Dominus Stellarum

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.CUARTA PARTE Deben comprender que el agua, como todos los demás Elementos Creadores, posee vida, sin embargo, vuestras creencias fueron restando vida conforme hubo conflicto entre los seres. Cada una de vuestras religiones, apoyadas por fundamentalismos infundados, necesitaba demostrar que su Dios era verdadero, acusando al Dios de su enemigo como un ser oscuro. Al sumergirse en estas rivalidades, la magia del amor en La Creación fue eclipsada por dogmas y miedos, pero, sobre todo, por doctrinas aberrantes y carentes de fe. Entonces, ya es tiempo de que todos entiendan que no existe rivalidad entre los Dioses, porque todos ellos son uno solo, no hay diversidades, el Padre es una entidad única espiritual y corpórea, indivisible en cualquiera de sus aspectos. De hecho, son solo los hombres los que rivalizan entre sí y su creen que sus Dioses son diferentes, dándose esto porque los ojos ven de manera diferente al permitir que su mente guíe al espíritu, cuando, en verdad, debería ser el espíritu al que guíe a la totalidad del ser y, con él, a su mente. Si todos los hombres fueran guiados por su espíritu, ya serían uno, y cuánto poder tendría si, a la vez, todos fueran guiados por el amor del único Dios. Por ello, en el agua se encuentra la respuesta y por esta misma razón los seres van al mar para reencontrarse consigo mismos. Es así como del agua se les dará una luz poderosa, para que, llegado el momento, el fuego, el viento y la tierra sean un solo Elemento, como uno es el Creador. Entonces, todo será luz porque la armonía retornará a su origen y los hombres se volverán tolerantes y respetuosos con La Creación, dado que Dios Padre mora en cada uno de los Elementos antes mencionados. Dicho esto, ya no habrá más discusiones acerca de la fe, pues aprenderán a vivir en armonía al descubrir la verdad de cada uno, esa que dice que en cada ser de La Creación habita la divinidad de Dios Padre. Entonces, como dice el Ángel, deben recordar que del amor todo se quiere y la experiencia les señala que muy poco saben, razón por la cual, los hombres marcaron destinos ausentes de amor y llenos de delirios, dejando a la deriva la verdadera salud de sus almas. Hoy nuevos rumbos se han trazado arrancando de raíz al sufrimiento, porque solo sufre el que desea sufrir y llora el ser que no desea sentirse amado. Lo cierto, es que solicitaron amor en abundancia, entonces ahora les corresponde amar con la misma generosidad que este amor les fue entregado. En cuanto al amor se refiere, es verdadero que las palabras no ayudan de mucho, sino el compromiso y las obras adecuadas que nacen de él. Por esto, ama el que es misericordioso y el que perdona verdaderamente, aunque lo hace sin prisa pero también sin descanso. Sin prisa porque permite trascender, discernir y experimentar y, sin descanso, porque sabe que es necesario el perdón de ciertas faltas para conocer así el amor divino. De hecho, también ama el que dice la verdad si, con la verdad libera, y ama el que abraza con sumo afecto y el que se mantiene alejado si así evita conflictos innecesarios. Consecuentemente, podría decirse que ama el que actúa siempre con el valor sutil que el amor desprende y lo hace hasta las lágrimas, entonces, a este ser, todo le será perdonado, porque el amor es lo que lo guía en el camino. Muévase el corazón hacia el amor más puro, hacia el ser incondicional, porque de este modo muere lo que no pertenece a La Eternidad y hace renacer la divinidad de su alma. Es un hecho que, entre los Ángeles, del amor no se habla, solo se siente, se escucha y se canta, porque los Ángeles jamás se apartaron del amor del Uno. Este amor es el que ahora experimentan los hijos de la Tierra, el amor del Creador en su máxima expresión, que no es más que el verdadero amor brillando para todos como una sola luz. No se sientan apartados, no lo están, no vuelvan a dudar de lo mucho que se los ama, porque, de este modo, la primera mentira, que es la orfandad, florecerá en vuestras almas y esto no es lo que el Creador desea. Claro ejemplo es este, cuando se habla del Maestro, pues, de una vez y para siempre, al que hicieron víctima de la muerte se convirtió en el único vencedor, demostrando que el dolor en la Tierra solo fue un engaño de los seres que deseaban dominio sobre sus iguales causando tristezas y amarguras. Contrariamente, el que es libre y se siente libre, se desencadena de todo esto y se eleva por encima de las manipulaciones irracionales de sus iguales, e, incluso, de las procedentes de