Luli Rocha
Hola buenas chic@s.
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AMOR POR CONTRATO.
AUTORA: ABBYLU.
Suertucienta... la otra cara del cristal.
La encuentran en mi perfil de NovelToon. Autor Abbylu.
21/06/2025
Este es mi perfil en la plataforma de NovelToon, y allí podrán encontrar todas mis historias.
21/06/2025
¡He creado una historia súper interesante en NovelToon! ¡Espero que puedas apoyar mi trabajo y seguirme!
Capítulo 1.
El estudio fotográfico estaba en pleno movimiento. Luces blancas y cálidas se alternaban al ritmo de los flashes. Al fondo, sobre una plataforma circular, Lila —la hija menor de Silvia— posaba con la elegancia natural que la caracterizaba. Cada gesto, cada movimiento de su cuerpo era una danza delicada frente al lente.
Silvia la observaba con una sonrisa orgullosa desde una silla lateral. Su mirada no se apartaba de ella. Era como ver a su propio reflejo años atrás, cuando los escenarios eran su casa y la cámara, su aliada.
Sin embargo, la calma se rompió cuando la puerta se abrió con un chirrido y Dimitri entró.
Vestía un abrigo oscuro, elegante, y el gesto serio que se había vuelto su sello distintivo durante los últimos años. Apenas cruzó el umbral y vio a Silvia, sus pasos se detuvieron en seco. Por un instante, pareció que el tiempo se congelaba. Su primer impulso fue girarse para marcharse sin decir palabra.
Pero no fue lo suficientemente rápido.
—Hijo… —La voz de Silvia lo alcanzó, temblorosa, una mezcla de emoción, nerviosismo y esperanza.
Dimitri se tensó. Cerró los ojos un instante, exhaló, y cuando los abrió nuevamente, Silvia ya se le acercaba con pasos torpes pero decididos. Sin darle tiempo a reaccionar, lo abrazó.
Él no correspondió al gesto. Permaneció rígido, como una estatua de hielo. Sus brazos colgaban a los costados, como si no supiera qué hacer con ellos. Cuando Silvia se separó, con los ojos brillando por las lágrimas y una sonrisa temblorosa, él apenas la miró.
—Lo siento —dijo ella, con la voz rota—. Yo solo… No sabes cuánto te extrañé. ¿Podemos hablar? Hay tantas cosas que me gustaría preguntarte, cosas que nunca dije... cosas que...
Estaba cansada de que su hijo la ignorara. Cansada de fingir que no le dolía. Sabía que le había fallado, pero ya no quería seguir huyendo del dolor. El primer paso era hablarlo. Mirarlo a los ojos.
—Silvia —la interrumpió él con una frialdad que cortó el aire—, lo siento. No esperaba verte aquí. Es mejor que espere a mi novia afuera.
No había rabia en su tono. Solo una distancia calculada, dura, como una muralla de concreto levantada entre ambos.
Silvia forzó una pequeña sonrisa, intentando restarle gravedad.
—¿Novia? ¿Cuál? Vamos, dime... ¿cuál de estas chicas logró robarse el corazón de mi muchacho?
Dimitri frunció el ceño, sin humor, sin paciencia. No respondió. Dio un paso atrás, giró, y sin mirar atrás, se alejó.
Silvia lo vio marcharse con el corazón hecho trizas.
Desde el fondo del estudio, Lila había observado todo. Interrumpió la sesión con una seña y pidió diez minutos de pausa al fotógrafo. Luego se acercó a su madre con el ceño fruncido.
—¿Mamá? ¿Estás bien?
Silvia se forzó a sonreír, aunque la mirada no la acompañaba.
—Sí, cariño. Estoy bien. Tranquila, sigue trabajando. Luego hablamos, ¿sí?
—Está bien... —murmuró Lila, poco convencida.
Volvió al set, pero antes de alejarse, miró cómo su madre se levantaba despacio y caminaba hacia la salida. Lenta, como si le pesaran los años, la tristeza y la culpa.
***
El aire en la calle era frío. Silvia caminó por la vereda con el corazón latiendo a mil. No podía dejar que todo terminara así. Ya había perdido demasiados años. Dimitri había crecido con esa distancia amarga entre ambos, y ella no quería seguir siendo una figura borrosa en su vida.
Lo vio justo al otro lado de la calle, abriendo la puerta de su auto. Sin pensar, bajó del cordón y comenzó a cruzar.
—¡Dimitri! —gritó con fuerza—. ¡Hijo, espera!
Él giró al oírla. Al verla correr hacia él, su expresión se transformó.
—¡Mamá, no!
Fue un instante eterno.
Un auto apareció doblando la esquina. El conductor frenó con fuerza al ver a Silvia, pero fue demasiado tarde. El golpe sonó seco. El cuerpo de Silvia salió disparado en el aire y luego cayó al pavimento, rodando como un muñeco sin vida.
No sintió el impacto. No oyó los gritos. No supo de las manos que intentaron auxiliarla ni de la sangre que se esparcía en el asfalto.
