Centa Rek
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calle Comercio esq Colón s/n
Comité de Tierra, Territorio
Piso 8, .
13/05/2026
13/05/2026
LA MARCHA POR LA COCA Y LA DESTRUCCION
Centa Rek L
Ex senadora/ Escritora/ psicoanalista
Bolivia vuelve a enfrentarse a una ofensiva de movilización impulsada por el masismo bajo la conducción de Evo Morales. Marchas, bloqueos, toma de caminos, violencia y amedrentamiento buscan alterar el rumbo que los ciudadanos definieron democráticamente en las urnas.
Apenas seis meses fueron suficientes para que construyeran una nueva narrativa política: responsabilizar al actual gobierno por la totalidad de la crisis económica, social e institucional que vive el país, cuando gran parte de esa devastación es consecuencia directa de dos décadas de despilfarro, corrupción, extractivismo político y destrucción sistemática de la institucionalidad republicana.
Los mismos actores que vaciaron el Estado, sometieron la justicia, expandieron el aparato corporativo sindical y consolidaron un modelo basado en el control político y la dependencia económica, hoy pretenden volver presentándose como supuestos defensores del pueblo. Se erigen como falsos profetas de una protesta plagada de manipulación y victimización, mientras buscan reinstalar un modelo expropiador, punitivo y parasitario que castigó durante años al ciudadano que produce, emprende y trabaja.
Nada resulta más peligroso que la pretensión de retomar el poder mediante la presión callejera y la imposición de la fuerza. Bolivia se encuentra ante una peligrosa escalada de desestabilización que amenaza la convivencia democrática. La experiencia histórica demuestra que los proyectos autoritarios que intentan retornar al poder suelen hacerlo con mayor radicalidad, mayor resentimiento y menor tolerancia frente a cualquier forma de oposición.
Existen alertas sobre posibles intentos de generar caos y confrontación en la sede de gobierno bajo el paraguas de la denominada “marcha por la vida”. Mientras tanto, grupos afines al masismo ya han protagonizado episodios de presión y violencia en distintos puntos del país, afectando el derecho al trabajo, la libre circulación y la seguridad de miles de ciudadanos, particularmente en El Alto y La Paz.
También surgen serias interrogantes sobre el financiamiento y la logística que sostienen movilizaciones prolongadas, bloqueos simultáneos y estructuras de presión de gran escala. Corresponde que las autoridades competentes investiguen con transparencia el origen de estos recursos y determinen si existen mecanismos irregulares o ilícitos detrás de estas operaciones políticas y sindicales.
En este momento crítico, el Parlamento no puede seguir actuando con indiferencia. Resulta indispensable debatir mecanismos legales que protejan efectivamente la democracia, el derecho al trabajo y la seguridad ciudadana frente a acciones violentas o coercitivas disfrazadas de protesta social.
Del mismo modo, el gobierno debe comprender que no puede asumir un rol pasivo o meramente arbitral frente a actores que han demostrado reiteradamente su disposición a utilizar la presión y el conflicto como herramientas de poder. Gobernar también implica garantizar el orden democrático, proteger a los ciudadanos y defender a quienes desean vivir en paz, trabajar y construir futuro sin imposiciones ni amenazas.
Bolivia ha llegado a una hora de decisiones, el gobierno debe resguardar a la población y no entregarla y menos dejarla librada a hordas violentas.
12/05/2026
BOLIVIA BLOQUEADA
Centa Rek L
Ex senadora/ Escritora/ Psicanalista
Bolivia se encuentra sitiada por más de 40 puntos de bloqueo que impiden el libre tránsito, paralizan las actividades económicas y siembran miedo, desazón y conflicto a lo largo y ancho del país.
Existe cansancio en una ciudadanía que necesita condiciones mínimas para producir y sobrevivir, enfrentando ya la adversidad de una profunda crisis económica; crisis que, paradójicamente, es consecuencia directa del modelo aplicado por los mismos grupos que hoy intentan retornar al poder, en contramano de la lógica económica, del mercado y de los imperativos de la realidad.
Los bloqueos se han convertido en el arma de presión de grupos y colectivos que actúan con lógica extorsiva, buscando reinstalar un sistema basado en el saqueo del Estado y de los privados, mediante leyes diseñadas para las prebendas, los privilegios y la captura corporativa del poder, siempre bajo el discurso victimista de quienes se autodenominan “pobres y desamparados”.
Mientras tanto, el gobierno de Rodrigo Paz insiste en refugiarse bajo el paraguas del diálogo, una estrategia que luce pueril e insuficiente frente a una estampida de protestas radicalizadas que ya exigen abiertamente la renuncia del presidente.