su mente. Por esto, el Maestro muere, para liberarse y no porque la muerte haya sido su salida, sino para demostrar que la muerte no nos afecta si somos conscientes del amor eterno que nos aguarda. Jesús cumplió con la Voluntad Divina, amó a todos por igual, incluso, a quienes no lo amaron y lo aborrecieron. Mostró su luz para que el hombre creyera en la Verdad de las Verdades y cambiara de sendero, sin embargo, el miedo siempre acompañó las almas de las ovejas, por esto, solo retuvo un destino, enfrentar a la muerte y demostrar que esta no tiene poder sobre el Dios Vivo que habitaba en él. El Maestro venció, este es un hecho, y su dolor fue reemplazado por el amor que hay en la gran mayoría de los hombres, quienes lo tienen vivo en sus corazones. Entonces, hijos, dejen de mirar con miedo a la muerte y vivan el gozo pleno de ser conscientes, porque él está vivo y habita en cada uno de ustedes aunque lo nieguen. Él está en todo y en El Todo, tal y como lo está el Padre Divino, porque el Padre y el Hijo son uno solo. De hecho, gracias a esta alternancia espiritual y primigenia, es así cómo Dios Padre nos concede la constancia, la perseverancia en la fe y la instauración del Reino de Los Cielos en la Tierra, y no lo hace únicamente a través de sus pasos, sino de los nuestros también. ¿Por qué? Porque los pasos del Creador nos pertenecen, porque él habita dentro de nosotros y dentro de ustedes, dentro de todas las cosas y de todos los Reinos que fueron emanados en unidad y con sabiduría. Así como él respira, nosotros respiramos, así como él ve, nosotros observamos, entonces, así como él ama, nosotros somos instados a amar profundamente. Dios Padre es aquél que nos ha devuelto el alma al volvernos testigos del amor sagrado y divino, por ello no permite que nuestros pasos vacilen, mientras que nos otorga la firmeza de su propio espíritu para que no nos alejemos de su camino y nos perdamos en las sendas perniciosas de La Oscuridad. Sin embargo, otra verdad se cierne sobre el hombre, porque, de hecho, este es refinado como la plata. La razón es que en la Unidad cada alma y espíritu piensa y siente lo mismo, no obstante no sucede de igual modo en la Tierra. Se refina la plata con la única finalidad de separar la escoria adherida a la materia en estado bruto, esta es labor de nuestros Ángeles y de nuestros Guías, pero, sobre todo, es nuestra propia labor: buscar el refinamiento de nuestra alma para regresar a los brazos del Padre tal cual él nos ha creado. Así, purificados por el fuego y desembarazados de cualquier aleación de los vicios de lo terreno, vamos a poder resplandecer con el brillo de una inocencia que nos ha sustentado durante toda La Eternidad. Pero, cada vez que profundizamos, otras reacciones adversas al alma aparecen, pues la siguiente verdad indica que el hombre ansioso de luz, se tornará parte de ella, sin embargo, ni nosotros ni ustedes podrán ayudar a brillar a quien no desea conscientemente abandonar la oscuridad que lleva dentro. En sí, lo terreno puede ser confundido, e, incluso, ustedes pueden ser seducidos por apariencias, pero los seres que habitamos Los Cielos conocemos los corazones al saber cuándo un propósito es sincero y cuándo no. Los hombres de la Tierra pueden ser engañados, los Ángeles no. En medio de esta confusión entre el alma y la mente, es necesario disolver la realidad el mal llamado karma, dado que no existen las cargas para vuestras almas ni para ningún otro camino que deban trascender. El sendero presente no es más que la experiencia que ustedes mismos han aceptado para trascender en la luz, la luz de sus almas, sin embargo y, a pesar de comprender la necesidad de cerrar este círculo de aprendizaje, Los Cielos requieren que, para que esto suceda, ustedes sirvan con amor para que nosotros podamos acelerar el proceso de sanación requerido por vuestras almas. Sanen, disuelvan y transformen todo lo que tienen alrededor, entregando vuestra ayuda mediante una honestidad absoluta, porque solo así, si han decidido iniciar vuestro proceso, al mismo tiempo, iniciarán los caminos hacia vuestra consciencia y, hacia la Consciencia Superior que es Dios Padre. Es así como la Consciencia Superior nos habla constantemente y, ahora, les habla a ustedes por medio de nosotros, quienes creemos en el amor que Dios Padre tiene para ustedes, porque Dios es amor, puesto que aquél que permanece en el amor, permanece del mismo modo en Dios Padre y Dios Padre permanece en él. Por esto, podemos comprender que, tanto el origen del Padre como el del Todo, se vincula con el amor, dado que es