Historias de la frontera

Historias de la frontera

Comentarios

Gracias
Historias de la frontera .
Me gustan tus relatos, me gusta la verdad de cada historia .
BENDICIONES
El antes y después Caborca, Sonora
Saludos.
Durante la campaña antichina, la prohibición de los matrimonios entre chinos y mexicanas buscaba evitar "la degeneración de la raza", pues se creía que la descendencia de tales enlaces daría como resultado "una generación raquítica y enferma que (seguiría) desarrollando esos mismos males en las generaciones futuras". Además, se argumentaba que esos hijos estarían condenados al abandono y a la miseria. La realidad de los descendientes demostró lo infundado de esos perversos argumentos. En la foto, Herlinda, hija de José L. Chon y Francisca, hija de Ramón Check Cinco.
Me gustan las historias de la frontera
Hola. Es la primera vez que leo esta pagina....si me lo permiten seguire leyendo historias tan interesantes y variadas. Gracias
Por ser nacido y criado en esta hermosa frontera me gusta mucho esta página ya que ay historia que no conozco y an salido publicaciones que asta el día de hoy desconocía mil gracias por sus publicaciones
Saludos a todos los miembros de este interesante grupo. Espero aprender mucho.
Me gusta y mucho conocer la historia estas tierras benditas de Sonora. Gente muy trabajadora y solidaria soy una mujer muy agradecida. Ya tengo casi 33 años viviendo aquí. Y no me canso ni me cansaré de agradecer a DIOS y a Ezequiel Moreno Martínez por traerme a vivir a CANANEA CUNA DE LA REVOLUCIÓN.. 🙏💗 ME ENAMORE DE ESTA TIERRA Y AQUI SEGUIMIS GRACIAS A DIOS. ORGULLOSA DE TENER OCHO NIETOS CANANECES. A MUCHA HONRRA
Vivo en un estado fronterizo y me interesa la cultura y la historia de éstas regiones...
Hola buenas noches saludos cordiales a todos
Muy interesantes y bonitas las historias,nos hacen estar interesados, a estar al dia esperando la nueva publicacion, gracias

Página dedicada a la historia del noroeste de México.

Funcionando como de costumbre

16/09/2021

En septiembre de 1890, como cada año, la comunidad mexicana de Tucson rememoró el inicio de la Independencia de México y para celebrar el acontecimiento organizó una serie de vistosos eventos. Según informó el semanario local “El Fronterizo” a sus lectores:

“Como fue anunciado por el programa que publicó la Junta Patriótica a las 7:30 pm del día 15, reunida la comitiva oficial y una gran concurrencia en el Jardín Carrillo y ocupada la plataforma por la Junta, Sr. Cónsul de México y oradores, el expresado representante de México con voz sonora dio lectura al Acta de Independencia (…). En seguida tocó la música el Himno Nacional y a su conclusión ocupó la tribuna el Sr. Pedro C. Pellón y cuyo discurso (…) fue repetidas veces muy aplaudido.
(…)

El día 16, después de las salvas de la mañana y paseo de la música, se celebró en la iglesia católica una misa cantada en honor de la independencia de México y a la que asistió la Junta Patriótica. La iglesia fue bonitamente adornada con los colores nacionales por la apreciable señora Dolores de Samaniego y la estimable Srita. Emilia Aguirre.

En la tarde á las 4 en punto, partió la gran procesión de la plaza de la iglesia en el orden siguiente:

1° El Marshall de la ciudad y sus ayudantes.
2° El Gran Mariscal del día, Sr. M.G. Samaniego y sus ayudantes.
3° Banda de Música mexicana.
4° Compañía de milicia americana de Arizona.
5° Carro alegórico.
6° Guardia de Honor mexicana y Compañía de Bomberos.
7.- Banda de música americana.
8.-Carruaje de las niñas del Canto y oradores.
9° Junta patriótica.
10° Sociedad de jóvenes patriotas
11° Cuerpo de caballería, carruajes y pueblo a pie.