Solo seis meses le concedieron estas hordas movilizadas a un gobierno democráticamente elegido antes de iniciar una ofensiva permanente de marchas, amenazas y bloqueos, deteriorando deliberadamente la economía y la convivencia nacional para forzar un retorno político.
Rodrigo, ¿estás seguro de que el diálogo basta?
¿Se puede recibir con un pañuelo a quien llega con garrote, dinamita, destrucción de infraestructura pública y una retórica cargada de odio y amenazas?
Tu responsabilidad con el país es enorme. Quisiste ser presidente, lo lograste, y ahora te corresponde asumir el rol histórico de defender a Bolivia de esta amenaza desestabilizadora.
El momento actual exige definición, decisión y autoridad democrática. Exige el imperio de la ley, el respeto al ciudadano y la defensa del derecho de millones de bolivianos a trabajar, circular y vivir en paz.
Se atribuye a Winston Churchill una frase que parece describir estos momentos decisivos:
“Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra; elegisteis el deshonor y tendréis la guerra”.
Hay circunstancias históricas en las que existe un solo camino, y tomarlo a tiempo evita más dolor, más pérdidas y una mayor exposición a lo inevitable.
El Estado debe enfrentar la desarticulación de estos colectivos dentro del marco de la ley, pero también con firmeza y capacidad disuasiva. La paz social no puede quedar rehén de quienes utilizan el caos como instrumento político.
ABROGAR LA LEY 1720: UNA MÁSCARA PELIGROSA
Por Centa Rek L.
Ex senadora/ Escritora/ psicoanalista
Para desmontar el Estado político, corporativo y territorial construido durante casi dos décadas por el masismo bajo la égida del socialismo del siglo XXI, Bolivia necesita algo más que un cambio de gobierno: requiere una visión de país, una cohesión política y una decisión histórica capaces de transformar el modelo económico y estatal instaurado por Evo Morales.
La discusión no es técnica ni administrativa. Es geopolítica, ideológica, económica y profundamente política.
Mientras el Parlamento intenta definir una hoja de ruta para las reformas estructurales que el país necesita, el Ejecutivo da señales ambiguas y retrocede frente a la presión de la calle, los bloqueos y la capacidad de chantaje de sindicatos y organizaciones corporativas heredadas del modelo populista masista. Un sistema que, aunque derrotado en las urnas, se resiste a desaparecer y busca rearticularse mediante la presión social, el boicot y la amenaza permanente.
Bolivia no podrá convertirse en un país viable sin desmontar parte de la arquitectura normativa que sostuvo el proyecto masista. Y precisamente allí radica la virulencia de la reacción frente a cualquier modificación relacionada con la tierra, el territorio y la propiedad colectiva.
El MAS entiende perfectamente que el núcleo de su supervivencia política no se encuentra únicamente en un partido, sino en el control territorial organizado desde el Estado bajo estructuras comunitarias funcionales al poder político. Las organizaciones campesinas e indígenas fueron concebidas no solo como actores sociales, sino como sujetos políticos territorializados, dependientes de un Estado con capacidad de tutela y rectoría absoluta sobre espacios estratégicos.
Por eso Evo Morales y toda la estructura corporativa creada alrededor de su proyecto reaccionan con tanta agresividad frente a cualquier intento de reforma. No defienden únicamente derechos colectivos: defienden una arquitectura de poder.
Sin control territorial no existe poder político duradero.
El relato construido por el masismo intenta presentar cualquier reforma sobre propiedad colectiva como una “restauración neoliberal” o un retorno de antiguas élites. Pero detrás de esa narrativa se esconde otra realidad: el temor a perder los mecanismos que permiten reproducir liderazgo político, capacidad de movilización y control social sobre extensas áreas del país.
La preservación de estructuras comunitarias bajo tutela estatal garantiza al populismo una reserva permanente de presión política y una base territorial organizada desde donde puede condicionar gobiernos, bloquear reformas y preparar su retorno.
La disputa de fondo no es simplemente quién posee la tierra. La verdadera disputa es quién organiza el territorio, quién administra legitimidad social y qué modelo de Estado prevalecerá en Bolivia.
Por eso resulta peligroso disfrazar de “prudencia” o “consenso” lo que en realidad puede terminar siendo una renuncia a transformar las bases del régimen anterior. Retroceder ahora implicaría dejar intactos los cimientos políticos, territoriales y corporativos del masismo, sustituyendo únicamente los rostros del poder mientras el modelo permanece intacto.