la esencia aclaradora de toda existencia, la que logra no solo sentirse, sino respirarse y verse también. Esta eterna permanencia del Padre sobre los hombres reposa en el corazón de cada uno, por lo cual, para lograr amar verdaderamente, el ser necesita estar lleno de este amor indivisible e insondable, porque el amor del Uno fue derramado en todos los corazones para gozar de esta noble y notable virtud. Este, pues, es el Espíritu Divino, el único que puede dotar de amor al ser humano con el fin que el alma vincula y desvinculada de Dios al mismo tiempo, acepte su herencia y se vuelva uno con La Creación que es El Todo Unificado donde habita el Creador. Sí, hijos queridos, gracias a esto serán purificados, pues les daré un corazón como el mío y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Pondré mi espíritu dentro de ustedes y haré que caminen según mi voluntad, que se amen los unos a los otros como yo los amo, dice el Creador. Entonces, es la comprensión de cómo obra el amor de Dios cuando se derrama sobre todo ser y es visible ante los ojos de cualquiera, y nos enseña a interactuar en armonía con las Leyes de La Creación. Aquí, pues, es donde el ser humano comienza a valorarse y a darle valor a su entorno, porque acepta que él forma parte de todo lo viviente buscando una acción sostenible en los mayores grados de pureza, definiéndose así como parte del amor. Por tanto, la práctica de la voluntad de Dios Padre en conjunto con la virtud del Espíritu Primigenio es la manifestación del amor, enseñándonos que este amor es mucho más vasto de lo que concebimos, mientras que nos indica que el único y final camino es estar llenos del amor de Dios. Este, en verdad, es un hecho demasiado profundo y sublimemente hermoso, en el cual Dios nos invita a crecer en todas nuestras capacidades y habilidades, en sí, nos complementa con su amor, concertando y enlazando esta cohesión que es imprescindible para crecer en el amor con el cual él nos conduce por su Eternidad. El amor, de hecho, implica una relación armoniosa con Dios, pero también, con nuestro hermano, por lo que la falta de práctica de esta virtud solo nos conduce a una falsa visión de lo que es el amor y nos hace vivir dentro de un amor fingido. Lo cierto, es que esta falla no se encuentra dentro del Creador, simplemente, el fingimiento del amor proviene de parte del hombre, por ello necesita disolver todo lo que no es luz, adhiriéndose a la Luz Verdadera. Este amor verdadero se fundamenta en todo lo que es bueno y nace de Dios, en cambio, el fingimiento del amor repercute en la desvalorización de Dios Padre y, por tanto, en el establecimiento de una forma de vida falsa que solamente genera consecuencias tristes y dolorosas. Un camino de una vida sin amor verdadero conlleva a la corrupción del alma, a la violencia y a la malicia y, en sí, confunde la libertad con el libertinaje. Entonces, gracias al amor del Que Todo Es, vivimos dentro de la libertad espiritual y verdadera, la cual, no daña a nadie, sino, por el contrario, ejemplifica el verdadero sentido de vivir amando y, al mismo tiempo, de regresar amando al punto de fusión eterna. Es necesario remarcar que esto sucede para todos los hombres por igual y, del mismo modo, no hay ser que se encuentre fuera de ello. Si alguno deja este mundo y busca ganarse la entrada a Los Cielos, que tome al Hijo con sus manos, lo abrace entre sus brazos y lo estreche contra su pecho, entonces, siendo así, podrá marchar gozoso dónde desea. No es que el Hijo sea el puente que los vincule a ustedes con el Padre, el solo hecho, es que el Hijo es el Padre. Por esto, quienes se dejan llevar por las enseñanzas del Espíritu Divino son, en realidad, los verdaderos hijos de Dios, siendo él quien quiere hacerte sentir digno al sacarte de tu prisión de pensamientos y oscuridades, de las debilidades de la carne y las atribulaciones de la mente, volviéndote más fuerte para que tu espíritu sea conducido al corazón del Señor. Si así lo sientes, desde ese momento, te encontrarás en su morada construida con piedras vivas de verdad, sin alguna tumba de sal que pudiera oprimir a tu alma o encerrarla. En él solo hay liberación, no hay cadenas ni grilletes que puedan alterar el retorno al Hogar de las Almas, dado que Dios te colocará en su camino de paz y amor. Entonces, ¿quién es el que se retira en paz de este mundo, sino el que comprende que Dios ha venido para reconciliar al mundo consigo y, dentro de él, a ti? Solo aquél que lleva a Dios Padre dentro de su alma y dentro de todo su corazón, por esto, el silencio de las almas