***
Una sala blanca. Blanca como ninguna otra luz que Silvia hubiera visto jamás. Las paredes no tenían esquinas. El techo y el suelo parecían no tener fin. Todo era silencio. Una figura se mantenía de pie frente a ella, vestida con una túnica sencilla, irradiando una paz solemne.
—¿Dónde estoy? —preguntó Silvia, sentándose con dificultad—. ¿Qué es este lugar?
La figura, con ojos serenos, respondió:
—Estás en el purgatorio, hija mía.
Silvia abrió los ojos con asombro.
—¿Qué? ¿Cómo que purgatorio? ¿Acaso… morí?
—No exactamente.
—¿Cómo que "no exactamente"? ¿Qué quieres decir?
—Tuviste un accidente. En estos momentos, te debates entre la vida y la muerte. Puedes verlo por ti misma.
Con un gesto, la figura mostró una especie de pantalla flotante. Silvia vio su cuerpo en una camilla, rodeado de médicos desesperados por salvarla. Afuera, en la sala de espera, estaban Dimitri y Lila.
Ambos destrozados.
Dimitri tenía la ropa manchada de sangre y la mirada perdida, el rostro cubierto por un llanto silencioso. Lila estaba inerte, pero sin consuelo, sin aire. Silvia sintió que se le desgarraba el alma.
—No… —susurró, con un n**o en la garganta—. No puedo dejar a mis hijos así. ¡Tengo que volver! ¡Aún no estoy lista para partir! ¡Tengo tanto que sanar, tanto que decirles...!
La figura asintió con serenidad.
—Lo sé. Y por eso tendrás una segunda oportunidad. Pero no será gratis.
Silvia lo miró fijamente.
—Lo que sea… Haré lo que sea.
—Bien. Deberás viajar a otro mundo... y evitar que una guerra estalle. Conoces bien esa historia. Por eso te he elegido a ti. Si logras salvar a todos, te devolveré con tus hijos.
Silvia asintió sin dudar.
—Haré lo que sea por volver a casa.
Una luz intensa comenzó a envolverla. Quiso decir algo más, pero no tuvo tiempo. La luz la arrastró, obligándola a cerrar los ojos.
— Mucha suerte hija mía.
***
Cuando los abrió, estaba acostada en una cama antigua con dosel, rodeada por cortinas de terciopelo. La habitación era lujosa, de estilo clásico, con candelabros, alfombras tejidas a mano y muebles de madera tallada.
Se incorporó lentamente.
Una ventana a su izquierda dejaba pasar los primeros rayos del amanecer. Afuera, el cielo era púrpura, y en el horizonte se divisaban dos lunas plateadas.
Antes de que pudiera procesar lo que veía, la puerta se abrió suavemente y una joven con cabello trenzado entró con una jarra de agua.
—Buenos días, mi señora —saludó con una reverencia.
Silvia parpadeó, desorientada.
—¿Quién eres tú?
—Soy Mireya, su doncella. El consejo me pidió que la ayudara a prepararse. Hoy es su primer encuentro con el general Marvek.
—¿General...? Espera... ¿Dónde estoy?
Mireya ladeó la cabeza, preocupada.
—¿Se siente bien? ¿No recuerda? Está en el castillo de Erdan, en el reino de Norien. Usted es la nueva enviada del consejo para evitar la guerra.
Silvia se frotó las sienes.
"Entonces... esto ya comenzó."
Respiró hondo y se obligó a sonreír.
—Claro... sí. Solo tuve un sueño muy... real.
Mireya sonrió aliviada y se acercó a ayudarla a vestirse.
Silvia, por su parte, se prometió algo con firmeza: volvería con sus hijos. No importaba el precio.
21/06/2025
Capítulo 1.
POV Mía
Desde el momento en que abrí los ojos, supe que algo andaba mal. No fue la luz suave que atravesaba las cortinas bordadas, ni el aroma familiar de las flores en el jarrón sobre mi escritorio... fue la quietud. Esa quietud inquietante que solo existe en los recuerdos, en aquello que se ha quedado detenido en el tiempo.
Parpadeé varias veces, y el techo de mi antigua habitación apareció ante mí como una pintura colgada en un museo. Reconocía cada grieta, cada mancha en la madera. Lentamente me incorporé, sintiendo las sábanas de lino deslizarse sobre mi piel. Todo estaba... intacto. Demasiado intacto.
No tuve tiempo de cuestionarlo. La puerta se abrió de golpe.
—¡Mía! —la voz de mi madre retumbó, irritada pero también preocupada—. Por el amor de Dios… ¡aún no te has vestido!
Mi corazón se detuvo. Mi madre. Viva. De pie frente a mí. Lucía igual que la última vez que la vi… antes de que muriera en mis brazos hace ya tres años.
—Padres… —susurré con un n**o en la garganta—. No saben cuánto los he extrañado...
Corrí hacia ellos y los abracé con fuerza. Mis lágrimas brotaron sin permiso, empapando el fino encaje del vestido de mi madre. Ella, rígida al principio, me acarició el cabello con una mano temblorosa.