Quitémonos la máscara.
El momento histórico exige responsabilidad, claridad conceptual y decisión política. Porque simular cambios mientras se preserva intacta la estructura del viejo régimen no es transición: es continuidad encubierta.
04/05/2026
NUEVAS AUTORIDADES DE SANTA CRUZ: el inicio de una nueva era
Centa ReK L
Ex senadora/ Escritora/ Psicoanalista
Todo indica que en Santa Cruz se abre un nuevo ciclo de gobernanza. Después de la destrucción, después del desastre, emerge —como en la metáfora de la caja de Pandora— una última reserva: la esperanza. Una espiga frágil, pero firme, que hoy empieza a tomar forma institucional.
La posesión de JP Velasco como gobernador y de Mamen Saavedra como alcalde marca ese punto de inflexión. No llegan solos: los acompañan mujeres valientes en posiciones clave —la primera vicegobernadora, la presidencia de la Asamblea Departamental y del Concejo Municipal— que encarnan no solo capacidad de gestión, sino también una deuda histórica que empieza a saldarse.
Las mujeres cruceñas han estado presentes en todos los momentos decisivos de nuestra historia; hoy, su presencia en el poder ya no es simbólica: es reconocimiento, inclusión y validación largamente postergada.
La jornada inaugural dejó una imagen clara: sobriedad, simbolismo y compromiso. Sin estridencias. Sin excesos. JP Velasco asumió con emoción, pero también con una honestidad poco frecuente: sin promesas grandilocuentes, con la conciencia plena de recibir una administración quebrada, en números rojos, con profundas limitaciones estructurales.
En el ámbito municipal, el panorama no es distinto. Mamen Saavedra enfrenta una ciudad atravesada por el déficit, la precariedad y demandas urgentes. Ambos liderazgos deberán gobernar desde la escasez, y precisamente allí se medirá su verdadera dimensión: en la capacidad de reconstruir.
Sin embargo, hay señales que preocupan. La ausencia de los asambleístas departamentales de Creemos, dejando sus curules vacíos en un momento institucional clave, revela una lectura política equivocada. No se trata de adhesiones ni de renuncias ideológicas, sino de responsabilidad histórica. Dar la espalda a este momento no solo debilita la institucionalidad, sino que contradice el espíritu cruceño, que siempre ha sabido anteponer el interés regional por encima de diferencias partidarias.
Ese fue el espíritu que marcó las luchas civicas dede los años 50 así como la gesta del 2019. Ese es el legado que hoy debe retomarse. En este nuevo tiempo político, las autoridades no pueden ser vistas como enemigos, sino como una oportunidad para reconstruir, consolidar y proyectar las reivindicaciones autonómicas que durante años fueron postergadas y, en muchos casos, vulneradas.
Es momento de abandonar las disputas estériles, las fracturas internas, las luchas intestinas que tanto daño han hecho. Es tiempo de construir, de sembrar, de exigir eficiencia, pero también de acompañar procesos.
JP Velasco ha sido claro: gestión sin aspavientos, con resultados. Mamen Saavedra, al jurar desde la plaza 24 de Septiembre, busca enviar un mensaje directo: cercanía con la gente, legitimidad popular, conexión con la calle.
Dos liderazgos que proyectan. Dos figuras que cargan con expectativas enormes. Santa Cruz necesita que estén a la altura del desafío.
Que puedan superar los obstáculos.
Que se conviertan en el faro que guíe la salida de este periodo oscuro.
Que honren la esperanza que hoy vuelve a nacer.
02/05/2026
LA COB CONSPIRA
Centa Rek L
Ex senadora | Escritora | Psicoanalista
Venimos advirtiendo que Bolivia necesita cambios radicales si realmente quiere cerrar el ciclo del modelo sindicalista, estatista, improductivo y depredador de los recursos públicos que se instaló durante años.
Hoy, esa advertencia deja de ser teórica y se vuelve urgente. La amenaza es flagrante: sindicatos movilizados, bloqueos, pliegos petitorios inviables y una escalada de presión que no es espontánea ni aislada. Es la demostración de una estrategia clara: desestabilizar, desgastar y forzar un retorno anticipado al poder de quienes no han renunciado a su proyecto.
Evo Morales y su entorno no han desaparecido. Se rearticulan. Y lo hacen en un contexto regional donde la izquierda busca recomponerse, encontrando en Bolivia un terreno fértil si el nuevo poder político no logra consolidarse con rapidez y firmeza.