Recorrió la procesión en el mejor orden las principales calles de la ciudad y terminó en el Jardín Carrillo, donde tuvieron lugar los actos de la fiesta de ese día, como sigue: Después de tocar la música el himno nacional, ocupó la tribuna nuestro director (…) Enseguida se cantó el Himno Nacional por las señoritas Emilia Montenegro, Clotilde Márquez, Felipa Barreda, Luisa Hidalgo, Laura Jacobs, Catalina Casanova, Manuela Gallardo, María Loroño y Anita Aguirre, que lo hicieron muy bien, distinguiéndose la señorita Emilia Montenegro y la niñita María Casanova a quien se le hizo repetir su estrofa colmándola de aplausos.
(…)
Los entreactos todos fueron llenados por la banda de música americana, tocando escogidas piezas nacionales. El Jardín estuvo las noches del 15 y 16 profusamente adornado con millares de farolitos de colores y por fuera de él grandes focos de luz iluminaban a grande distancia. (…) Las niñas Sahara Durazo que representaba a la América, Salie Goodwin a la Libertad y Josefina Dupiny a la Justica estaban bellísimas y muy propiamente vestidas, y lo mismo lo estaban las demás niñas sus compañeras (…)”.

AARG
Fuente: El Fronterizo, sábado 27 de septiembre de 1890, “Las fiestas de la patria”.
Imagen: Alusiva.

En septiembre de 1890, como cada año, la comunidad mexicana de Tucson rememoró el inicio de la Independencia de México y para celebrar el acontecimiento organizó una serie de vistosos eventos. Según informó el semanario local “El Fronterizo” a sus lectores:

“Como fue anunciado por el programa que publicó la Junta Patriótica a las 7:30 pm del día 15, reunida la comitiva oficial y una gran concurrencia en el Jardín Carrillo y ocupada la plataforma por la Junta, Sr. Cónsul de México y oradores, el expresado representante de México con voz sonora dio lectura al Acta de Independencia (…). En seguida tocó la música el Himno Nacional y a su conclusión ocupó la tribuna el Sr. Pedro C. Pellón y cuyo discurso (…) fue repetidas veces muy aplaudido.
(…)

El día 16, después de las salvas de la mañana y paseo de la música, se celebró en la iglesia católica una misa cantada en honor de la independencia de México y a la que asistió la Junta Patriótica. La iglesia fue bonitamente adornada con los colores nacionales por la apreciable señora Dolores de Samaniego y la estimable Srita. Emilia Aguirre.

En la tarde á las 4 en punto, partió la gran procesión de la plaza de la iglesia en el orden siguiente:

1° El Marshall de la ciudad y sus ayudantes.
2° El Gran Mariscal del día, Sr. M.G. Samaniego y sus ayudantes.
3° Banda de Música mexicana.
4° Compañía de milicia americana de Arizona.
5° Carro alegórico.
6° Guardia de Honor mexicana y Compañía de Bomberos.
7.- Banda de música americana.
8.-Carruaje de las niñas del Canto y oradores.
9° Junta patriótica.
10° Sociedad de jóvenes patriotas
11° Cuerpo de caballería, carruajes y pueblo a pie.

Recorrió la procesión en el mejor orden las principales calles de la ciudad y terminó en el Jardín Carrillo, donde tuvieron lugar los actos de la fiesta de ese día, como sigue: Después de tocar la música el himno nacional, ocupó la tribuna nuestro director (…) Enseguida se cantó el Himno Nacional por las señoritas Emilia Montenegro, Clotilde Márquez, Felipa Barreda, Luisa Hidalgo, Laura Jacobs, Catalina Casanova, Manuela Gallardo, María Loroño y Anita Aguirre, que lo hicieron muy bien, distinguiéndose la señorita Emilia Montenegro y la niñita María Casanova a quien se le hizo repetir su estrofa colmándola de aplausos.
(…)
Los entreactos todos fueron llenados por la banda de música americana, tocando escogidas piezas nacionales. El Jardín estuvo las noches del 15 y 16 profusamente adornado con millares de farolitos de colores y por fuera de él grandes focos de luz iluminaban a grande distancia. (…) Las niñas Sahara Durazo que representaba a la América, Salie Goodwin a la Libertad y Josefina Dupiny a la Justica estaban bellísimas y muy propiamente vestidas, y lo mismo lo estaban las demás niñas sus compañeras (…)”.

AARG
Fuente: El Fronterizo, sábado 27 de septiembre de 1890, “Las fiestas de la patria”.
Imagen: Alusiva.