—¿Pero qué te pasa, cariño? —dijo, incómoda pero sin apartarme—. Nos vimos esta tarde.
—Sí, Mía —intervino mi padre, el ministro de guerra—. Ya basta de dramas, que se nos hace tarde para la coronación del príncipe heredero…
Me separé, confundida.
—¿Coronación?
—La de Gael, por supuesto —respondió mi madre como si fuera lo más obvio del mundo—. Ponte el vestido, niña, deja de perder el tiempo. ¡Lili, ayuda a esta niña o llegaremos mañana!
La doncella entró al instante, hizo una reverencia sin mirarme a los ojos y se acercó al guardarropa. Yo apenas podía procesar sus palabras.
Gael. Coronación. Hoy.
Mi mente empezó a girar en círculos. Lo último que recordaba era... su traición.
Mientras Lili apretaba los cordones del corset, cada tirón me devolvía a la realidad: el dolor era real. Esto no era un sueño, ni una alucinación de mi agonía. Estaba viva. Pero también… estaba en el pasado.
Narrador omnisciente
Años de manipulación y mentiras se enredaban en la memoria de Mía como espinas. Gael la había usado. Sabía que en sus venas corría el poder del dios de la guerra. La había enamorado, había hecho que confiara en él, que soñara con un futuro como reina… solo para desecharla como si fuera una herramienta rota.
Y lo más asqueroso: su relación incestuosa con su hermana. Mía lo había descubierto. Y por eso la había acusado de traición. La encerraron, la sentenciaron. Estaban a punto de ejecutarla cuando uno de sus aliados logró liberarla.
Pero Gael la encontró. Siempre lo hacía.
—Nunca fue personal, Mía —le había dicho, con esa voz seductora que antaño le robaba el aliento—. Me comprometí contigo por tu poder. Pero nunca planeé coronarte.
Ella, rota, subida al borde del balcón, le respondió con voz quebrada:
—No te llevarás todo de mí. Yo decido cuándo muero y cuándo vivo… y juro, por el dios de la guerra, que si hay una vida después de esta, volveré… y pagarás caro tu traición.
Y saltó. Desde la torre más alta. Hacia el abismo.
POV Mía
Cerré los ojos y esperé el impacto. Pero nunca llegó. En lugar de oscuridad, desperté aquí. En esta habitación. En este día. Con mis padres vivos. Y la coronación… hoy.
—¡Señorita! —Lili me sacó de mis pensamientos—. Deje de moverse, no puedo ajustar bien las cintas.
—Lo siento, Lili —murmuré.
Me miró raro.
—¿Está bien, mi lady?
—No lo sé… —respondí con sinceridad.
Me ayudó a ponerme el vestido. Era uno de los más hermosos que recordaba: escote en corazón, mangas de encaje y una falda que parecía hecha de nubes de tul dorado. Recordé este vestido. Lo usé el día que Gael anunció públicamente nuestro compromiso.
Pero esta vez, no me dejaría embaucar.
Cuando estuvimos listas, descendí por las escaleras del palacio. Todo lucía igual… pero ahora veía más allá de la fachada. Criados apresurados, nobles ensayando sonrisas falsas. El hedor a mentira me resultaba insoportable.
Llegamos al salón principal. Al fondo, sobre una plataforma de mármol, Gael. Sonriendo. Impecable en su uniforme negro con ribetes dorados, con la espada ceremonial a la cintura y esa sonrisa arrogante que tanto me había engañado.
Nuestros ojos se encontraron.
Y por primera vez, lo vi con claridad: no como un príncipe, sino como lo que realmente era. Un demonio vestido de seda.
Se acercó con paso seguro, ignorando a los presentes.
Fue entonces cuando decidí huir... Empecé a caminar en la dirección contraria, pero mi pequeña figura y estatura de una niña de trece años no me permitió avanzar mucho. Pronto choqué contra la espalda de un joven fornido. Llevaba una capa larga de piel y una mirada filosa. En su hombro, un pequeño dragón blanco… algo que me sorprendió, ya que esas criaturas no existían en este imperio.
No pude evitar ocultar mi sorpresa y dije:
—Qué hermoso dragón...
Fue entonces cuando giró y su mirada fría se clavó en mí.
—¿Qué dijiste? —preguntó al voltear… y fue entonces cuando lo reconocí.
Él era Javier. El dios dragón. El emperador ma***to, como muchos lo conocían. Pero para mí, en este momento, era mi salvación. Sabía que Gael no se atrevería a enfrentarlo. No por ahora...
Así que, al verlo venir, dije:
—Su dragón, majestad, es hermoso… —Volteé a ver detrás de mí y, al notar que Gael estaba cada vez más cerca, añadí—: Me gustaría ser su esposa. ¿Aceptaría casarse conmigo?
La pregunta sonaba incoherente para cualquiera que la escuchara, pero en este momento, él era mi única salvación. Antes de poder decir algo más, el emperador se agachó a mi altura y dijo:
—¿Qué edad tiene, señorita?