Mientras tanto, el gobierno naciente se ha mostrado tardio para reaccionar, tal vez porque no ha sopesado la importancia del factor tiempo. No ha logrado aún articular una estrategia sólida que blinde al país frente a esta ofensiva. Y eso preocupa. Porque el problema ya no es de una administración en particular: es un problema nacional.
Los bolivianos hemos atravesado dos décadas de desgaste. Primero resistiendo lo inevitable. Luego, luchando por una salida democrática. Esa salida finalmente se logró, pero hoy corre el riesgo de diluirse entre la lentitud, la indecisión y la falta de respuestas a la altura del momento; todos somos parte interesada y somos también factores determinantes de esa lentitud.
El Parlamento, por su parte, parece atrapado en un mundo paralelo: disputas menores, interpelaciones estériles y protagonismos mediáticos que ignoran la gravedad del escenario. No están leyendo el mandato ciudadano ni el peligro que se cierne sobre lo que se ha conquistado.
En este vacío, la COB ha ocupado el espacio. Se ha erigido en articuladora de cabildos y demandas que desafían no solo al gobierno, sino a cualquier lógica de reconstrucción económica. Pretender reactivar el país bajo presión corporativa y sin reglas claras es, simplemente, inviable.
Pero hay una pregunta incómoda que no puede seguir eludiéndose: ¿dónde están los sectores empresariales? ¿Por qué no hay una reacción clara, firme y pública en defensa de un modelo que les permitiría producir, invertir y crecer? El silencio, en este momento, también es una forma de renuncia.
La respuesta que exige el país debe ser contundente, pero también generosa en su sentido más profundo: desprendida de intereses inmediatos y enfocada en la supervivencia y el futuro de Bolivia.
El gobierno de Rodrigo Paz tiene la responsabilidad de definir con claridad el rumbo. Pero también necesita respaldo. Sin apoyo político, económico y social decidido, cualquier intento de cambio será insuficiente.
Es momento de un gran acuerdo nacional. No retórico, sino operativo. No declarativo, sino efectivo.
Porque ya no hay margen para titubeos.
O se consolida un nuevo rumbo, o se abre la puerta —otra vez— al pasado.
Y esta vez, el tiempo juega en contra
30/04/2026
Mayo 2026: en cuenta regresiva
Centa Rek L
Ex senadora/ Escritora/ Psicoanalista
Bolivia ha dejado de estar simplemente en crisis. Hoy transita una fase más peligrosa: la del desgaste acelerado por la indecisión.
El modelo que durante años sostuvo sindicatos, bloqueos y un Estado híper agrandado ha colapsado. Ya no hay relato que lo legitime. Pero sus operadores siguen ahí, expectantes, esperando el momento de regresar. Y cada retroceso del gobierno les abre la puerta un poco más.
Ese es el problema de fondo: no la amenaza, sino la falta de respuesta.
Mayo de 2026 debió marcar un punto de inflexión. El momento de asumir costos y ordenar el rumbo. En cambio, nos encuentra atrapados en cálculos políticos, medidas a medias y señales contradictorias. Y en política, dudar también es decidir… pero a favor del deterioro.
Las medidas son conocidas y no admiten más postergación: reducción real del gasto público, cierre de empresas estatales inviables, apertura efectiva a la producción privada y liberalización económica. No hay caminos intermedios que funcionen.
Cada día sin avanzar en esa dirección no es neutro: erosiona la autoridad, fortalece el chantaje y reinstala a quienes viven de la presión y el bloqueo como método de poder.
Por eso la discusión ya no es técnica. Es política. Es una cuestión de voluntad: ¿se va a gobernar o se va a administrar el desgaste hasta el colapso?
La única salida sigue siendo la misma: un gran acuerdo nacional que deje de lado la mezquindad y articule al poder político con el aparato productivo. Pero ese acuerdo no puede seguir siendo una consigna; necesita convertirse en decisión.
Hoy el país enfrenta una verdad incómoda: el tiempo ya no está disponible.
El tiempo empezó a jugar en contra. Y cuando eso ocurre, no gana el más prudente, sino el más decidido.
La pregunta es simple: ¿quién está dispuesto a asumir ese costo antes de que sea demasiado tarde?
No hay otra posibilidad que no sea la de avanzar y generar los cambios inevitables u optar por la muerte anunciada del camino de desgaste rumbo al retroceso y destrucción.
27/04/2026
MOMENTO DE DEFINICIONES
Centa Rek L
Ex senadora | Escritora | Psicoanalista
El gobierno de Rodrigo Paz enfrenta hoy una encrucijada que no admite postergaciones. Aquella sentencia socrática —“hagas lo que hagas, te arrepentirás”— parece describir con precisión el dilema actual: decidir implica costo, pero no decidir implica colapso.
