memoria entera de su gente.
Chuquibamba, capital de la provincia de Condesuyos, fue uno de esos pueblos cuando 3 jóvenes -Gilberto Cueva Fernández, Antonio Alarcón Sierra y Plinio Feliciano Mogrovejo Luque- decidieron, hacia 1950, unir sus voces y guitarras bajo un nombre que terminaría siendo profecía: Los Errantes.

Cueva dirigía.
Alarcón tejía la primera guitarra como quien borda un poncho de sonidos.
Mogrovejo llevaba la voz principal, ésa que después se volvería sinónimo de yaraví arequipeño.

En 1962, salieron de su tierra por primera vez rumbo al Cusco y, desde entonces, no dejaron de caminar: Bolivia, Chile, Ecuador, y los teatros más importantes de Lima —el Segura, el Municipal, el Pardo y Aliaga— los recibieron vestidos de s**o y corbata, dignificando el huayno con la misma elegancia con que otros vestían un vals.

Así, sin saberlo del todo, fueron fundando un capítulo entero de la música tradicional del sur del Perú, llevando en cada nota el sabor de nuestros valles, la nostalgia de las serenatas y la alegría de las fiestas arequipeñas.

De su pluma nacieron "Ojos culpables", "Flor de la Zuriri", "Patito", "Paloma blanca", "Chuquibambinita", "Solo he salido" y "Serenata errante".

No son solo canciones; son el lenguaje con el que generaciones enteras han amado, recordado y celebrado.

Hoy siguen sonando en fiestas patronales, en reuniones familiares, en la radio de alguna tarde arequipeña, interpretadas por nuevas voces que ellos mismos inspiraron.
Patrimonio vivo de nuestra identidad.

El camino no estuvo libre de pérdida.
Antonio Alarcón falleció en 1995, durante uno de tantos viajes artísticos por la sierra -esta vez por Lambayeque-, y su lugar fue tomado por Jaime Silva Velarde, quien entendió que la música, cuando es verdadera, sabe reinventarse sin traicionarse.

Ese mismo año, el entonces Instituto Nacional de Cultura (INC) ya les había entregado la Medalla "Kuntur", el premio nacional de folklore, reconociendo lo que el pueblo sabía desde hacía décadas.

Gilberto Cueva Fernández partió en 2010.
Plinio Mogrovejo Luque, el último de los tres fundadores, se fue en 2021.

El 21 jul 2026, mediante la Resolución Ministerial N°000224-2026-MC, el Estado peruano les otorgó -a ellos tres, de manera póstuma, y a la agrupación que fundaron- la distinción de Personalidad Meritoria de la Cultura, en mérito a su invaluable aporte a la preservación, transmisión y difusión del huayno y el yaraví arequipeños.

No es un homenaje tardío: es la confirmación oficial de algo que Arequipa ya sabía... ¡cantando!

Los Errantes no fueron solo un conjunto musical: fueron guardianes de nuestra esencia, viajeros que llevaron el nombre de Chuquibamba y de Arequipa por todo el país, enseñándonos que la tradición no se encierra en el pasado, sino que se comparte, se canta y se transmite como el más valioso de los tesoros.

Hoy el Estado y todo el pueblo les dicen gracias: Nuestra gratitud por haber errado caminos llevando nuestra música: por haber hecho de cada canción un pedazo de casa...

Recopilación de diversas fuentes.
Edición de texto Claudia Ballon Rodríguez (26 jul 2026).
Diseño de imagen de Claudia Ballón Rodríguez (26 ago 2021).
Arequipa incomparable
Arequipeños en el mundo
Arequipa Incomparable

Photos from Arequipa Incomparable's post 26/07/2026

El Tambo de la Cabezona: memoria de agua, piedra y oficio... y una evocación imaginada...

Hay lugares en Arequipa donde el tiempo no se fue, solo se quedó dormido esperando quién lo despertara.
Así el Tambo de la Cabezona, asomado sobre el río Chili, en la calle Puente Bolognesi, a solo dos cuadras de la Plaza de Armas.