—Trece, majestad…
Las personas a nuestro alrededor nos miraban desconcertadas. Nadie entendía nada. De pronto, una pregunta más salió de su boca:
—Y por último… ¿de qué color es mi dragón?
Lo miré, extrañada, y respondí:
—Es blanco...
Vi cómo levantaba una de sus cejas y, asintiendo, contestó:
—Acepto su propuesta, mi lady.
Sin más, tomó mi mano y, besando el dorso, dijo:
—Soy el emperador Javier Mastantuono de Drakon. Es un placer conocerla, señorita… ¿?
—Lady Mía Agnes, de la casa Agnes, hija del ministro de guerra…
Respondí entre aliviada y dudosa de si esto era lo correcto… y de por qué él había aceptado tan fácilmente. Si bien yo me comprometí en mi vida anterior de la misma forma… esto me parecía muy sospechoso.
Pronto el príncipe Gael llegó junto a nosotros, y la tensión creció.
21/06/2025
Dicen que la historia la escriben los vencedores.
Que los héroes son solo villanos que supieron contar mejor su versión.
Yo no crecí con cuentos de hadas.
Crecí con sus sombras.
Mi nombre es Hope Michelson.
Soy la hija de una loba alfa y del híbrido más temido del mundo.
Llevo en la sangre la magia de los brujos, la furia de los licántropos y la sed eterna de los vampiros.
Mi linaje está marcado por la tragedia, la traición… y el poder.
Durante siglos, mi familia fue temida por todos.
Hasta que fueron ma***tos, encerrados en un sueño del que solo yo puedo liberarlos.
Pero para hacerlo, debo encontrar al Doppelgänger.
Y tomar su sangre.
Esta es mi historia.
La historia de una heredera sin reino,
de una hija sin padre,
de una bestia con corazón humano.
Mi historia… y la de un linaje ma***to.
***
POV Hope...
— Cuando somos jóvenes, nos enseñan la diferencia entre los héroes y los villanos, entre el bien y el mal, entre el salvador y la causa perdida. Pero ¿y si la única diferencia fuera quién cuenta la historia?
Mi nombre es Hope Michelson.
Vengo de una larga línea de personajes que, en los cuentos que han escuchado, siempre fueron llamados villanos: vampiros, hombres lobo, brujas... y todo lo que hay entre ellos.
Para ser más precisa, yo soy un híbrido de todas esas especies.
Pero para que entiendan cómo llegamos hasta aquí, deben conocer el origen de mi linaje.
Al principio, mi familia era humana. Hace mil años.
Aunque mi abuela era aficionada a las artes oscuras, solo eran una familia tratando de sobrevivir en un mundo cruel.
Fueron felices. O eso parecía, hasta que una noche, el hermano menor de mi padre fue asesinado por la mayor amenaza del pueblo: hombres que, bajo la luna llena, se transformaban en lobos.
La familia quedó devastada, especialmente mi padre, Niklaus.
Desesperado por proteger a sus hermanos, mi abuelo obligó a mi abuela a usar su magia negra para fortalecerlos.
Así nacieron los primeros vampiros.
Pero con esa fuerza, esa velocidad, esa inmortalidad... también llegó un hambre terrible.
Nadie sintió esa hambre tan intensamente como mi padre.
La primera vez que mató, supieron quién era realmente.
No solo era un vampiro... también era un licántropo.
Mi padre era fruto de un amorío que mi abuela había ocultado durante años.
Un amor prohibido con un hombre lobo.
Cuando mi abuelo descubrió la traición, obligó a mi abuela a lanzar un hechizo que suprimiera el lado lobo de mi padre, negándole toda conexión con su verdadera naturaleza.
Nadie imaginó lo que él haría después.
Furioso, enfrentó a mi abuela y, en un arranque de ira, le arrancó el corazón.
Esa noche, nuestra familia se quebró para siempre.
Siglos después, mi padre logró romper la maldición que suprimía su licantropía.
Fue entonces cuando conoció a mi madre, Clarisa.
Ella era una loba alfa. Al conocer a mi padre, no solo quedó cautivada por su belleza, sino también por su naturaleza híbrida.
Poco tiempo después, supieron de mi existencia.
Aunque al principio mi padre no creyó que fuera posible —pues los vampiros no pueden procrear—, el haber liberado a su bestia interior también le concedió la capacidad de engendrar.
Mi concepción fue un milagro... pero no un secreto por mucho tiempo.
Mi padre, que siempre había hecho enemigos, pronto se convirtió en un blanco fácil.
Tenía algo que proteger.
Durante uno de los ataques, mi madre fue gravemente herida y falleció días después.
Desesperado, mi padre recurrió a sus hermanos.
Juntos se convirtieron en la familia más poderosa del mundo sobrenatural.
Inmortales, temibles y despiadados, los Michelson gobernaron con puño de hierro.
Pero el poder atrae enemigos.