Bolivia atraviesa una crisis económica de gravedad estructural. No se trata de un bache coyuntural, sino del agotamiento de un modelo basado en gasto público desbordado, prebendas y captura corporativa del Estado. Las reservas se han erosionado, el margen fiscal es prácticamente inexistente y la presión de sectores organizados —gremiales, sindicatos y colectivos que han vivido de la lógica rentista— condiciona cualquier intento de reforma.
En este contexto, el gobierno ha transitado casi seis meses en una zona ambigua: ensaya señales de apertura económica, insinúa reformas, pero retrocede ante la presión. Un híbrido que no construye confianza ni genera gobernabilidad. Y en política, la ambigüedad sostenida no es prudencia: es debilidad.
Hoy Bolivia se aproxima peligrosamente a un punto de inflexión. Persistir en la lógica de concesiones sucesivas a quienes han contribuido a la crisis no hará sino profundizarla. No se puede gobernar tratando de conciliar lo inconciliable: un modelo agotado y la necesidad urgente de transformarlo.
Gobernar es elegir. Y elegir supone definir aliados indispensables y no solo supuestos amigos o totalmente afines, trazar un rumbo y asumir las consecuencias. No se puede servir a dos lógicas opuestas sin terminar paralizado. La gobernabilidad no se construye cediendo permanentemente, sino estableciendo un horizonte claro y sosteniéndolo con decisión política.
Este es, sin eufemismos, el momento de la verdad. Si el gobierno no genera ahora las condiciones para un cambio estructural, más adelante ya no habrá margen: ni político, ni económico, ni social. Lo que hoy es difícil, mañana puede ser imposible.
Hay momentos en la historia en los que la indecisión no es neutral: es fatal. Este es uno de ellos.
Entrevista con Jhon Arandia:
El 2024- 2025 en mi función de senadora hice una fiscalización a BOA en la que ya se evidenciaba el daño economico al estado boliviano en la ruta Santa Cruz- La Habana
22/04/2026
En Febrero 2025 publique una fiscalización que en mi funcion de senadora hice a BOA, denunciando que la aerolínea estatal boliviana hacia viajes a CUBA a perdida! Por razones que debían ser investigadas
21/04/2026
CAMBIO DE ERA: la obligación de una nueva cultura política
Centa Rek L
Ex senadora | Escritora | Psicoanalista
En Santa Cruz de la Sierra no hubo solo alternancia: hubo un quiebre. El voto ciudadano decidió cerrar un ciclo de poder sostenido en la distancia, la impostación y la construcción de relatos que privilegiaban la imagen por encima de la realidad.
Durante años, la política se organizó en torno a figuras inaccesibles, diseñadas para concentrar atención más que para rendir cuentas. Más tarde, en el ciclo marcado por Evo Morales, ese molde cambió de forma, pero no de lógica: lo simbólico —lo folklórico, lo identitario o incluso lo excéntrico— terminó muchas veces sustituyendo la profundidad del ejercicio de gobierno.
Hoy, la ciudadanía ha decidido romper con ese esquema.
Las nuevas autoridades encarnan otro perfil: cercanas, humanas, menos rígidas. Se muestran como personas reales, con trayectorias en construcción. Pero esa cercanía no puede quedarse en una estrategia comunicacional. Debe traducirse en una nueva cultura política.
Ese es el núcleo del mandato.
Porque el voto no fue ingenuo. No se eligió juventud para tolerar improvisación, ni cercanía para aceptar superficialidad. Se eligió cambio para exigir resultados. Se eligió renovación para demandar responsabilidad.
La cultura política que hoy se reclama en Santa Cruz representa tambien un mandato y un mensaje claro que ha nacido de las urnas. Exige transparencia real, no pregonada; apertura efectiva, no escenificada; capacidad de escuchar, pero también de decidir y ejecutar. Supone entender que el poder no es un espacio de validación personal, sino una herramienta al servicio del bien común.
También implica abandonar las lógicas excluyentes: compartir el poder como convicción y no como concesión, e integrar plenamente a las mujeres en los espacios de decisión. Un nuevo ejercicio del poder.
La ciudadanía ha abierto una puerta. Pero ninguna transformación está garantizada.
El riesgo de repetir viejos vicios con nuevos rostros siempre esta presente.
Las autoridades elegidas en Santa Cruz tienen hoy una oportunidad histórica y una obligación concreta: hacer un cambio real en la cultura política