Timeline Photos 11/09/2021

Timeline Photos

Con la representación de la obra “Cerebro y Corazón” de la escritora mexicana Teresa Farias Tassi de Isaías, se inauguró el 20 de mayo de 1915 el Teatro Carmen, en la ciudad de Tucson, Arizona.
La dueña de este lugar era Carmen Soto Vázquez, una mujer nacida en esa ciudad en 1863, 10 años después de que Tucson quedara del lado norteamericano. Descendiente de familias con gran arraigo en la ciudad, tuvo una educación muy esmerada. Se casó con Ramón Vázquez un acaudalado comerciante de Nogales. En 1914, Ramón le mostró los planos de un terreno que había comprado en la calle Meyer, en el centro de Tucson y Carmen proyectó sobre él un teatro, en el que se representarían historias y espectáculos musicales y de vaudeville en español.
El encargado de dar vida al proyecto fue Manuel Flores, quien no era propiamente un arquitecto, pero si un carpintero reconocido en la localidad por su habilidad para la construcción. Flores se encargó de construir un edificio de adobe cuya fachada recuerda a los templos de las misiones de la Pimería Alta. Su interior estaba decorado con suma elegancia y causaba especial atención su brillante iluminación; su escenario era muy amplio y tenía capacidad para albergar a 1400 espectadores, repartidos en platea, luneta y galería.
Durante casi 10 años en este teatro se presentaron óperas, zarzuelas, cuadros de comedia e incluso espectáculos de magia y prestidigitación, en idioma español. Actuaron ahí personajes como Virginia Fábregas, Esperanza Iris, así como la compañía teatral de los Soler, La Nacional, de Ciudad de México o la compañía de ópera de Carlota Millanès Caballè. En él se daba cita la comunidad mexicana de la ciudad y los visitantes sonorenses, quienes se vestían con esmero y elegancia para acudir a las funciones.
El Teatro Carmen se convirtió en un símbolo de la cultura mexicana y un punto de encuentro de esta comunidad en Tucson, la cual estaba y sigue estando estrechamente relacionada con las familias de Sonora. Sobre la representación de la obra “Pro-patria. La Guerra Europea” que la compañía de ópera y zarzuela “María del Carmen Martínez” hizo en el lugar en mayo de 1919, el periódico El Tucsonense reportó que: “La piececita es en lo general, una filigrana de inspiración en donde la verdad campea y en donde con matices de vivo colorido se destaca el espíritu de nuestra nacionalidad mexicana. Nuestro pueblo que sabe sentir los borbotones de la sangre azteca al solo recuerdo de la patria o a la sola visión de los colores nacionales, supo premiar a María Carmen que en gracioso traje nacional representó, en la obra que nos ocupamos, a México: y la florida verba de nuestro pueblo, puesta en labios de la inteligente artista, nos hizo recordar una y otra vez, nuestro espíritu bravío y nuestra nobleza de abolengo”.
AARG
Fuentes: Armando Miguélez, “El Teatro Carmen, 1915-1923” en Mexican-Amecian Theatre. Then and Now, Nicolas Kanellos, ed., An Arte Publico Press, Houston, 1989, pp. 52-60; Western Women: Carmen Soto's theater was cultural center, Jan Cleere, The Arizona Daily Star, 6 de noviembre de 2015.
Imagen: Carmen Soto Vázquez. Coloración digital.

10/09/2021

Sobre la forma en la que los pimas erigían sus viviendas, el misionero Philipp Segesser relata que:

“(…) fabrican sus casas con ramas tejidas al estilo de las colmenas de abejas. Cuentan con pequeñas puertas de entrada que el misionero debe pasar arrastrándose cuando tiene que ir a oír la confesión de los enfermos. Estas cabañas tienen un solo cuarto donde viven juntos el padre, la madre, los niños, el perro, el gato, las gallinas y en donde también se hace el fuego. No es pues de sorprender que estas casas se incendien tan a menudo.

Para cambiar una de estas casas de lugar bastan ocho a doce indios (dependiendo del tamaño de la casa) que se la echan a los hombros y la llevan al nuevo sitio. Las casas de palmilla son menos permeables al agua de lo que son las de adobes. También son bastante calientes en el invierno. Los indios requieren el calor en el tiempo de invierno porque son sumamente sensibles al frío. En cambio, en el verano cuando los europeos sufren bajo el calor del sol, los pimas se sientan alrededor del fuego para calentarse.