sabias conduce al éxito del Plan Divino, donde no hay ostentación para quienes sirven a La Luz, tampoco hay necesidad de privilegios o castigos. Solo existe el amor y la justicia, a la vez, que asume con responsabilidad la causa y el efecto de los deseos intrínsecos que brotan del corazón de cada ser. Es esta verdad, la que anuncia que todos somos uno y que estamos vinculados a una gigantesca red de luz, adhiriéndonos a la Causa Primera. Esta red de luz es la red del amor, es una conexión de irradiación infinita que procede del Uno, sin embargo, algunos, por descuido o por falta de pericia en el amor, han perdido la conexión primigenia y el brillo de sus almas se ha eclipsado. En sí, y este es otro hecho, la red de conexiones puede reemplazar la parte dañada, pero esto no es lo que el Padre desea, contrariamente, busca que todos logren irradiar su luz a partir de Su Luz Eterna, siendo esta una obra de quién es amor, donde no habita otra explicación más que esta. Al fin y al cabo, el que es luz, tarde o temprano, eclosiona y se instaura en el alma de los amados como brillantes corpúsculos, por ello, la lejanía física no significa separación y la cercanía tampoco equivale a la unión. Los Ángeles explican que todo ser humano es una semilla de luz que debe sembrarse y multiplicarse espiritualmente, no obstante, muchas semillas en un solo huerto, resta fuerza a las demás semillas que están por nacer y, al final, la cosecha se ve disminuida paulatinamente. Deben entender, tal y cómo aseveraba el Maestro, que a nadie se lo separa del huerto, solo se lo planta en otro huerto, respetando el espacio, la luz y el agua que son necesarias. El otro huerto, de hecho, también pertenece al mismo dueño, por lo tanto, también son sus semillas y su cosecha. Los seres son semillas, pero creen que están separadas del Reino del Padre y del Padre también, pero esto no es más que un engaño, nadie los separará porque el Padre los tiene unidos a él para siempre. No obstante, cada uno deberá hacer brillar su alma y sembrar tanta luz como la que le fue heredada, así también, deberá compartirla con sus hermanos ayudándolos a recordar el Origen Divino, La Luz. Sí, hay muchos huertos y hay millones de semillas, pero es hora de comprender que todas poseen el mismo dueño y que todas, al final de sus senderos, lograrán transformarse en hermosos árboles. Hoy, varias semillas aguardan germinar, otras ya han germinado y otras ya han alcanzado el grado máximo de pureza sin escorias adyacentes. Por todas estas cosas, todo el poder que se les ha conferido fue para que pudieran mostrar el amor divino que experimentan al sentirse hijos, por ello, cada etapa debe reiniciarse desde El Principio, lo cual no indica retroceso, sino el camino de la templanza hacia La Luz Verdadera. Si, hijos, esto no implica un retroceso, solo es dejar atrás lo que no les pertenece y quedarse únicamente con aquello otorgado por Los Cielos. Así que el perdón será el sinónimo del amor, para que se renueve el sentir y la Unidad sea perfecta, mas todo aquello que no nazca del amor y de la luz, deberá ser transmutado, disolviendo la incoherencia y el caos en el cual habitan. Pidan que La Luz se expanda, que cada uno de ustedes despierte y que, del mismo modo, ayude al despertar de otros siendo todos guiados hacia el amor y la verdad. Manténganse unidos por afecto y no por orgullo, disuelvan las ofensas del pasado, asumiendo el reto de no volverlas a cometer al saber que ya las han trascendido. Amen a la Madre Tierra, pidan volverse uno con ella, para que así retorne el equilibrio. De hecho, Los Cielos y la Tierra deben estar unidos en los corazones, aunque, como siempre, serán Los Cielos quienes gobiernen, mientras que la Madre colaborará con ellos. Laboren en la profundidad el amor entre los seres, sean sinceros al pedir perdón y, cuando lo hagan, que no habite nada fingido, sino un amoroso servicio a otro ser que también es amor. No abusen del poder que les fue conferido, manteniendo la pureza del alma para que así actúen con humildad. Consideren que el Padre habita en todos sus hijos, que en él no hay predilectos, todos le pertenecen por amor y a todos se les conceden los mismos dones para que puedan amar, perdonar y sentir. Respeten, pues, a todos los hijos con pasión, pues la divinidad de ellos es vuestra propia divinidad también. No sientan miedo de expandirse, de amar como el Uno lo hace, porque el Espíritu Divino se difunde por doquier. Spiritus ubi vul espirat.

Sello Editorial El Viejo Árbol. Libros. Libreria. Espiritualidad. Runas. Talismanes. Runatyr.