Origen: cuando el agua molía el pan.
Antes de ser tambo, fue molino.
Su ubicación junto al río Chili le dio, desde el siglo XVIII, un rol productivo: Primero, molino; luego, curtiembre.
En 1816, el curtidor don Joaquín Bellido adquirió la propiedad.
Fue su nieta, Manuela Bellido —a quien apodaban cariñosamente "la Cabezona"—, quien, a mediados del siglo XIX, amplió el predio: construyó el molino de almidón y los lavaderos de lana, y en el segundo patio se levantó un molino harinero hidráulico.
De su apodo nació el nombre que hoy conocemos.

El mecanismo era simple y hermoso: un eje horizontal movido por la fuerza del agua del canal hacía girar una piedra circular que molía el grano; luego el agua salía por el "cárcavo", a través del "socaz", devolviéndose al río.
Ese molino alimentó la producción de harina y del guiñapo con el que se preparaba la típica chicha arequipeña de peculiar color rojizo.

Arquitectura: bóvedas que sostienen un puente.
Edificado en el siglo XVIII con la técnica colonial de bóvedas, muros de cajón y sillar, el tambo tiene bóvedas perpendiculares a la calle que sirvieron de contención al relleno con que se construyó el Puente Bolognesi.
Se organiza en torno a dos patios comunicados por un amplio zaguán, con una edificación de 3 niveles hacia la calle y el resto de dos niveles, según la topografía.
Ocupa 2,700 metros cuadrados.

El siglo XX: deterioro y heridas.
El ingreso del río en 1893 dejó el molino descompuesto e inutilizable.
Los terremotos de 1958 y 1960 dañaron sus estructuras.
Las aguas del río llegaron a enterrar parcialmente las arquerías hasta 1.20 metros.
Los espacios comunes fueron invadidos por construcciones precarias, y el tambo, que llegó a albergar a 27 familias, se convirtió en un tugurio con apenas un baño común.
El terremoto de 2001 comprometió aún más su integridad estructural.

La restauración: cuando la memoria se puso en valor.
A partir del año 2000, con la familia Chirinos Soto, la Municipalidad Provincial de Arequipa y la Cooperación Española (AECID), comenzó el largo proceso de recuperación.
La intervención —premiada en la XIV Bienal Nacional de Arquitectura Peruana— fue inaugurada durante la visita de los entonces Príncipes de Asturias a Arequipa.
En 2024, la Universidad Católica de Santa María se sumó al esfuerzo de conservación.

El trabajo mejoró la calidad de vida de 82 familias, fortaleció la organización vecinal, y logró algo poco común: la puesta en valor arquitectónica sin desplazar a los habitantes originales.

Hoy: Un museo vivo.
En septiembre de 2025, el Tambo La Cabezona se incorporó oficialmente al circuito turístico de Arequipa, en alianza entre la UCSM y las familias Simons Chirinos y Balta Chirinos, actuales guardianas de la casona.
Hoy sus salas recrean la vida arequipeña entre los siglos XIX y XX: una farmacia del siglo XIX con frascos y productos vegetales originales, talleres de carpintería, herrería e imprenta, y espacios dedicados a la cocina, los oficios y la cotidianidad de antaño.

El Tambo de la Cabezona, declarado parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco como parte del Centro Histórico de Arequipa, sigue moliendo, ya no grano... sino memoria...

Como pudo haber sido: una evocación imaginada...
A partir de aquí, lo que sigue es un ejercicio de imaginación histórica, no un relato documentado.
Se apoya únicamente en los datos verificados de arquitectura y oficios del tambo, para evocar, con respeto, cómo pudo haber sido su bullicio antes de que los sismos y el río reclamaran su parte...

Imaginemos el patio antes de toda grieta, antes de que el río se atreviera a entrar en las casas.
El sol de la mañana cae oblicuo sobre el sillar blanco, y el primer sonido no es el claxon ni el bullicio de hoy, sino el agua: el canal que corre bajo las bóvedas, empujando la piedra circular del molino con una paciencia que ningún reloj mide igual.