Brujos, hombres lobo y toda criatura sobrenatural se unieron para destruirlos.
Y aunque fallaron muchas veces por separado, unidos lograron lo impensable: sellarlos en un sueño profundo.
Un hechizo tan poderoso que solo la sangre del Doppelgänger podrá romperlo.
Y es aquí donde comienza mi misión.
Debo encontrar al Doppelgänger y tomar su sangre.
Solo así podré liberar a mi familia... y estar con ellos otra vez.
Desde que mi padre no está, me siento perdida.
Llevo doscientos años sola.
Y estoy cansada de tanta oscuridad.
21/06/2025
¡He creado una historia súper interesante en NovelToon! ¡Espero que puedas apoyar mi trabajo y seguirme!
Capítulo 1.
LILA
Apagué mi celular por enésima vez tras recibir la llamada número cincuenta de Eric. Estaba a solo una semana de mi boda, pero después de lo que vi ayer, ya no sabía si quería seguir adelante. Más de dos años creí que Eric era el hombre de mi vida, y el destino me había mostrado de la forma más cruel quién era en realidad.
Había organizado una cena sorpresa para nosotros, un último festejo antes de convertirnos en marido y mujer. Pero al llegar a su oficina aquella noche, algo no encajaba. No había nadie en el edificio, y él me había asegurado que trabajaría hasta tarde, igual que Margo, mi mejor amiga. Sin embargo, al entrar en su despacho, los vi.
Ambos estaban ahí, enredados, olvidados en su propio mundo. El choque fue tan brutal que mis piernas temblaron, y sin poder controlar mi impulso, cerré la puerta con fuerza. El estrépito resonó por la habitación y por fin notaron mi presencia. Vi cómo intentaban, en vano, cubrirse con gestos torpes y rostros llenos de culpa.
—Lila… espera, puedo explicarlo —dijo Eric, con la voz temblorosa, tratando de acercarse.
Pero yo ya no tenía palabras. Con el corazón hecho trizas, me acerqué y sin mediar más, le propiné una cachetada tan fuerte que resonó en toda la oficina. El golpe era un reflejo de mi dolor y mi rabia, y no quería que ninguno de los dos viera lo destrozada que estaba por dentro.
—¿Cómo pudiste? —logré decir, la voz apenas un susurro lleno de decepción.
Eric intentó tomar mi brazo, pero lo aparté con brusquedad y me giré hacia la salida. Fue entonces cuando me dirigí la voz cortante a Margo, que sonó como un dardo envenenado.
—Creí que tu obsesión por imitar mi estilo, mis gustos y hasta mi forma de actuar era solo por tu baja autoestima. Pero veo que no… solo eres una perra loca que quería robar lo que me pertenece. Aquí te lo dejo claro: yo no como sobras.
Me temblaron las piernas, pero me negué a mostrar debilidad. Salí de la oficina sintiendo que todo mi mundo se derrumbaba a cada paso. Bajé por el ascensor y al llegar a mi auto, las lágrimas comenzaron a deslizarse sin control por mis mejillas. No sabía qué hacer, ni cómo enfrentarme a lo que venía.
Mi teléfono empezó a sonar. Era mi madre. Contesté casi en automático, con la voz quebrada.
—Hola, mamá...
—Lila, ¿qué sucede? —preguntó con tono preocupado—. Erick me llamó desesperado, decía que hablaras conmigo. ¿Tuvieron una pelea?
—Mamá... Erick me estaba engañando. No puedo con esto. Voy a cancelar todo —dije con voz firme, intentando controlar el llanto.
—Mira, escúchame bien, señorita —respondió fría—. No puedes cancelar la boda por un desliz. Erick es un hombre joven, atractivo. Debió ser muy difícil para él mantenerse fiel después de que le pusiste esa absurda condición de llegar virgen al matrimonio. Te lo advertí, y ahora ves las consecuencias.
Su tono calculador me hirió. Sabía que no podía entender lo que sentía porque para ella el estatus y la imagen lo eran todo. Era el motivo por el cual papá le pidió el divorcio. No quería seguir escuchándola, así que contesté rápido, cortando su influencia.
—Mamá, te amo, pero ahora no quiero hablar contigo. Tú priorizas el dinero y el poder sobre todo, y yo no quiero terminar como tú.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó sorprendida.
—Que estás sola, mamá. Alejas a quienes te quieren por tu forma de ser. No quiero pelear, pero necesito tiempo para mí. Me voy a ir de viaje. Encárgate de todo, no volveré por un tiempo. Necesito pensar.
Corté la llamada antes de que dijera algo más que pudiera herirme. Sentí un n**o en la garganta, pero sabía que debía hacerlo para protegerme.
Conduje hasta mi departamento. Entré y empacé lo esencial: ropa, mi pasaporte, algo de dinero en efectivo. Necesitaba huir, aunque no sabía a dónde. Volví al auto y me dirigí al aeropuerto. Mientras esperaba mi vuelo, sentí la soledad más profunda, la que ninguna palabra podía llenar.