[04/24/20]   .CUARTA PARTE

Deben comprender que el agua, como todos los demás Elementos Creadores, posee vida, sin embargo, vuestras creencias fueron restando vida conforme hubo conflicto entre los seres. Cada una de vuestras religiones, apoyadas por fundamentalismos infundados, necesitaba demostrar que su Dios era verdadero, acusando al Dios de su enemigo como un ser oscuro. Al sumergirse en estas rivalidades, la magia del amor en La Creación fue eclipsada por dogmas y miedos, pero, sobre todo, por doctrinas aberrantes y carentes de fe. Entonces, ya es tiempo de que todos entiendan que no existe rivalidad entre los Dioses, porque todos ellos son uno solo, no hay diversidades, el Padre es una entidad única espiritual y corpórea, indivisible en cualquiera de sus aspectos. De hecho, son solo los hombres los que rivalizan entre sí y creen que sus Dioses son diferentes, dándose esto porque los ojos ven de manera diferente al permitir que su mente guíe al espíritu, cuando, en verdad, debería ser el espíritu al que guíe a la totalidad del ser y, con él, a su mente. Si todos los hombres fueran guiados por su espíritu, ya serían uno, y cuánto poder tendría si, a la vez, todos fueran guiados por el amor del único Dios. Por ello, en el agua se encuentra la respuesta y por esta misma razón los seres van al mar para reencontrarse consigo mismos. Es así como del agua se les dará una luz poderosa, para que, llegado el momento, el fuego, el viento y la tierra sean un solo Elemento, como uno es el Creador. Entonces, todo será luz porque la armonía retornará a su origen y los hombres se volverán tolerantes y respetuosos con La Creación, dado que Dios Padre mora en cada uno de los Elementos antes mencionados. Dicho esto, ya no habrá más discusiones acerca de la fe, pues aprenderán a vivir en armonía al descubrir la verdad de cada uno, esa que dice que en cada ser de La Creación habita la divinidad de Dios Padre. Entonces, como dice el Ángel, deben recordar que del amor todo se quiere y la experiencia les señala que muy poco saben, razón por la cual, los hombres marcaron destinos ausentes de amor y llenos de delirios, dejando a la deriva la verdadera salud de sus almas. Hoy nuevos rumbos se han trazado arrancando de raíz al sufrimiento, porque solo sufre el que desea sufrir y llora el ser que no desea sentirse amado. Lo cierto, es que solicitaron amor en abundancia, entonces ahora les corresponde amar con la misma generosidad que este amor les fue entregado. En cuanto al amor se refiere, es verdadero que las palabras no ayudan de mucho, sino el compromiso y las obras adecuadas que nacen de él. Por esto, ama el que es misericordioso y el que perdona verdaderamente, aunque lo hace sin prisa pero también sin descanso. Sin prisa porque permite trascender, discernir y experimentar y, sin descanso, porque sabe que es necesario el perdón de ciertas faltas para conocer así el amor divino. De hecho, también ama el que dice la verdad si, con la verdad libera, y ama el que abraza con sumo afecto y el que se mantiene alejado si así evita conflictos innecesarios. Consecuentemente, podría decirse que ama el que actúa siempre con el valor sutil que el amor desprende y lo hace hasta las lágrimas, entonces, a este ser, todo le será perdonado, porque el amor es lo que lo guía en el camino. Muévase el corazón hacia el amor más puro, hacia el ser incondicional, porque de este modo muere lo que no pertenece a La Eternidad y hace renacer la divinidad de su alma. Es un hecho que, entre los Ángeles, del amor no se habla, solo se siente, se escucha y se canta, porque los Ángeles jamás se apartaron del amor del Uno. Este amor es el que ahora experimentan los hijos de la Tierra, el amor del Creador en su máxima expresión, que no es más que el verdadero amor brillando para todos como una sola luz. No se sientan apartados, no lo están, no vuelvan a dudar de lo mucho que se los ama, porque, de este modo, la primera mentira, que es la orfandad, florecerá en vuestras almas y esto no es lo que el Creador desea. Claro ejemplo es este, cuando se habla del Maestro, pues, de una vez y para siempre, al que hicieron víctima de la muerte se convirtió en el único vencedor, demostrando que el dolor en la Tierra solo fue un engaño de los seres que deseaban dominio sobre sus iguales causando tristezas y amarguras. Contrariamente, el que es libre y se siente libre, se desencadena de todo esto y se eleva por encima de las manipulaciones irracionales de sus iguales, e, incluso, de las procedentes de su mente. Por esto, el Maestro muere, para liberarse y no porque la muerte haya sido su salida, sino para demostrar que la muerte no nos afecta si somos conscientes del amor eterno que nos aguarda. Jesús cumplió con la Voluntad Divina, amó a todos por igual, incluso, a quienes no lo amaron y lo aborrecieron. Mostró su luz para que el hombre creyera en la Verdad de las Verdades y cambiara de sendero, sin embargo, el miedo siempre acompañó las almas de las ovejas, por esto, solo retuvo un destino, enfrentar a la muerte y demostrar que esta no tiene poder sobre el Dios Vivo que habitaba en él. El Maestro venció, este es un hecho, y su dolor fue reemplazado por el amor que hay en la gran mayoría de los hombres, quienes lo tienen vivo en sus corazones. Entonces, hijos, dejen de mirar con miedo a la muerte y vivan el gozo pleno de ser conscientes, porque él está vivo y habita en cada uno de ustedes aunque lo nieguen. Él está en todo y en El Todo, tal y como lo está el Padre Divino, porque el Padre y el Hijo son uno solo.