Podemos imaginar a una lavandera de lana tendiendo hilos húmedos junto al segundo patio, sus manos rojas del frío del agua que baja de la sierra.

Un poco más allá, tal vez un aprendiz de curtidor voltea las pieles al sol, y el aire —lo imaginamos— huele a taninos y a pan recién sacado de un horno de barro.

Los niños, quizás, correteando entre los zaguanes con la libertad de quien no sabe todavía que ese patio es "monumento": para ellos es solo el mundo entero, su cancha, su reino de sillar.

Cabría pensar en las tardes en que las familias —tantas bajo un mismo techo de bóvedas perpendiculares— sacaban banquitos al pasaje, y alguna vecina, con la voz que da la costumbre, gritaba de un extremo a otro un recado, un préstamo de sal, una advertencia sobre la lluvia que se anunciaba en el Misti.

El molino harinero, en su rincón, seguiría girando con esa música grave y constante que quizás nadie oía ya, de tan acostumbrados que estaban a ella... como se deja de oír el propio pulso.

Y, al anochecer, imaginemos los candiles encendiéndose uno a uno en las ventanas de los tres niveles hacia la calle Bolognesi, mientras el río, todavía manso, todavía obediente, corría abajo sin saber que un día —muchos años después— reclamaría con fuerza lo que alguna vez fue suyo.

Nada de esto lo dice un documento.
Lo dice la lógica de la vida que sabemos que allí hubo: 27 familias... luego 82.
Un molino que movía sus engranajes con agua.
Oficios que dejaban su olor y su ruido en el aire.
Es la arquitectura, muda, pero elocuente, la que nos presta estos trazos para que la imaginación —con respeto y sin inventar hechos— pueda caminar un rato por ese patio que ya no existe como fue, pero que sigue, de algún modo, respirando bajo el que hoy visitamos...

Recopilación de diversas fuentes.
Edición y redacción de texto: Claudia Ballon Rodríguez (26 jul 2026).
Fuente de las imágenes: Arquitectura y Empresa.
Arequipa incomparable
Arequipeños en el mundo
Arequipa Incomparable

Photos from Arequipa Incomparable's post 26/07/2026

Humberto Martínez Morosini: la voz que guardó la memoria de un país

Arequipa, 13 mar 1929.
La ciudad blanca lo vio nacer mientras su padre, Humberto Martínez Bodero, disputaba un partido de fútbol vistiendo la camiseta del Club Independencia.
Fue así, entre el bullicio de una cancha y el sillar eterno, que llegó al mundo quien —sin saberlo aún— habría de convertirse en una de las voces más entrañables del Perú entero.

De niño soñó con volar.
Quiso ser aviador como tantos muchachos de su tiempo que miraban el cielo arequipeño con hambre de horizontes.
Pero fue en las aulas del colegio Francisco de Asís, hacia 1943 o 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, donde tomó, por primera vez, un micrófono para interpretar un personaje de radioteatro.
Ese instante —modesto, casi casual— sembró la semilla de lo que sería su destino.

Cursó estudios de medicina en la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, Bolivia, pero no llegó a concluirlos: el llamado de Arequipa, y de su voz, pudo más.
Regresó a su tierra y debutó profesionalmente en 1940 en Radio Arequipa, y después en Radio Continental.
Cuenta él mismo, en un testimonio recogido por Arkivperu, que emprendió el viaje a Lima por su cuenta, rechazando el pasaje que le ofrecía su padre, "como buen arequipeño rebelde", y que tardó 3 días en llegar a la capital.
Allí se presentó ante Antonio Umbert, de Radio América, que ya conocía su nombre "de oídas" —testimonio de que la fama de su voz lo había precedido incluso antes de pisar Lima.

En 1953, cuando Radio Panamericana salió al aire por primera vez desde su local de la calle Belén, en el centro histórico limeño, Martínez Morosini ya estaba ahí, prestándole su timbre inconfundible.
Con los años se convirtió en símbolo de Panamericana Televisión: condujo noticieros como "El Panamericano", junto a otro locutor legendario, Ernesto García Calderón —dos voces que los limeños llegaron a comparar, con cariño, con los grandes presentadores de la televisión norteamericana de la época.