Entonces recordé a papá. Hacía años que no hablaba con él, pero en ese momento, era la única persona a quien podía llamar. Marqué su número y tras dos tonos, respondió.
—Hola... —su voz grave me hizo sentir una calidez que creía perdida.
—Papi... —le dije con un hilo de voz, dejando escapar las lágrimas contenidas.
—¿Lila? ¿Estás llorando? ¿Pasa algo con tu madre? —preguntó preocupado.
—No... necesito verte. ¿Puedo ir a verte? Te necesito.
Las palabras salieron de mi alma, más fuertes de lo que esperaba. Mi padre no dudó.
—Por supuesto, hija. Dime dónde estás, voy por ti.
—Estoy en el aeropuerto de Nueva York. Tomaré el primer vuelo a Londres y te avisaré cuando llegue.
—Muy bien, esperaré tu llamada. Lila, quédate tranquila. Pase lo que pase, estaré contigo.
—Gracias, papá. Te llamaré apenas llegue.
Colgué, sentí que por primera vez, después de mucho, no estaba sola. Respiré profundo y me enfoqué en el futuro incierto que me esperaba.
21/06/2025
Capítulo 1.
El Renacer de Leonor
Alguna vez, ¿se han preguntado por qué en la vida siempre hay personas más favorecidas que otras?
Esta es la historia de Leonor, una joven princesa, hija del emperador Maximus, soberano de Atenea: el imperio más temido en los últimos doscientos años.
Fiel a su nombre, Atenea había sido bendecido por la diosa de la guerra, y generación tras generación, sus emperadores habían sido temidos no solo por su habilidad en la batalla, sino también por su dominio de la magia.
Maximus, siguiendo el legado de sus ancestros, conquistó tres reinos y tomó a sus reinas como concubinas, buscando fortalecer su linaje. Sin embargo, de todas sus uniones, solo nacieron dos hijos: un niño y una niña, fruto de su Emperatriz y una de su reina.
Con los años, la diferencia de trato hacia Leonor se volvió evidente. Mientras su hermano, David, se mostraba como un príncipe caprichoso, más interesado en fiestas y mujeres que en el bienestar del imperio, Leonor dedicaba su tiempo a estudiar, a perfeccionarse y a buscar mejoras para su pueblo.
Los nobles de la corte, testigos de esta diferencia, comenzaron a ver en la princesa una futura soberana más digna que en el heredero oficial.
El emperador Maximus, aunque renuente al principio, empezó a dudar de su decisión de sucesión. Leonor, con su inteligencia y nobleza, lo hacía cuestionarse si en verdad su hijo merecía el trono.
Sin embargo, no todos compartían ese pensamiento. La emperatriz, madre de David, al enterarse de la posible amenaza contra su hijo, urdió un plan vil. Durante la fiesta de mayoría de edad de Leonor, la drogaron y, con ayuda de un viejo aliado, la llevaron a una habitación, donde fue brutalmente ultrajada por un miembro anciano de la corte.
Al amanecer, fue el propio emperador quien descubrió la escena. Para evitar un escándalo público que manchara su imagen y la del imperio, Maximus obligó a su hija a casarse con su agresor. Sin saberlo, condenó a Leonor a una vida de horror.
Fuera del palacio, la joven fue reducida a una sirvienta. Sufría abusos físicos y sexuales constantes, recibiendo golpes y humillaciones sin poder defenderse. Su espíritu, antes noble y luminoso, se apagó lentamente hasta que, en un intento desesperado por escapar, fue golpeada hasta la muerte.
En sus últimos momentos, Leonor, rota y desangrada, apenas pudo preguntarse por qué había merecido tal destino. ¿Por qué sus padres nunca fueron a buscarla? ¿Por qué nadie la salvó? Con su último aliento, juró al universo que, si alguna vez se le daba otra oportunidad, todos pagarían por su sufrimiento.
La oscuridad la envolvió. No supo cuánto tiempo pasó en ese vacío, hasta que una luz resplandeciente la cegó, y una voz maternal y poderosa la llamó:
—Cuánto has sufrido, hija mía...
No te preocupes, yo te ayudaré. Volverás y podrás tomar tu venganza.
Leonor, atónita, reconoció la presencia y balbuceó:
—¿Atenea?
—Es una forma de llamarme —respondió la diosa, con una sonrisa velada en su voz—. Despierta tu poder... y sobrevive, Leonor.
La luz desapareció y Leonor despertó, jadeando de forma desesperada. Llevó una mano a su pecho. Su voz... era diferente. Miró sus pequeñas manos, corrió hacia el espejo y, al ver su reflejo, cayó de rodillas.
Ya no era la mujer rota que había mu**to, sino una niña de apenas seis años.
Lágrimas de impotencia resbalaron por sus mejillas mientras murmuraba:
—Entonces... fue verdad... Todo lo que viví no fue un sueño.
Su corazón, antes bondadoso, comenzó a endurecerse. El odio y el rencor crecieron en su interior como un fuego implacable.