De hecho, gracias a esta alternancia espiritual y primigenia, es así cómo Dios Padre nos concede la constancia, la perseverancia en la fe y la instauración del Reino de Los Cielos en la Tierra, y no lo hace únicamente a través de sus pasos, sino de los nuestros también. ¿Por qué? Porque los pasos del Creador nos pertenecen, porque él habita dentro de nosotros y dentro de ustedes, dentro de todas las cosas y de todos los Reinos que fueron emanados en unidad y con sabiduría. Así como él respira, nosotros respiramos, así como él ve, nosotros observamos, entonces, así como él ama, nosotros somos instados a amar profundamente. Dios Padre es aquél que nos ha devuelto el alma al volvernos testigos del amor sagrado y divino, por ello no permite que nuestros pasos vacilen, mientras que nos otorga la firmeza de su propio espíritu para que no nos alejemos de su camino y nos perdamos en las sendas perniciosas de La Oscuridad. Sin embargo, otra verdad se cierne sobre el hombre, porque, de hecho, este es refinado como la plata. La razón es que en la Unidad cada alma y espíritu piensa y siente lo mismo, no obstante no sucede de igual modo en la Tierra. Se refina la plata con la única finalidad de separar la escoria adherida a la materia en estado bruto, esta es labor de nuestros Ángeles y de nuestros Guías, pero, sobre todo, es nuestra propia labor: buscar el refinamiento de nuestra alma para regresar a los brazos del Padre tal cual él nos ha creado. Así, purificados por el fuego y desembarazados de cualquier aleación de los vicios de lo terreno, vamos a poder resplandecer con el brillo de una inocencia que nos ha sustentado durante toda La Eternidad. Pero, cada vez que profundizamos, otras reacciones adversas al alma aparecen, pues la siguiente verdad indica que el hombre ansioso de luz, se tornará parte de ella, sin embargo, ni nosotros ni ustedes podrán ayudar a brillar a quien no desea conscientemente abandonar la oscuridad que lleva dentro. En sí, lo terreno puede ser confundido, e, incluso, ustedes pueden ser seducidos por apariencias, pero los seres que habitamos Los Cielos conocemos los corazones al saber cuándo un propósito es sincero y cuándo no. Los hombres de la Tierra pueden ser engañados, los Ángeles no. En medio de esta confusión entre el alma y la mente, es necesario disolver la realidad el mal llamado karma, dado que no existen las cargas para vuestras almas ni para ningún otro camino que deban trascender. El sendero presente no es más que la experiencia que ustedes mismos han aceptado para trascender en la luz, la luz de sus almas, sin embargo y, a pesar de comprender la necesidad de cerrar este círculo de aprendizaje, Los Cielos requieren que, para que esto suceda, ustedes sirvan con amor para que nosotros podamos acelerar el proceso de sanación requerido por vuestras almas. Sanen, disuelvan y transformen todo lo que tienen alrededor, entregando vuestra ayuda mediante una honestidad absoluta, porque solo así, si han decidido iniciar vuestro proceso, al mismo tiempo, iniciarán los caminos hacia vuestra consciencia y, hacia la Consciencia Superior que es Dios Padre.