Pueden hacer esto porque son muy insensibles al calor ya que son hijos de los rayos del sol y del calor en el que vienen al mundo. Pero son muy sensibles al frío, al cual los europeos, especialmente los que vienen de Alemania, están muy acostumbrados.”

AARG
Fuente: Hopkins Durazo, Armando (editor y traductor) La Relación de Philipp Segesser. Correspondencia familiar de un misionero en Sonora en el año de 1737, Hermosillo, 1991 p. 27.
Imagen: Reconstrucción de una vivienda tradicional del pueblo Akimel O´otham.

Sobre la forma en la que los pimas erigían sus viviendas, el misionero Philipp Segesser relata que:

“(…) fabrican sus casas con ramas tejidas al estilo de las colmenas de abejas. Cuentan con pequeñas puertas de entrada que el misionero debe pasar arrastrándose cuando tiene que ir a oír la confesión de los enfermos. Estas cabañas tienen un solo cuarto donde viven juntos el padre, la madre, los niños, el perro, el gato, las gallinas y en donde también se hace el fuego. No es pues de sorprender que estas casas se incendien tan a menudo.

Para cambiar una de estas casas de lugar bastan ocho a doce indios (dependiendo del tamaño de la casa) que se la echan a los hombros y la llevan al nuevo sitio. Las casas de palmilla son menos permeables al agua de lo que son las de adobes. También son bastante calientes en el invierno. Los indios requieren el calor en el tiempo de invierno porque son sumamente sensibles al frío. En cambio, en el verano cuando los europeos sufren bajo el calor del sol, los pimas se sientan alrededor del fuego para calentarse.

Pueden hacer esto porque son muy insensibles al calor ya que son hijos de los rayos del sol y del calor en el que vienen al mundo. Pero son muy sensibles al frío, al cual los europeos, especialmente los que vienen de Alemania, están muy acostumbrados.”

AARG
Fuente: Hopkins Durazo, Armando (editor y traductor) La Relación de Philipp Segesser. Correspondencia familiar de un misionero en Sonora en el año de 1737, Hermosillo, 1991 p. 27.
Imagen: Reconstrucción de una vivienda tradicional del pueblo Akimel O´otham.

09/09/2021

En los últimos días del mes de junio de 1886 los milicianos de Cucurpe habían tenido un encuentro con la cuadrilla de Gerónimo en Tecapadepe, cerca de Saracachi. En la refriega, lograron rescatar a una joven cautiva, que de inmediato fue llevada a Magdalena y luego a Ures, donde fue interrogada. Según se informó en el periódico La Constitución:

“La referida cautiva es una niña de 11 años de edad y se llama Trinidad Verdini. Fue capturada por los indios en el rancho de Peek, cerca de Calabazas, Territorio de Arizona, en el mes de abril y estuvo en poder de ellos cerca de dos meses. Su corta edad y los sufrimientos a que estaba sujeta son causas para que no se hubiera podido fijar en algunas circunstancias que sería muy interesante conocer.

No sabe los nombres de las sierras y de los lugares en que anduvieron los indios, pero por algunos datos que suministra parece que la principal montaña en donde los apaches permanecían es la sierra del Agua Prieta, en el distrito de Magdalena. Dice que los indios caminaban constantemente de un punto a otro, a veces a pie, a veces en los caballos que se robaban en el campo; que dos veces atravesaron el camino de fierro, que una de ellas fue de noche y estaban tan cerca de los rieles cuando pasó el tren, que se podía conocer a las personas que iban en los carros. Que una sola vez estuvieron en una ranchería de muy pocas casas en donde los indios tenían a sus mujeres y muchachos, sin saber dónde sería, que se las llevaron de allí y ya siguieron ellos siempre, caminando todos los días sin cesar.

Dice que a ella la trataban muy mal, que le pegaban duramente porque se cansaba de tanto andar, que una vez que lloró la quisieron matar y por último que le pusieron el nombre de Machijí. Agrega esta joven que cada vez que los indios peleaban a ella y a las mujeres las escondían en donde no pudieran ver el combate y que solo una vez vio que mataron a dos individuos que se supone serían unos Andrade, a quienes asesinaron cerca de Nogales.

