Cygnus
Escribidor, nunca escritor! yo no sé absolutamente nada.
17/05/2026
🐍
15/05/2026
Aceptación 🐍
15/05/2026
11/05/2026
Quién eres, que mi piel encadenas?
¿Eres diablo o eres ángel?
Bendición del cielo o triste condena.
Humedeces mis ojos al calor de tu sangre
Tu cuerpo es templo y alimento
Y sin ti mi alma muere de hambre.
Tu aliento es fuego, tu boca mi pan
Tu beso caricia húmeda del alma
Bajo tu peso entrego mi libertad.
Espíritu arcano, mi Cernunnos inmortal
Todo aquello que me llena
Y el temblor que dice:
¡Por favor, ya no más!
Cygnus
"La tragedia de la vida no es que se acabe tan pronto, sino que esperemos tanto tiempo para comenzarla."
– W. M. Lewis
LA ALQUIMIA DE LA VIEJA CASA
Bajo las vigas colosales de aquella barraca maderera, donde el aire no era solo oxígeno, sino un sedimento de resina antigua, polvo y olvido, el silencio no traía paz. Era una tregua tensa, una calma antes de la tormenta que habitaba en las paredes.
Aquel lugar se alzaba como un castillo de sombras, un esqueleto de maderas y fierro, donde el eco de las discusiones y el rencor golpeaba con la fuerza de un ma****lo, hasta volverse parte de la estructura misma del lugar.
Allí, en un rincón donde la luz entraba no como un regalo, sino como una lanza de polvo dorado que perforaba la oscuridad, estaba la niña que fui yo. Sus dedos, pequeños pero ya expertos en la cartografía de la soledad, acariciaban el plumaje frío de un gorrión caído. No lloraba; su dolor no era agua que se escurre, sino un sedimento profundo, una certeza mística de ser un habitante accidental en un reino de desamor.
De pronto, una presencia se materializó a su lado. No era una extraña; era un reflejo maduro, una mujer de mirada firme como la piedra y manos que conocían tanto la caricia sanadora como el esfuerzo de la creación. Había un reconocimiento antiguo entre ellas, como si sus almas hubieran pactado este encuentro eones atrás.
YO ADULTA: (Con una voz que parece nacer del viento que se filtra entre los tablones) Es un palacio desolado para una reina tan pequeña, ¿verdad? El aserrín en el suelo parece nieve de una estación que nunca se congela del todo.
YO NIÑA: (Sin sobresaltarse, acostumbrada a los diálogos con sus propios mundos) Shhh... Si no nos movemos, el ruido de la casa no nos encuentra. Encontré este pajarito. Creo que se cayó del cielo porque no tenía dónde apoyarse. Yo tampoco tengo dónde apoyarme, a veces. El destino parece haberme traído aquí, a este lugar donde nadie me ve.
YO ADULTA: (Se sienta a su lado, ignorando el polvo sobre sus ropas de mujer que ha forjado su propia armadura) Lo sé. Sé que el aire aquí está impregnado de la idea de que tu existencia es una carga, un error de cálculo en la felicidad de otros. Sé que la mirada de los que amas se siente como un invierno eterno en el alma. Pero escúchame bien, pequeña guardiana de rincones y de gorriones: mírame a los ojos y busca en ellos tu verdad, el código que tu nombre trae desde la profundidad del bosque.
La niña levanta el rostro. En sus pupilas se refleja el cansancio de mil batallas libradas en el silencio, pero también una chispa de honor que busca ser encendida.
YO ADULTA: No eres el estorbo que te dijeron. Eres la semilla de una estirpe de mujeres que no existía antes de ti en este plano. Escucha mi promesa, porque es el decreto de tu destino, el mapa que te llevará de regreso a casa: Vamos a vencer. No por suerte, ni por el favor de los otros, sino por la pura y sagrada voluntad.
YO NIÑA: ¿Cómo podemos vencer si aquí el amor se gasta en gritos y el universo parece sordo a mis oraciones? Me dicen que no puedo, que no valgo... Siento que es mejor desaparecer, como el pajarito que se funde con el aserrín.
YO ADULTA: No vas a desaparecer; vas a trascender. Vas a trabajar hasta que tus manos sean el testimonio físico de tu libertad. Serás la primera en cruzar el umbral de esta barraca maderera, de este palacio de sombras. Serás la mujer que, por primera vez en esta genealogía de invierno, vivirá para construir un santuario de paz donde el odio no tenga permiso de entrada, un lugar que huela a madera noble y no a rencor.
YO NIÑA: (Rozando con curiosidad mística la mano de la adulta) Tus manos están tibias... y se ven fuertes, como si pudieran sostener el mundo. ¿Seguiremos luchando?
YO ADULTA: Trabajaremos cada día de nuestra vida, pero el sudor ya no será de miedo, sino de orgullo. Y aquí está la verdadera alquimia, pequeña mía: nos iremos de este castillo sin llevar una sola brasa de odio en el pecho. Vamos a transmutar toda esa rabia en un agradecimiento luminoso, porque gracias a este frío aprendimos a encender nuestro propio fuego. Lograremos una conexión con el universo que nadie podrá desatar, un lazo que existía mucho antes del tiempo. Seremos como estrellas: distantes del dolor que habitó esta barraca, pero presentes en el brillo de la verdad.
YO NIÑA: (Una sonrisa tímida, cargada de la fe de quien empieza a recordar quién es, asoma en su rostro) ¿Tendremos honor?
YO ADULTA: Tendremos honor, lealtad y una honestidad que será nuestra corona, labrada en el fuego y el vidrio de nuestras palabras. La gente nos amará no por lo que tenemos, sino por la luz que emana de nuestras cicatrices sanadas. Seremos las guerreras que siempre soñamos en las tardes de cine y fantasía. Pronto, pequeña mía, empezaremos a forjar nuestra propia madera, nuestra propia armadura. Pero ya no será para ocultarnos del frío de esta casa, sino para que el mundo vea cómo brilla una mujer que decidió, por puro honor, no dejarse vencer.
La adulta envuelve a la niña en un abrazo que atraviesa el tiempo, las vidas y los párrafos del destino. En ese instante, la barraca maderera deja de ser una cárcel de madera y se convierte en el crisol de una alquimia sagrada: el momento exacto en que la niña que creía ser un gorrión de ceniza descubre que será y siempre fue un fénix.
NOTA DEL AUTOR: Siempre es bueno volver la vista atrás y recordar los niños que fuimos, abrazarlos y decirles que todo va a estar bien, que gracias a ellos logramos ser los adultos que hoy somos. 💚🐍
05/05/2026
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