Es así como la Consciencia Superior nos habla constantemente y, ahora, les habla a ustedes por medio de nosotros, quienes creemos en el amor que Dios Padre tiene para ustedes, porque Dios es amor, puesto que aquél que permanece en el amor, permanece del mismo modo en Dios Padre y Dios Padre permanece en él. Por esto, podemos comprender que, tanto el origen del Padre como el del Todo, se vincula con el amor, dado que es la esencia aclaradora de toda existencia, la que logra no solo sentirse, sino respirarse y verse también. Esta eterna permanencia del Padre sobre los hombres reposa en el corazón de cada uno, por lo cual, para lograr amar verdaderamente, el ser necesita estar lleno de este amor indivisible e insondable, porque el amor del Uno fue derramado en todos los corazones para gozar de esta noble y notable virtud. Este, pues, es el Espíritu Divino, el único que puede dotar de amor al ser humano con el fin que el alma vincula y desvinculada de Dios al mismo tiempo, acepte su herencia y se vuelva uno con La Creación que es El Todo Unificado donde habita el Creador. Sí, hijos queridos, gracias a esto serán purificados, pues les daré un corazón como el mío y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Pondré mi espíritu dentro de ustedes y haré que caminen según mi voluntad, que se amen los unos a los otros como yo los amo, dice el Creador. Entonces, es la comprensión de cómo obra el amor de Dios cuando se derrama sobre todo ser y es visible ante los ojos de cualquiera, y nos enseña a interactuar en armonía con las Leyes de La Creación. Aquí, pues, es donde el ser humano comienza a valorarse y a darle valor a su entorno, porque acepta que él forma parte de todo lo viviente buscando una acción sostenible en los mayores grados de pureza, definiéndose así como parte del amor. Por tanto, la práctica de la voluntad de Dios Padre en conjunto con la virtud del Espíritu Primigenio es la manifestación del amor, enseñándonos que este amor es mucho más vasto de lo que concebimos, mientras que nos indica que el único y final camino es estar llenos del amor de Dios. Este, en verdad, es un hecho demasiado profundo y sublimemente hermoso, en el cual Dios nos invita a crecer en todas nuestras capacidades y habilidades, en sí, nos complementa con su amor, concertando y enlazando esta cohesión que es imprescindible para crecer en el amor con el cual él nos conduce por su Eternidad. El amor, de hecho, implica una relación armoniosa con Dios, pero también, con nuestro hermano, por lo que la falta de práctica de esta virtud solo nos conduce a una falsa visión de lo que es el amor y nos hace vivir dentro de un amor fingido. Lo cierto, es que esta falla no se encuentra dentro del Creador, simplemente, el fingimiento del amor proviene de parte del hombre, por ello necesita disolver todo lo que no es luz, adhiriéndose a la Luz Verdadera. Este amor verdadero se fundamenta en todo lo que es bueno y nace de Dios, en cambio, el fingimiento del amor repercute en la desvalorización de Dios Padre y, por tanto, en el establecimiento de una forma de vida falsa que solamente genera consecuencias tristes y dolorosas. Un camino de una vida sin amor verdadero conlleva a la corrupción del alma, a la violencia y a la malicia y, en sí, confunde la libertad con el libertinaje. Entonces, gracias al amor del Que Todo Es, vivimos dentro de la libertad espiritual y verdadera, la cual, no daña a nadie, sino, por el contrario, ejemplifica el verdadero sentido de vivir amando y, al mismo tiempo, de regresar amando al punto de fusión eterna. Es necesario remarcar que esto sucede para todos los hombres por igual y, del mismo modo, no hay ser que se encuentre fuera de ello. Si alguno deja este mundo y busca ganarse la entrada a Los Cielos, que tome al Hijo con sus manos, lo abrace entre sus brazos y lo estreche contra su pecho, entonces, siendo así, podrá marchar gozoso dónde desea. No es que el Hijo sea el puente que los vincule a ustedes con el Padre, el solo hecho, es que el Hijo es el Padre. Por esto, quienes se dejan llevar por las enseñanzas del Espíritu Divino son, en realidad, los verdaderos hijos de Dios, siendo él quien quiere hacerte sentir digno al sacarte de tu prisión de pensamientos y oscuridades, de las debilidades de la carne y las atribulaciones de la mente, volviéndote más fuerte para que tu espíritu sea conducido al corazón del Señor. Si así lo sientes, desde ese momento, te encontrarás en su morada construida con piedras vivas de verdad, sin alguna tumba de sal que pudiera oprimir a tu alma o encerrarla. En él solo hay liberación, no hay cadenas ni grilletes que puedan alterar el retorno al Hogar de las Almas, dado que Dios te colocará en su camino de paz y amor. Entonces, ¿quién es el que se retira en