La mañana llegó, y Leonor aún permanecía en el suelo cuando una doncella abrió la puerta.
—Princesa, ¿se encuentra usted bien?
Leonor alzó la vista hacia aquella mujer. Recordaba demasiado bien que, en su vida pasada, esta sirvienta la había traicionado, vendiéndola por unas pocas monedas. Su rostro se ensombreció, pero con una voz dulce, contestó:
—Tuve una pesadilla.
La sirvienta se acercó para ayudarla a levantarse, pero justo en ese momento la reina Maribel, madre de Leonor, entró a la habitación.
Leonor, sin dudarlo, comenzó a gritar con desesperación:
—¡Basta! ¡Basta! ¡No me pegues, por favor, mamá!
La reina, alarmada, empujó a la doncella y corrió hacia su hija.
—¿Qué está pasando aquí?
La doncella, paralizada, apenas balbuceó:
—Princesa, yo... yo no hice nada...
Maribel, al ver el estado en el que estaba su hija, perdió el control.
De una bofetada apartó a la sirvienta y gritó:
—¡Guardias! ¡A esta mujer!
Dos soldados entraron corriendo a la habitación. La reina, con el rostro desencajado, ordenó:
—Arresten a esta mujer. Atacó a la princesa. Yo misma informaré al emperador.
—Sí, majestad.
Mientras los guardias se llevaban a la mujer, que gritaba y rogaba por su vida, la reina se arrodilló junto a su hija.
—Tranquila, cariño, ya estoy aquí. ¿Dónde te hizo daño?
Leonor, temblando, murmuró:
—Me jaló el cabello... y me tiró al piso porque no quise levantarme... Mami, no dejes que vuelva...
El corazón de la reina Maribel se rompió al escuchar esas palabras. Acarició con ternura la cabeza de su hija.
—Tranquila, cielo, mami se encargará de todo. Nadie volverá a lastimarte jamás.
Leonor, aferrándose al calor de su madre, lloró de verdad. En su vida anterior, había anhelado oír esas palabras, recibir esa protección.
Aunque su mente sabía que, en algún momento, algo la había separado de su madre, por ahora decidió dejarse llevar por ese instante de amor.
—Vamos —dijo la reina, besándole la frente—. Te ayudaré a cambiarte y luego iremos a contarle a tu padre.
Al escuchar mencionar a Maximus, la mirada de Leonor se ensombreció, pero asintió en silencio. Sabía que su verdadero enemigo era mucho más grande. Y esta vez, nadie la obligaría a sufrir de nuevo.
21/06/2025
Capítulo 1.
Me sirvo mi cuarto —o quinto— vaso de no sé qué es esto.
[Voz de borracha.
]Al principio sabía a brandy, pero luego... quién sabe. Ya no lo sé.
¿Se preguntarán qué me pasa? ¿Por qué estoy así?
Bueno, sencillo: morí. Estaba volviendo de mi concierto en Londres y me dirigía a Los Ángeles en mi avión privado, cuando de pronto el motor empezó a fallar y las mascarillas cayeron.
Cuando me quise acordar, el avión ya había caído y yo me encontraba en una especie de habitación blanca, con un hombre mirándome fijamente.
—¿Quién es usted?
—Soy Dios...
—¿Cuál de todos?
—Eso mismo te quería preguntar. Acabo de escuchar que le rezabas a muchos.
—Bueno, alguno tenía que responder a mis plegarias. No lo sé, nunca fui muy católica.
—Solo hay un Dios, niña. Y ese soy yo.
—De acuerdo, no se enoje. ¿Qué hago aquí? ¿Qué lugar es este?
—Es el purgatorio. Aquí vienen almas como la tuya que, a pesar de haber hecho cosas malas, también hicieron muchas buenas, y por eso... no sé qué hacer contigo.
—Con que así es. Bueno, si te parece, puedes enviarme de vuelta. Tengo un concierto a las diez en Los Ángeles y, si no me apuro, mi manager se cabreará conmigo...
Él me miró intrigado.
—¿No entendiste? Acabas de morir.
—Jajaja, deja de jugar conmigo. ¿Dónde están las cámaras? ¡Daniel, sal ya, no me hagas estas bromas!
—Oriana, hablo en serio...
—¡Es suficiente! ¿Cómo salgo de aquí?
Empecé a caminar, buscando una salida, y Dios, ya cansado, soltó:
—Suficiente. ¿Crees que no tengo nada mejor que hacer?
—¿Y tú crees que yo sí? ¡No tengo tiempo para bromas! ¿Dónde estoy? ¡Dímelo ya!
Abrió grandes los ojos.
—Vaya, ni Luciana fue tan prepotente. Solo por eso ya sé qué haré contigo.
Sonrió malicioso.
—Espero que puedas sobrevivir. Aunque, con ese carácter, no lo dudo. Buena suerte, hija mía. Te veré en unos años.
—¿Qué quieres decir? ¡Oye, Buda, vuelve...!
De pronto, las luces se fueron. Y volví a sentir mi cuerpo.