Según parece estuvo ella en el Pinito, cuando pelearon los bárbaros con la fuerza americana del capitán Lebo y en el Cajón de las Avispas, cuando se batieron con las fuerzas de Magdalena y Altar, y dice que nunca llegó a ver ningún apache mu**to ni herido. De lo que sí está bien segura esta niña es de que esa partida es la que capitanea el indio Gerónimo, tanto porque lo oía nombrar, cuanto porque lo reconoció en el momento en que se le presentó el retrato de aquel salvaje (sic). Dice que aunque Gerónimo es el jefe, anda allí un indio viejo que es el que sirve constantemente de guía y por lo mismo tiene cierto mando entre ellos. Dice también que anda con los salvajes un joven que aún no tiene barba, blanco, que asegura no ser apache y que habla el inglés y el castellano: que una vez habló con ella, pero que después ya no se los permitían.

Respecto al número de indios dice que nunca los contó y que no sabe a punto fijo cuántos serían, pero que son más mujeres que hombres y que muchachos son cinco. Se le preguntó cuántos serían más, si los apaches hombres que llegó a ver en mayor número o los soldados que la rescataron en Tecapadepe y dijo que eran más los soldados. Siendo estos treinta como eran debe calcularse que los indios no pasarán de veinte a veinticinco y la niña asegura con convicción que no hay más partida que esa y que nunca se llegaron a reunir más, aunque algunas veces sí se dividían en pequeños grupos.

Dice también esta joven que nunca vio que los apaches se llevaran ganado de ninguna clase, a no ser caballos para montar. Que lo que hacían era matar las reses para tomar carne y llevar bastimento; que además tenían café, pero carecían de pan; que los indios están armados con unos rifles cortitos (probablemente carabinas Wi******er) y que tienen unas maquinitas, pólvora y cápsulas para reformar los cartuchos.

Por último asegura que el día que pelearon con los de Cucurpe no eran más lo indios que Gerónimo y otras dos o tres mujeres, todos a caballo, que se habían extraviado del resto de la partida hacía dos días, que en busca de los demás dieron con las huellas de la fuerza y creyendo que era de los otros apaches, la siguieron y así fue como se encontraron con los soldados, que el caballo que ella misma montaba (la cautiva) no quiso andar en aquellos momentos y se apeó, pero que Gerónimo la levantó y la puso en ancas de su caballo. Que vio cuando hicieron fuego los soldados y cayó mu**ta una india. Que a Gerónimo le dieron un balazo y al sentirse él herido le dio a ella un empujón y la hizo caer al suelo, en cuyas circunstancias el indio también estaba cayendo de la silla, pero que logró agarrarse, enderezar y huir con los otros, perseguido por los soldados.

Que ella cree que los otros apaches huyeron y que Gerónimo dejó el caballo porque no podía andar en él en aquel terreno y no pudiendo huir por la herida se escondió y se hizo fuerte tras de alguna piedra desde donde mató a tres soldados e hirió a uno. Se le preguntó si no le había visto sangre a Gerónimo y dijo que no, porque llevaba un sobretodo muy grueso.

Para terminar, diremos que el caballo que montaba el jefe indio fue recogido por la fuerza de Cucurpe.”

AARG
Fuente: La Constitución, Hermosillo, 2 de julio de 1886, p. 3
Imagen: Grupo de niñas apache. Arizona Memory Project.
https://azmemory.azlibrary.gov/digital/collection/weth/id/61/

En los últimos días del mes de junio de 1886 los milicianos de Cucurpe habían tenido un encuentro con la cuadrilla de Gerónimo en Tecapadepe, cerca de Saracachi. En la refriega, lograron rescatar a una joven cautiva, que de inmediato fue llevada a Magdalena y luego a Ures, donde fue interrogada. Según se informó en el periódico La Constitución:

“La referida cautiva es una niña de 11 años de edad y se llama Trinidad Verdini. Fue capturada por los indios en el rancho de Peek, cerca de Calabazas, Territorio de Arizona, en el mes de abril y estuvo en poder de ellos cerca de dos meses. Su corta edad y los sufrimientos a que estaba sujeta son causas para que no se hubiera podido fijar en algunas circunstancias que sería muy interesante conocer.