paz de este mundo, sino el que comprende que Dios ha venido para reconciliar al mundo consigo y, dentro de él, a ti? Solo aquél que lleva a Dios Padre dentro de su alma y dentro de todo su corazón, por esto, el silencio de las almas sabias conduce al éxito del Plan Divino, donde no hay ostentación para quienes sirven a La Luz, tampoco hay necesidad de privilegios o castigos. Solo existe el amor y la justicia, a la vez, que asume con responsabilidad la causa y el efecto de los deseos intrínsecos que brotan del corazón de cada ser. Es esta verdad, la que anuncia que todos somos uno y que estamos vinculados a una gigantesca red de luz, adhiriéndonos a la Causa Primera. Esta red de luz es la red del amor, es una conexión de irradiación infinita que procede del Uno, sin embargo, algunos, por descuido o por falta de pericia en el amor, han perdido la conexión primigenia y el brillo de sus almas se ha eclipsado. En sí, y este es otro hecho, la red de conexiones puede reemplazar la parte dañada, pero esto no es lo que el Padre desea, contrariamente, busca que todos logren irradiar su luz a partir de Su Luz Eterna, siendo esta una obra de quién es amor, donde no habita otra explicación más que esta. Al fin y al cabo, el que es luz, tarde o temprano, eclosiona y se instaura en el alma de los amados como brillantes corpúsculos, por ello, la lejanía física no significa separación y la cercanía tampoco equivale a la unión. Los Ángeles explican que todo ser humano es una semilla de luz que debe sembrarse y multiplicarse espiritualmente, no obstante, muchas semillas en un solo huerto, resta fuerza a las demás semillas que están por nacer y, al final, la cosecha se ve disminuida paulatinamente. Deben entender, tal y cómo aseveraba el Maestro, que a nadie se lo separa del huerto, solo se lo planta en otro huerto, respetando el espacio, la luz y el agua que son necesarias. El otro huerto, de hecho, también pertenece al mismo dueño, por lo tanto, también son sus semillas y su cosecha. Los seres son semillas, pero creen que están separadas del Reino del Padre y del Padre también, pero esto no es más que un engaño, nadie los separará porque el Padre los tiene unidos a él para siempre. No obstante, cada uno deberá hacer brillar su alma y sembrar tanta luz como la que le fue heredada, así también, deberá compartirla con sus hermanos ayudándolos a recordar el Origen Divino, La Luz. Sí, hay muchos huertos y hay millones de semillas, pero es hora de comprender que todas poseen el mismo dueño y que todas, al final de sus senderos, lograrán transformarse en hermosos árboles. Hoy, varias semillas aguardan germinar, otras ya han germinado y otras ya han alcanzado el grado máximo de pureza sin escorias adyacentes.
Por todas estas cosas, todo el poder que se les ha conferido fue para que pudieran mostrar el amor divino que experimentan al sentirse hijos, por ello, cada etapa debe reiniciarse desde El Principio, lo cual no indica retroceso, sino el camino de la templanza hacia La Luz Verdadera. Si, hijos, esto no implica un retroceso, solo es dejar atrás lo que no les pertenece y quedarse únicamente con aquello otorgado por Los Cielos. Así que el perdón será el sinónimo del amor, para que se renueve el sentir y la Unidad sea perfecta, mas todo aquello que no nazca del amor y de la luz, deberá ser transmutado, disolviendo la incoherencia y el caos en el cual habitan. Pidan que La Luz se expanda, que cada uno de ustedes despierte y que, del mismo modo, ayude al despertar de otros siendo todos guiados hacia el amor y la verdad. Manténganse unidos por afecto y no por orgullo, disuelvan las ofensas del pasado, asumiendo el reto de no volverlas a cometer al saber que ya las han trascendido. Amen a la Madre Tierra, pidan volverse uno con ella, para que así retorne el equilibrio. De hecho, Los Cielos y la Tierra deben estar unidos en los corazones, aunque, como siempre, serán Los Cielos quienes gobiernen, mientras que la Madre colaborará con ellos. Laboren en la profundidad el amor entre los seres, sean sinceros al pedir perdón y, cuando lo hagan, que no habite nada fingido, sino un amoroso servicio a otro ser que también es amor. No abusen del poder que les fue conferido, manteniendo la pureza del alma para que así actúen con humildad. Consideren que el Padre habita en todos sus hijos, que en él no hay predilectos, todos le pertenecen por amor y a todos se les conceden los mismos dones para que puedan amar, perdonar y sentir. Respeten, pues, a todos los hijos con pasión, pues la divinidad de ellos es vuestra propia divinidad también. No sientan miedo de expandirse, de amar como el Uno lo hace, porque el Espíritu Divino se difunde por doquier. Spiritus ubi vul espirat.

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