Su voz no solo informaba: narraba las hazañas del deporte peruano con frases que quedaron grabadas para siempre en la memoria popular —"aquí... ¡no pasa nada!", "en el rincón de las ánimas"— y acompañó momentos que la afición no olvida, como el título de la Copa América de 1975 y el Mundial de Argentina 78.
Fue, también, maestro de ceremonias, comentarista, e incluso actor ocasional, tocando casi todos los registros que un hombre de radio y televisión puede tocar en una vida.

En 1958, formó su propio hogar al casarse con Emma Meza, con quien tuvo cuatro hijos: Roberto, Humberto, Milagros y Marisol.
En 1997, se despidió de Panamericana Televisión, y ese mismo año continuó su labor en América Televisión, donde condujo América Noticias.
Incursionó brevemente en la política como congresista de la República entre 2000 y 2001.

Se apagó su voz el 23 sep 2015, en Lima, a los 86 años, tras sufrir un derrame cerebral.
Pero quienes crecieron escuchándolo —en la radio de la mañana, en la televisión de la sobremesa, en la emoción de un gol narrado con su cadencia inolvidable— saben que esa voz arequipeña, nacida entre sillares y guardada por seis décadas de micrófono, sigue resonando en la memoria colectiva del Perú entero...

Recopilación de diversas fuentes.
Edición de texto Claudia Ballon Rodríguez (25 jul 2026).
Imágenes de internet.
Arequipa incomparable
Arequipeños en el mundo
Arequipa Incomparable

Photos from Arequipa Incomparable's post 23/07/2026

La Casa Tristán del Pozo: Sillar, memoria y linaje...

Hay casas en Arequipa que no solo se habitan: se heredan como se hereda un apellido, una voz, un modo de mirar la luz de la tarde sobre el sillar.

La Casa Tristán del Pozo es una de ellas.

Casi tres siglos la contemplan, y aún hoy, quien cruza su zaguán, cruza también un pedazo del alma de la Ciudad Blanca.

Todo comenzó en la antigua calle de la Alcantarilla Alta —la que hoy conocemos como San Francisco—, donde un solar pertenecía a don Andrés Rosas y Hermano.

Corría el año de 1736 cuando Rosas vendió esas tierras a quien, sin saberlo, les regalaría un nombre para la eternidad: don Domingo Carlos Tristán del Pozo, casado entonces con doña María Carazas.

La construcción se levantó entre ese año y 1738, fecha que quedó grabada, como un secreto tallado en piedra, en el bajorrelieve sobre el arco de ingreso al primer patio.

Tiempo después, don Domingo amplió su morada con un pedazo de solar que, en el fondo, colindaba con las 27 tiendas de la calle Mercaderes —tierras, entonces, de los padres de la Compañía de Jesús—.
Aquel terreno, comprado al padre rector el 15 sep 1736, se convirtió en huerta: un rincón verde escondido tras los muros de piedra.

A la muerte de don Domingo, heredó la casa el general José Joaquín Tristán del Pozo, pero el destino —que en Arequipa siempre tiene algo de terco— quiso que el linaje familiar durara solo 40 años entre esos muros.
El 5 may 1778, la propiedad pasó a manos del obispo Manuel Abad y Llana, quien, un año después, la cedió a los padres agonizantes de la Orden de San Camilo, según carta fechada el 23 nov 1779.

Pero ni la fe estuvo libre de tropiezos terrenales.
Un gravamen de 21 mil pesos, deuda no saldada por el propietario anterior, impidió que la donación se hiciera efectiva, y en 1793 la casa fue rematada.
Quien la habitaba entonces como inquilino, el coronel Raymundo Gutiérrez de Otero, decidió comprarla, tomando posesión el 13 may 1796.
Los padres de San Camilo no se resignaron fácilmente: el 31 ene 1804 elevaron una petición al virrey para recuperarla, pero el tiempo —ese juez inapelable— ya había dictado sentencia.