No sabe los nombres de las sierras y de los lugares en que anduvieron los indios, pero por algunos datos que suministra parece que la principal montaña en donde los apaches permanecían es la sierra del Agua Prieta, en el distrito de Magdalena. Dice que los indios caminaban constantemente de un punto a otro, a veces a pie, a veces en los caballos que se robaban en el campo; que dos veces atravesaron el camino de fierro, que una de ellas fue de noche y estaban tan cerca de los rieles cuando pasó el tren, que se podía conocer a las personas que iban en los carros. Que una sola vez estuvieron en una ranchería de muy pocas casas en donde los indios tenían a sus mujeres y muchachos, sin saber dónde sería, que se las llevaron de allí y ya siguieron ellos siempre, caminando todos los días sin cesar.

Dice que a ella la trataban muy mal, que le pegaban duramente porque se cansaba de tanto andar, que una vez que lloró la quisieron matar y por último que le pusieron el nombre de Machijí. Agrega esta joven que cada vez que los indios peleaban a ella y a las mujeres las escondían en donde no pudieran ver el combate y que solo una vez vio que mataron a dos individuos que se supone serían unos Andrade, a quienes asesinaron cerca de Nogales.

Según parece estuvo ella en el Pinito, cuando pelearon los bárbaros con la fuerza americana del capitán Lebo y en el Cajón de las Avispas, cuando se batieron con las fuerzas de Magdalena y Altar, y dice que nunca llegó a ver ningún apache mu**to ni herido. De lo que sí está bien segura esta niña es de que esa partida es la que capitanea el indio Gerónimo, tanto porque lo oía nombrar, cuanto porque lo reconoció en el momento en que se le presentó el retrato de aquel salvaje (sic). Dice que aunque Gerónimo es el jefe, anda allí un indio viejo que es el que sirve constantemente de guía y por lo mismo tiene cierto mando entre ellos. Dice también que anda con los salvajes un joven que aún no tiene barba, blanco, que asegura no ser apache y que habla el inglés y el castellano: que una vez habló con ella, pero que después ya no se los permitían.

Respecto al número de indios dice que nunca los contó y que no sabe a punto fijo cuántos serían, pero que son más mujeres que hombres y que muchachos son cinco. Se le preguntó cuántos serían más, si los apaches hombres que llegó a ver en mayor número o los soldados que la rescataron en Tecapadepe y dijo que eran más los soldados. Siendo estos treinta como eran debe calcularse que los indios no pasarán de veinte a veinticinco y la niña asegura con convicción que no hay más partida que esa y que nunca se llegaron a reunir más, aunque algunas veces sí se dividían en pequeños grupos.

Dice también esta joven que nunca vio que los apaches se llevaran ganado de ninguna clase, a no ser caballos para montar. Que lo que hacían era matar las reses para tomar carne y llevar bastimento; que además tenían café, pero carecían de pan; que los indios están armados con unos rifles cortitos (probablemente carabinas Wi******er) y que tienen unas maquinitas, pólvora y cápsulas para reformar los cartuchos.

Por último asegura que el día que pelearon con los de Cucurpe no eran más lo indios que Gerónimo y otras dos o tres mujeres, todos a caballo, que se habían extraviado del resto de la partida hacía dos días, que en busca de los demás dieron con las huellas de la fuerza y creyendo que era de los otros apaches, la siguieron y así fue como se encontraron con los soldados, que el caballo que ella misma montaba (la cautiva) no quiso andar en aquellos momentos y se apeó, pero que Gerónimo la levantó y la puso en ancas de su caballo. Que vio cuando hicieron fuego los soldados y cayó mu**ta una india. Que a Gerónimo le dieron un balazo y al sentirse él herido le dio a ella un empujón y la hizo caer al suelo, en cuyas circunstancias el indio también estaba cayendo de la silla, pero que logró agarrarse, enderezar y huir con los otros, perseguido por los soldados.

Que ella cree que los otros apaches huyeron y que Gerónimo dejó el caballo porque no podía andar en él en aquel terreno y no pudiendo huir por la herida se escondió y se hizo fuerte tras de alguna piedra desde donde mató a tres soldados e hirió a uno. Se le preguntó si no le había visto sangre a Gerónimo y dijo que no, porque llevaba un sobretodo muy grueso.

Para terminar, diremos que el caballo que montaba el jefe indio fue recogido por la fuerza de Cucurpe.”

AARG
Fuente: La Constitución, Hermosillo, 2 de julio de 1886, p. 3
Imagen: Grupo de niñas apache. Arizona Memory Project.
https://azmemory.azlibrary.gov/digital/collection/weth/id/61/

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