Luego del encuentro con Shiva, descubrí que me puso en el cuerpo de una chica que, según entiendo, cayó por las escaleras y casi muere... aunque es obvio que yo tomé su lugar, así que creo que murió.
Sus padres son marqueses de un lugar llamado Alfea. Por lo poco que averigüé, es un imperio, y claramente está situado en la época antigua.
Al pasar los días, me di cuenta de que había reencarnado en una época muy distinta a la que solía vivir.
Cuando era Oriana, solía pensar que, si me llegaba a pasar lo que leía en mis novelas —donde la prota reencarnaba y retomaba la vida de la antigua huésped—, yo no haría lo que la trama decía. Me evitaría todo ese drama y me iría lejos a armar mi propia historia.
Pero, al pasar los días como Camila Navarro, me di cuenta de que ya estaba metida completamente en la trama de esta novela patética y sin sentido.
Esta era la novela llamada "Amor sin barreras".
Natalia Navarro es la protagonista. Ella, junto con el príncipe heredero, vive una historia de amor en secreto.
Todo cambia cuando Camila se entera de que el príncipe se enamoró de Natalia porque la confundió con su salvadora.
Cuando era niño, el príncipe había caído a un río. Camila, que estaba recogiendo flores con su madre, lo vio caer. Ambas corrieron y lo sacaron antes de que llegaran los guardias imperiales.
El príncipe fue llevado al palacio y, cuando se recuperó, la marquesa Navarro llevó a Natalia a visitarlo.
Él comenzó a hacerse amigo de Natalia, creyendo que ella lo había ayudado. Cuando ambos cumplieron la mayoría de edad, se comprometieron.
Una noche, su madre —ya borracha— confesó que no era la verdadera madre de Camila, pero que le agradecía porque, gracias a ella, su hija Natalia había conseguido convertirse en princesa.
Camila, impactada y decepcionada con la mujer que creyó su madre, decidió vengarse de ambas y contarle la verdad al príncipe.
Pero él no le creyó. La trató de mentirosa.
Su reputación se hundió. Todos la veían como una envidiosa y mala hermana, cuando claramente había sido al revés. Natalia se había aprovechado de su hermana y había tomado deliberadamente su lugar.
El marqués, al enterarse, intentó comprometer a Camila lo antes posible, pero gracias a Natalia fue casi imposible encontrarle un buen partido.
Natalia se encargaba de decir a sus amigas que su hermana siempre la envidió, y que ahora, con el amor del príncipe, temía que Camila intentara algo contra ella.
Cuando el príncipe se enteró, enfrentó a Camila y le dijo que, aunque ella lo hubiera salvado, él estaba enamorado de Natalia, y que jamás se fijaría en alguien tan mezquina y avariciosa.
Camila, al escuchar esas palabras del hombre al que había amado desde aquel día junto al río, perdió la cabeza. Juró que si ella no podía ser feliz, tampoco lo serían ellos.
Intentó envenenar a su hermana. Pero, con tan mala suerte, una doncella de Natalia notó algo raro y, en un descuido, intercambió las tazas de té. Camila terminó bebiendo su propio veneno.
Así murió Camila Navarro, una mujer inocente, enamorada de un ciego que solo se dejaba llevar por las lágrimas de cocodrilo de Natalia.
El único que lloró su pérdida fue su padre. Aunque la sociedad la juzgó, nunca se supo bien la verdad.
Natalia consiguió lo que quería y, cuando se casó con el príncipe, enfrentaron algunas dificultades, pero al final vivieron felices por siempre.
Una historia de lo más patética, si me lo preguntan.
Nunca entendí por qué la villana tenía que morir si siempre había sido sincera y leal. ¿Por qué la protagonista, solo por ser la prota, tenía todo el imperio ganado? ¿Y por qué el príncipe, sabiendo que ella lo había salvado, permitió que todos la consideraran una mentirosa?
La villana estuvo jodida desde el principio.
Ahora que esta será mi vida, por mí que ambos se vayan al demonio.
En estos momentos, me encuentro celebrando... o mejor dicho, despidiéndome de mi antigua yo.
Hoy es la fiesta de mayoría de edad del príncipe, y también el inicio de todo.
Esta noche, se supone que la marquesa se emborracha y le confiesa a su doncella que, gracias a Camila, el príncipe se declaró a su hija.
Relleno mi copa nuevamente, y mi muñeca es sostenida por la mano del marqués.
—¿Qué significa esto, Camila?
—Oye, bájale dos rayitas a tu tono y déjame tranquila. Estoy celebrando.
Me mira frunciendo el ceño, y forzando una sonrisa torcida, dice:
—Espérame en el jardín. Sal a tomar un poco de aire, que ya te alcanzo.
Me suelto de su agarre.
—Me voy porque quiero, ¿oíste? Ah, pero eso sí, me llevo mi vaso.
Salgo enderezando la espalda y, aunque muchos me miran, sigo adelante sin tomarles importancia.
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Berazategui
15/07/2025