Los descendientes del coronel —los Gutiérrez y Cossío, y Ugarteche y Gutiérrez— guardaron la casa por generaciones.
En 1824, figuraba ubicada en el cuartel 11 de la ciudad.
A mediados del siglo XIX, pasó por las manos de don Manuel Ballón, don Juan Gómez de Ballón, don Joaquín del Carpio y doña Juana Manuela Gómez, hasta que, ya entrado el siglo, don Roberto Reinecke la adquirió en 1887.
Más tarde perteneció a don Domingo Montesinos, cuyos herederos la vendieron a la sociedad Guillermo Ricketts e hijos, el 5 may 1917.

Cuenta Ramón Gutiérrez en su libro "Evolución Urbana de Arequipa: 1540-1990" que, durante los años de los Ricketts, se alteraron los vanos originales de la fachada, y que, en algún momento, allí funcionó también el consulado argentino.

Finalmente, en 1974, una entidad bancaria tomó la casona bajo su cuidado, instalando sus oficinas centrales y abriendo sus puertas al público a través de una galería de arte que hoy resguarda 40 acuarelas de artistas arequipeños: paisajes de nuestra sierra sur, escenas cotidianas del pueblo y retratos, no sin ironía, de la élite social de antaño.

El rostro de piedra.

Quien se detiene frente a su fachada encuentra un poema tallado en sillar.
Un muro alto remata en cornisa escalonada, vigilado por gárgolas con cabeza de puma —guardianas silenciosas de otro tiempo—.

Cuatro ventanas, dos a cada lado, sostienen medios capiteles de aire corintio sobre repisas que parecen flotar.
Un primer dintel dialoga con otro superior, más exuberante, cuajado de cuadrifolias, follajes y monogramas, coronado por rosetones y querubines que aún sonríen desde la piedra.

Y en el centro, la gran portada: pilastras de fustes huecos que abrazan medias columnas, jarrones de los que brotan ramificaciones onduladas y floridas, entrelazadas como un abrazo eterno.
Sobre todo esto, se alza el tímpano, ceñido por una amplia cornisa que se enrosca en roleos, flanqueado por pináculos piramidales que parecen querer tocar el cielo arequipeño, aligerando la solidez del muro.

Adentro, el amplio traspatio deja imaginar lo que fue: una huerta generosa, caballerizas, depósitos de grano que llegaban de la campiña en tiempos de cosecha para alimentar la gran mesa familiar.
Y, al final de la escalera, donde hoy hay un baño, aún sobreviven restos de antiguas bovedillas que la servidumbre usaba para velar los ambientes principales —silenciosos testigos de una vida doméstica que ya no existe—.
Cerca de allí, dos quicios de sillar de andesita, perforados en su eje, guardan la memoria de una puerta que quizás abrió paso a un recinto de culto o a un corredor interior, hoy solo intuido.

Casi 300 años después, la Casa Tristán del Pozo sigue de pie, testigo de obispos y coroneles, de jesuitas y banqueros, de Arequipa entera reflejada en su sillar.
Y cada vez que alguien cruza su portada, sin saberlo, continúa una historia que empezó con un solar, una huerta, y un apellido que la piedra decidió no olvidar...

Recopilación de diversas fuentes.
Edición de texto Claudia Ballon Rodríguez (3 abr 2023).
Fotografías tomadas de internet.
Arequipa incomparable
Arequipeños en el mundo
Arequipa Incomparable

22/07/2026

Desde Acequia Alta y entre arcos de sillar, el Señor Misti....
Fotografía de Ludwing Mendoza Paredes (21 jul 2026).
Arequipa incomparable
Arequipeños en el mundo
Arequipa Incomparable

¿Quieres que tu empresa sea el Arte Y Entretenimiento mas cotizado en Arequipa?
Haga clic aquí para reclamar su Entrada Patrocinada.

Categoría

Página web

Dirección

Arequipa